Angélica Dass: «Yo no robo fotografías, si una persona no quiere no sale»
Acaba de inaugurar en la Casa Anchieta de La La Laguna la exposición Humanae, un proyecto fotográfico firmado por Angélica Dass (Río de Janeiro, 1979) que es una de las piezas claves en el calendario de actos planificados con motivo del aniversario de la declaración de Aguere como Ciudad Patrimonio Mundial por la UNESCO. «Los que vengan a visitarla podrán ver la belleza de la piel humana con todos sus colores», comenta la artista minutos antes de tomar un vuelo con destino a Madrid. «Yo hago las cosas para agitar conciencia», añade una creadora que cuenta con más de 50 mil seguidores en Instagram.

Angélica Dass / ED
¿Si le quitan la cámara, qué queda de Angélica Dass?
Queda la persona [ríe]. Una cámara es mi excusa o una oportunidad para poder conectar con otras personas; es una gran herramienta de comunicación que me permite estar enlazada con el mundo.
Ahí no hay muros idiomáticos; es un lenguaje universal, ¿no?
La imagen alcanza su máxima dimensión cuando hay problemas de comunicación. Su voz es alta y clara . Además, aquí lo que menos importa es la lengua en la que te expresas.
¿Usted es fotógrafa o artista?
Mi oficio es la fotografía... Sé que muchas personas me ven como una artista, pero mi vocación es la fotografía. Lo que hago mueve muchas conciencias y hace pensar, es decir, que hay un componente intencionado que se asocia al mundo de la creación... El arte tiene un factor educativo que sí me interesa explorar a través de las imágenes.
‘Humanae’ habla de lo más superficial de la condición humana...
...sí, de la primera capa. Mi objetivo es buscar la belleza de la piel humana en todos sus colores y reflexionar sobre eso. No me agrada hablar de falsas etiquetas como el blanco, negro, amarillo o cobrizo. Los que se den una vuelta por la exposición [Humanae se puede visitar en la Casa Anchieta de La Laguna hasta el 25 de enero] van a darse cuenta de que, a veces, la información más importante de esta muestra es la falta de información. Sé que resulta extraño, pero no lo es. Los retratos están tomados en 20 países y 39 ciudades de todo el planeta.
¿Cuál es la intención de esta propuesta?
No juzgar a la persona que aparece fotografiada. Los seres humanos solemos realizar juicios de valor sin conocer la historia que hay en torno al humano que tenemos enfrente.
He leído que este proyecto está condicionado por el tono de la piel de sus padres.
Porque Humanae empieza en mi familia. Si viene a ver la exposición se va a encontrar con dos fotos al inicio de la sala en las que aparecen mi padre y mi abuela; él es marrón intenso y ella rosa... Es mi historia pero, creo, que la podemos conectar con la historia de la humanidad: los esclavos, las mujeres y otros muchos seres humanos que enseñan el color de su piel a los visitantes. Está el caso del español que se fue a vivir a Brasil o el mío, la brasileña que se vino a España [sonríe].
¿Usted no habla de blancos o negros, habla de pieles distintas?
No es que no hable, es que prefiero construir mi discurso desde otro punto que nada tiene que ver con esos dos colores. Un niño o una niña, por ejemplo, hablan de una persona blanca o negra porque alguien les ha enseñado a usar esa terminología. Ellos por sí solo, sin ninguna intervención externa, son incapaces de establecer esa diferenciación.
¿Es una narrativa que se sumerge en la especie humana?
Puede ser [pausa]. Los seres humanos somos idénticos en un 99,9% y, por lo tanto, no es correcto pensar cuántas razas humanas existen. Ese es un concepto que no se puede aplicar a los humanos porque mucho que lo intenten algunas personas a través de unos discursos que persiguen otros fines.
¿Qué fines?
Fines que crean confrontación, división, odio...
¿A estas alturas de la vida, Angélica Dass ve la foto antes de tomarla o se deja llevar?
Yo pienso mucho antes de construir una imagen porque sé que en mi obra existe una gran responsabilidad. Una imagen no sólo se debe pensar en presente, sino cómo puede influenciar a las próximas generaciones. A mí me gusta mucho «jugar» [ja, ja, ja...] antes de generar una fotografía. Por eso me lo pienso tanto antes de disparar.
¿Algún «robado» habrá hecho en todo este tiempo?
Ya sólo por el hecho de decir que has «robado» una foto algo suena raro. Claro que hay fotos que deben adaptarse a un lenguaje concreto, como puede ser el periodístico, y en las que ese «robo» es algo habitual, pero en un trabajo como el que tengo en La Laguna no es posible [silencio]. Yo no robo fotografías, si una persona no quiere no sale. Este lenguaje debe ser natural, no hay que forzarlo.
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