Crónica
Antonio Orozco, una borrachera emocional en la noche de su vida en el Palau Sant Jordi
El cantante de L’Hospitalet combinó éxitos y la cosecha de ‘El tiempo no es oro’ en el primero de sus dos conciertos en la sala olímpica, dentro de su gira de 25.º aniversario.

Antonio Orozco, una borrachera emocional en la noche de su vida en el Palau Sant Jordi. / Ferran Nadeu
Jordi Bianciotto
Los ‘tours’ de aniversario pueden ser un recurso para reanimar carreras indecisas, pero el de Antonio Orozco llega en su momento más álgido en estos 25 años. El de este viernes en el Palau Sant Jordi (primero de sus dos pases con todo vendido, doblete inédito en su carrera) fue un Orozco con ración doble de poderío y el repertorio más dominador posible, suma de grandes éxitos y de las canciones (siete) de su fortalecedor último álbum, ‘El tiempo no es oro’.
Sus conciertos siempre han tenido algo de acto de vaciado anímico y entrega integral, como si se acabara el mundo, y la noche era propicia a elevar la apuesta más si cabe, que por algo respondía al enunciado de ‘La gira de mi vida’. Desde su arranque, Orozco fue aún más Orozco que nunca, tomando perspectiva de su carrera y de su vida (esas imágenes de su futuro rostro envejecido con IA) y estableciendo un sentido diálogo con el público, al que aplaudió en medio de una racha de hitos: de ‘Hoy’ a un ‘Que me queda’ vocalmente desatado, fundiéndose con el gancho de ‘Seven nation army’, de The White Stripes. Y un ‘Devuélveme la vida’ abrazado y entonado por el Sant Jordi.
Pero Orozco quiso celebrar el presente y, arropado con una banda imponente (cómplices como Pedro Javier Hermosilla), brilló en el núcleo central del repertorio, empezando por la arrolladora ‘Te estaba esperando’. El flamenco revoloteó en ‘Bebé’, en simbiosis con el arranque rock, y en el toque de cajón de ‘Lo inevitable’, mientras que ‘El problema fue la solución’ y ‘Despierta’ trajeron sustanciosos matices y enredaderas melódicas. Orozco es propicio a los estribillos largos, sufridos, pero hubo también diversión y danza en el ‘set’: los rescates más pop, de ‘Llegará’, con electrónica y tonada coreable, y el ya lejano ‘Te esperaré’, de 2001.
Y en el clímax, entre otras cartas del pasado (‘Mi héroe’, ‘Lo que tú quieras soy’), llegó el otro punto de anclaje actual, la escena más emotiva, con ‘Te juro que no hay un segundo que no piense en ti’. Canción dedicada a su hija Antonella, que interpretó medio en catalán (esa versión grabada en el disco de ‘La Marató’), con el lagrimal en crisis, reafirmando ese fondo de hombretón sentimental. Antes de despedirse, un anuncio: el fin de gira será el 22 de diciembre de 2026 en el que será el tercer Sant Jordi de esta próspera era de Antonio Orozco.
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