Más grande que la Casa del coño

Más grande que la Casa del coño / El Día
Si usted llega a la estación de guaguas de la capital grancanaria (o El Hoyo, como se llamaba anteriormente), coge un taxi y le dice al taxista que lo lleve al edificio José Antonio en la calle León y Castillo, seguramente el taxista no sabrá donde es, aun cuando le indique el número de gobierno del inmueble. Pero pruebe a decirle que lo lleve al edificio más grande de las Alcaravaneras y exclamará: «¡Ah, a la Casa (d)el coño!».
La Casa del coño se le llama en Las Palmas de Gran Canaria al histórico edificio José Antonio (que nadie conoce por este nombre) proyectado por el arquitecto Fermín Suárez Valido y construido entre los años 1955-1960 en el barrio de Las Alcaravaneras y que a la sazón fue el más alto de la capital grancanaria. La edificación de sus doce plantas que acogen 132 viviendas y la ocupación de toda una manzana provocó el asombro de vecinos y foráneos que, seguramente, al verlo, exclamaban impresionados: «¡Coño!» (¡qué grande!), expresando la incredulidad, la sorpresa o la admiración que provocaba su visión. Por lo que imaginamos que desde antes de su conclusión en 1960 fue bautizado como popularmente se sigue conociendo hodierno. Y de aquí nace este modismo en forma comparativa de superioridad de uso común: «Es más grande que la casa (d)el coño» que expresa a modo de hipérbole que alguien o algo es muy grande/alto, que de tiene una altura descomunal. Otro dicho popular similar construido también en base a un referente arquitectónico se da en Tenerife y que adopta igualmente la forma de comparativa de superioridad: «Es más alto que la torre de la Concepción»; inspirado en la torre de la iglesia de La Concepción de La Laguna, construcción del siglo XVII de 28 metros de altura.
Si bien en castellano el término «coño» se emplea para nombrar vulgarmente el órgano sexual femenino, la interjección «¡coño!», más que una palabra malsonante, se emplea comúnmente en Canarias a modo de muletilla a la que se echa mano para casi todo: para expresar estados de ánimo o impresiones, tales como extrañeza, asombro, lamento, objeción, queja, enfado o sorpresa. Y este es el sentido que origina la expresión comentada. Se aleja, pues, de cualquier otro uso que pueda resultar malsonante o vulgar perdiendo la condición de «objeto sexuado».
El fenómeno de las «casas del coño» no parece que sea original de la capital grancanaria. En el Puerto de la Cruz, en la calle Blanco, junto a la plaza del Charco, se localiza un edificio (la antigua residencia Isora) construido en los años 50 del pasado siglo que contaba con cinco plantas, lo que para la época y en aquel entorno urbano no pasaba inadvertido. Por lo que fue popularmente bautizado como la Casa del coño. Pero tampoco resulta exclusivo de las islas, en distintos dominios lingüísticos del español se localizan al menos una decena de casas del coño y todos ellos se refieren a edificios construidos durante el desarrollo urbanístico de los años 50/60 que destacaron en su momento por su gran altura. Por lo que parecen obedecer todas estas denominaciones a una misma etimología: a aquella exclamación que no podía contener el vulgo al contemplarlos: «¡Coño!».
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