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Mucho chau-chau

Mucho chau-chau

Mucho chau-chau / El Día

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Luis Rivero

Luis Rivero

Es la forma abreviada de la frase que en tono burlesco se emplea en el hablar isleño para recriminar a quien se jacta de hacer proyectos, promesas y de pregonar sus razones y a la hora de la verdad no realiza nada. «Sí, sí, mucho chau-chau, pero poco hace-hace [háse – háse]» suele ser la sólita respuesta por parte de aquellos que ya conocen al sujeto en cuestión. Sin embargo, cuando se está hablando de un tercero ausente en la conversación y con fama de cantamañanas (o «cachanchán»), se suele recurrir a la forma breve «mucho chau-chau...», dejando en suspenso la parte conclusiva de la frase que viene sobrentendida. [En contextos dialógicos como este: «¿Ah, ese?, ni caso, mucho chau-chau»; para decir que no hay que tomarlo en serio porque es uno que habla mucho y no hace nada].

El chaucháu o chau-chau, en el español de Canarias, es el nombre de un pájaro insectívoro del tamaño de un gorrión, plumaje del pecho y del vientre de colores claros, con las partes superiores azul y oscuro; mientras la hembra es de color pardo. Su hábitat natural son los bosques de laurisilva y fayal-brezal. El nombre chaucháu parece obedecer a una trascripción onomatopéyica de su canto. Por otra parte, chau es una interjección coloquial muy extendida en el español de América que deriva del saludo italiano chao [ciao]. Sin embargo, esta suerte de sonsonete, chau-chau, en la expresión comentada («mucho chau-chau») obedece a una onomatopeya que emula el ladrido de un perro. Lo que induce a la idea que nos traslada aquel otro dicho de ámbito universal, que en su versión castellana se expresa: «perro ladrador, poco mordedor» y en su variante isleña y en gran parte de América se dice: «perro que ladra, no muerde». Y ello para significar que quienes tratan de convencer con ostensibles gestos de enfado o amenazas, de sólito, no suelen resultar peligrosos porque todo queda en bravuconadas. Se dice de estos sujetos que «se les va la fuerza por la boca», expresión afín a la aquí comentada que da a entender que quien mucho habla poco o nada suele hacer. Máxima que es también aplicable al sujeto que blasona, pregonando sus proyectos e intenciones sin llegar a concluir nada. Como si literalmente se desinflara y perdiera la fuerza necesaria para realizar lo pretendido. Así, pues, parece establecerse una posición irreconciliable entre el «hablar» y el «hacer», donde el habla se parangona al ladrido del perro («chau chau»), «que ladra mucho» y hace poco («no muerde»). Esta misma relación antagónica entre el hablar y el hacer la encontramos en un proverbio castellano afín que dice: «hace más el lobo callando que el perro ladrando» que valora el silencio de quien sabe hacer las cosas sin ostentación ni palabrerío inútil, frente al comportamiento presuntuoso de quien alardea y al final nada hace. Con el decir «mucho chau-chau, pero poco hace-hace», en definitiva, se pone al descubierto la flagrante contradicción entre el hablar, simbolizado por el ladrido (chau-chau) y el buen hacer de quien, «al golpito» y en silencio («calladito a la boca»), se afana en hacer realidad sus propósitos... Y es que «del dicho al hecho hay un buen trecho».

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