Entrevista | Aarón Zapico Director de orquesta
El director de orquesta Aarón Zapico: «La música clásica puede ser salvaje y transgresora»
«Los músicos de la Orquesta Sinfónica de Tenerife son impresionantes, estamos logrando tocar sin red»

Aarón Zapico este martes en el Auditorio de Tenerife. / Andrés Gutiérrez

Zapico debuta este viernes día 13 de junio al frente de la Sinfónica de Tenerife con una de esas obras que hay que escuchar una vez en la vida: ‘Las siete últimas palabras de Cristo’, de Haydn.
Esta es una de esas obras esenciales de la música, ¿cierto?
Sí. Las palabras de Haydn es un monumento de la historia de la música clásica. Es una obra capital y da igual desde qué punto de vista la mires: rítmico, armónico, melódico o formal. Pero luego hay dos razones que son, para mí, fundamentales para poder acercarse a ella o querer acercarse a ella. Por un lado, fue un encargo de una cofradía de Cádiz en el siglo XVIII, con lo cual es una obra española y nos la podemos apropiar. Es increíble pensar en como, en el siglo XVIII, a alguien de Cádiz se le ocurre encargar una obra al mayor compositor que hay en ese momento en Europa. Y además, es que Haydn tuvo la curiosidad suficiente como para acercarse a ella. Yo quiero fantasear un poco con el hecho de que en el barroco español, esta cosa de las procesiones de la religiosidad en Andalucía le motivaron de alguna manera para aceptar el encargo. Y luego hay una razón que está por encima de todas: es una obra preciosa. Te enfrenta un poco a ti mismo, te hace reflexionar y te crea una cierta incomodidad. Hace que mires dentro de ti, seas o no religioso o creyente, y todo lo que la envuelve es una mirada a la vida desde las desde el abismo de la muerte.
Para el que no está acostumbrado, quizás es una pieza que infunde cierto respeto.
A ver, para el que no está acostumbrado a ir a salas de conciertos de este tipo a lo mejor impresiona un poco. ¿Se piensa que se va a encontrar con una obra densa y complicada? Perfecto, te compro el argumento. Ahora yo te digo, cuando vienes también te impresiona el edificio, por ejemplo. Estamos en un Auditorio impresionante. ¿Y qué pasa? Nada, lo disfrutas, te quedas maravillado e intentas apreciarlo. Haz lo mismo con la música. Esta música es apabullante, sí, pero estás ahí, la gente la está tocando, tienes tu entrada, tienes tu espacio y tu tiempo para poder hacerlo. No nos debe hacer temer la majestuosidad de la obra para no disfrutarla, sería un poco absurdo.
En este caso, además, la historia está traída al presente gracias a los textos de la dramaturga María Folguera y a un narrador, el actor Álvaro de Juan.
Digamos que sí, que eso redunda en la comprensión pero con ello no hemos pretendido hacer una labor didáctica ni facilitar el tránsito. No. Lo que hemos querido es magnificar o potenciar el mensaje. Utilizamos las palabras y el silencio como parte, digamos, de todo este espectáculo. Las palabras que recogen los Evangelios son, de por sí, muy transparentes. Hemos querido dotarlas con algo de contemporaneidad a gracias a María Folguera. Ha hecho un texto sobre las palabras muy incisivo, muy moderno, y en ciertas partes, incluso incómodo. Nos podemos reconocer un poco ahí y luego hay un actor que va declamando ese texto. De tal manera que la música adquiere como una dimensión aún mayor y la podemos disfrutar mejor. Es como cuando vamos a un restaurante y sale el chef a explicarte cada plato, así se experimentan unos sabores que si no te los detallan no acabas de identificarlos.
Los matices...
Los matices, exacto.
Y el programa de este viernes se acompaña de una pieza contemporánea, Sheba, que tiene relación con la de Haydn.
Exacto, digamos que por sí mismo y solo con Haydn ya sería un concierto significativo. Es una obra monumental. Pero le hemos añadido aún más y vamos a intentar romper el molde. Hemos añadido esta obra de Sánchez-Verdú, que es un comentario a cada uno de los movimientos de Haydn, un comentario en clave contemporánea y en cierta manera hasta divertido. Tiene una sonoridad muy moderna, un poco rompedora y lo hace de una manera muy estimulante para el oyente, que se va a sentar y no va a saber dónde le vienen esos estímulos.
¿Este es su primer concierto con la Sinfónica de Tenerife?
Sí, es mi debut con la orquesta.

Aarón Zapico durante la entrevista. / Andrés Gutiérrez
¿Y cómo ha ido la experiencia?
Muy bien. Desde que era apenas un niño, siempre he estado escuchando cosas de la Orquesta Sinfónica de Tenerife y de su trayectoria. Creo que, desde hace unos años, está haciendo una intensa labor para dar esta imagen moderna. Esta orquesta tiene muchas cosas muy atractivas, incluso por el hecho de estar en una isla. Y luego tengo que decir que los músicos son impresionantes, están abiertos a los estímulos y estamos logrando, entre todos, tocar sin red de seguridad y de la manera más honesta para darlo todo sobre el escenario.
He leído que no le gustan las etiquetas. Y yo que le iba a preguntar qué es exactamente la música historicista...
(Risas) Bueno, es que eso son términos de marketing. Es como la ropa de verano y la ropa de invierno. No nos contaminemos de lo que el negocio necesita. Como oyentes, la música es única y es infinita. A mí me interesa, me emociona y busco cualquier tipo de música. Ponerle etiquetas de música barroca, música clásica o música histórica es simplemente para facilitar una venta. No es algo real o tangible que necesitemos los oyentes. El miércoles toco música del siglo XVII en Italia y el viernes dirijo música del siglo XVIII en España. Claro que es diferente, radicalmente diferente en su forma y en su contenido, en todo, pero al final la esencia es la misma.
¿Esas etiquetas han alejado a los espectadores?
Sí, ¿cuánta gente joven no viene al Auditorio porque ve la música clásica como si fuera una Catedral en la que entras y huele a incienso? La música clásica puede ser más salvaje, más transgresora y más políticamente incorrecta que cualquier música que tengamos hoy en día.
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