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Entrevista | Sandra Aza Abogada y escritora / Autora de 'Estirpe de sangre'

"Fui devorada por la trama de 'Libelo de sangre' y tenía que volver"

La autora madrileña vuelve a retratar los contraste de la sociedad madrileña del siglo XVII en su nueva aventura literaria

Sandra Aza (MAdrid, 1972).

Sandra Aza (MAdrid, 1972). / Javier Ocaña

Jorge Dávila

Santa Cruz de Tenerife

Algunos personajes han sobrevivido a los capítulos de su anterior novela para intentar completar su venganza en Estirpe de sangre (Planeta), obra con la que Sandra Aza (Madrid, 1972) cierra el círculo de unas tramas conspiratorias ubicadas en la capital de España del siglo XVII.

Esto se parece cada vez más a una gran deuda de sangre.

Esa deuda de la que habla existe (ja, ja, ja)... La bilogía acaba [Libelo de sangre & Estirpe de sangre], pero no le puedo adelantar aún si lo va a hacer bien o mal.

"Ha sido un proceso de inmersión de tanto calado que al final me he vuelto un poco loca"

 ¿Descartamos, entonces, una tercera entrega?

Sí, sí, sí... Esto es una bilogía, no una trilogía [ríe], aunque le voy a confesar que he estado tentada varias veces de tomar otro camino que apareció cuando todo ya estaba en la recta final. En realidad, esa posibilidad no me la llegué a plantear porque estaría abusando de los libelianos... Este viaje, que ha sido apasionante, tenía que acabar aquí. Ha sido un proceso de inmersión de tanto calado que al final me he vuelto un poco loca.

¿Pero cuando acabó ‘Libelo de sangre’ sabía que habría una segunda parte?

Mientras la escribía mi única intención era cerrarla, no alargar ese proceso en una bilogía o trilogía. Lo que pasó es que al final la historia cobró vida propia y me rendí. Fui devorada por la trama de Libelo de sangre y tenía que volver. Ella cogió el timón y yo me dejé llevar... A mitad del camino me di cuenta de que no iba a finalizar sin escribir otras mil páginas, es decir, que era necesario retornar con Estirpe de sangre porque no hay libros de dos mil páginas. Ahí fue cuando empecé a asumir la realidad [ríe].

"Hoy en día nos parece sorpresivo que a alguien se le pudiera matar por no creer en Dios, pero eso era el Pan Nuestro de Cada Día"

Este Madrid continúa siendo el Madrid clasista, oscuro y vengativo del sigloXVII, ¿no?

Confieso que yo soy una fanática del sigloXVII... Es una sociedad con grandes brillos y, a su vez, grandes sombras. La Sandra Aza lectora se come este tipo de historias. No se puede echar de menos lo que no se conoce y, por lo tanto, en aquel Madrid faltaban muchas cosas... No había grifos que girabas para que saliera el agua caliente o interruptores que pulsabas y se encendían las luces. Tampoco ha cambiado la idea de que a los indigentes la vida les resultaba dura y, en cambio, los aristócratas tenían las cosas un poquito más sencillas. Esas diferencias siguen en esta sociedad.

¿Y para complicarlo todo un poquito más, la mano de la Iglesia se dejaba sentir?

La certeza de que era uno de los pilares de la sociedad no sólo existía en España, sino en toda Europa. En los estratos más altos estaban la monarquía y la Iglesia, no había nada más. Hoy en día nos parece sorpresivo que a alguien se le pudiera matar por no creer en Dios, pero eso era el Pan Nuestro de Cada Día. Monarquía e Iglesia eran las instituciones que controlaban a la sociedad; nada pasaba sin que éstas dieran su consentimiento... Había que resistir en unos tiempos duros.

La historia en sí es una especie de manual de resistencia.

El ser humano tiene un espíritu de resistencia que nunca claudica, siempre hay que buscar el trozo de pan que no tienes. Sobre todo, en los ciclos vitales en los que abunda el hambre. La limpieza de sangre es una cuestión de honor, entre otras cosas, porque desenmarañar un crimen era algo complicado y lo habitual era culpar al primero que pasaba por allí. Si encima el acusado era pobre y no tenía posibilidades de pagar a un abogado, lo normal es que terminara encerrado o muerto. Aquella vida era tan cruel que la mayoría de la gente tenía que creer en una vida mejor, que era la que se encargaban de promocionar los religiosos. Se vivía en una especie de valle de lágrimas, pero si te portabas bien aquí ya te ganabas un lugar en el cielo: subsistir bajo esa gran amenaza no es nada sencillo.

¿Si no creías tú, ya se encargarían otros de que lo hicieras?

En esa época había que creer sí o sí en un dios, es decir, que el agnosticismo casi no existía. Otra cosa es que no creyeras en el dios correcto porque si eso ocurría entonces sí que estabas perdido. 

¿En ‘Estirpe de sangre’ el grado de conspiración es tan elevado como en la novela anterior?

Esos movimientos oscuros van a existir en todas las historias en las que haya sangre de por medio. Hay intrigas y conspiraciones, pero no le puedo hablar demasiado de ellas para no destripar la novela.

¿Y luchas familiares?

En Libelo de sangre hay mucho sentimiento de familia, un arraigo muy profundo por defender el origen de los tuyos. El sentido del honor es fundamental y se cuidan las apariencias para que los demás no hablen mal de ti. Uno de los castigos que imponía la Inquisición era llevar el sambenito: lucir esta capa te identificaba como un convicto. En este sentido, muchos preferían morir en el fuego a tener que pasar por esta humillación social.

¿Sigue «paseando» a los lectores por los bajos fondos de la sociedad?

Sí, pero en Libelo de sangre existe un regodeo por retratar esas capas sociales que en el caso de Estirpe de sangre se alterna con secuencias de mayor poderío... Los padres de Alonso Castro, víctimas de una conspiración urdida contra ellos, han sido quemados en la hoguera acusados injustamente de herejía. El joven sobrevive como puede sin perder de vista su compromiso por restituir el honor de su familia. Para ello, decide estudiar leyes... Su sed de venganza es plena.

Si tuviera que establecer una línea divisoria entre la primera y la segunda, ¿dónde la situaría?

Las dos novelas tienen un claro perfil histórico, que es algo que me llama mucho la atención en el plano lector y, a la vez, en mi faceta de escritora. Libelo de sangre es una obra que se aproxima mucho más a la novela negra, mientras que Estirpe de sangre es una obra de aventuras. Lo que las une es la historia, pero ambas se complementan porque son géneros distintos.

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