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Entrevista | Ana Guerra Compositora y Cantante

Ana Guerra: «Quiero canciones para la historia, no un éxito para un fin de semana»

Ana Guerra (La Laguna, 1994). | |

Ana Guerra (La Laguna, 1994). | | / ARTURO JIMÉNEZ

Tiene claro que quiere ser fiel a sus emociones, componer lo que siente y pelear para que sus canciones no sean flor de un día. Ana Guerra (La Laguna, 1994) acaba de pasar por la Isla en plena promoción de ‘Sin final’, una colección musical donde refuerza su apuesta personal por los ritmos ochenteros.

Regresar a casa para colaborar con Isabel Pantoja es como aquello de ‘los pájaros contra las escopetas’, ¿no?

Ja, ja, ja... Yo me lo pasé genial. Cuando me propusieron esta colaboración lo primero que hice fue preguntar, ¿seguro que soy yo? A mí me da un poco de miedo cantar con un artista que no conozco, sobre todo, porque al público no se le puede mentir y cuando no hay feeling se nota. El poquito rato que pasé con Isabel me demostró que es generosa y que hace que las cosas sean muy fáciles. Antes de salir me dijo: «éste es tu escenario y haz lo que te dé la gana».

¿Volver a casa, aunque sea por unas horas, es una buena opción para recargar las pilas?

Yo me marcho de Tenerife como si hubiera llevado una semana de vacaciones, pero eso es algo habitual porque aquí se vive muy bien.

¿Pasar más tiempo en las Islas es una misión imposible?

Más que una misión imposible, es un problema logístico. Si yo pudiera hacer lo que hago sin salir de Canarias lo haría, pero hay que trabajar y todo esto se mueve alrededor de Madrid. Es como el mundo de la televisión, antes sólo estaba La 1 y todos veían ese canal. Ahora son los oyentes los que eligen lo que quieren escuchar en las plataformas digitales. Que me sigan eligiendo siete años después, a pesar de los palos iniciales, indica que no estaba en el camino equivocada y que mi gran sueño era posible.

¿Qué porcentaje de culpa tiene en ese camino consolidado el hecho de atreverse a probar sonidos y ritmos nuevos sin miedo a equivocarse?

La música tiene una parte de experimentación en la que es importante esa etapa de ensayo - error; es un arte en el que tienes que aprender a conocer y a probarte. Antes de sacar al mercado La Luz del martes [su segundo álbum / 2021] yo estaba buscando mi sonido. Ese trabajo es el resultado de un confinamiento en el que pude parar, pude escribir letras, pude montar las canciones que yo quería cantar. Esa etapa fue muy bonita.

¿Hasta qué punto le vino bien ese parón?

He aprendido a contar mi vida a través de las canciones y eso es algo que genera una catarsis emocional enorme, una coherencia que me ha alejado un poquito de los ritmos latinos y urbanos en favor de un sonido más ochentero. Soy la misma Ana Guerra de siempre, pero en un momento vital distinto. Cuando se paró el mundo por los efectos de la crisis sanitaria los sentimientos estaban a flor de piel y eso es algo que se notó en aquellas canciones. Éstas tienen un mensaje más positivo y no se concentran tanto en el desamor. Componer desde la alegría no es nada fácil, pero cuando te sale la felicidad es doble: tienes un disco nuevo –la lagunera está estrenando Sin final– y, encima, estás satisfechas por cómo te va en la vida. Soy feliz, ¿qué más puedo pedir?

Otros siete años, al menos, de aventuras musicales, ¿no?

Eso seguro, porque una vez conseguí mi esencia ya tengo las fuerzas para ir a por un rap o un tema en clave flamenca [sonríe]... Construir historias desde un punto reconocible me hace más fuerte como artistas y, a la vez, como persona. En este oficio es bastante fácil confundir estar cómoda, que es algo que he experimentado con varios géneros musicales, con descubrir tu verdadera esencia. Quiero canciones para la historia, no un éxito para un fin de semana. Formar parte de la banda sonora de una persona es una experiencia alucinante.

¿Atreverse con un catálogo de canciones en un momento en el que la industria pide otra cosa es algo quimérico?

Es nadar a contracorriente, pero no sólo en la industria musical. Nos hemos acostumbrado a hacer pas y tenerlo todo en un abrir y cerrar de ojos. Oír una canción que sabes que nunca va a morir es como elegir un buen perfume. Pasan los años, pero su fragancia permanece. Lo otro, lo efímero, te da unas alegrías pasajeras que acaban desapareciendo en el tiempo. A mí me gusta la música que es capaz de adquirir unas tonalidades clásicas imposibles de borrar, que se queda a tu lado para siempre... No quiero estar aquí sólo para ganar dinero, sino para disfrutar con unas emociones que llevan dentro de mí toda la vida. Es verdad que ahora las puedo expresar desde una atalaya más visible, pero mi relación con la música empezó hace muchos años.

El público es como las mareas que vienen y van...

...sí, pero siempre hay una línea que marca tu posición. Yo tengo un público que siempre ha estado a mi lado aunque le cante una jota y otro que viene y va. Que quieran volver significa que has hecho algo que ha despertado su curiosidad. Cuando estás perdida en un pueblo de España y te sientes sola miras a la primera fila y encuentras alguna cara conocida. Esa fidelidad es algo que te ganas con el paso del tiempo.

¿Las redes sociales, para bien o para mal, son unas herramientas fundamentales si quieres hacer carrera?

Soy consciente de lo mucho que significa para un fans tener un ese vínculo con su artista favorito, entre otras cosas, porque yo he estado en el otro lado. Hace unos días, por ejemplo, un chico que estaba en un concierto de Lliria (Valencia) me dijo que «tenía la capacidad para curar una depresión». Escuchar algo tan duro duele porque me puedo hacer una idea de lo mal que lo está pasando, pero al mismo tiempo genera una sensación de felicidad. De alguna manera, aunque no te des cuenta, estás poniendo algo de lo que sabes hacer para que se recupere... La música sirve para que pasen cosas bonitas en la vida.

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