La renovación constante del Camino de Santiago

Sobre la rehabilitación de la ermita de San Juan de Ruesta en una ruta jacobea que de camino religioso pasó a itinerario cultural europeo

La ermita de San Juan de Ruesta, situada al noroeste de Huesca, rehabilitada por el estudio Sebastián Arquitectos.

La ermita de San Juan de Ruesta, situada al noroeste de Huesca, rehabilitada por el estudio Sebastián Arquitectos. / ED

Siempre me he sentido atraída por ese halo de sueños, misterio y magia que durante siglos ha rodeado al Camino de Santiago. Doy por hecho que no soy la única, pues el Camino sigue hoy despertando el interés no solo en creyentes de la Iglesia católica sino también en cualquier persona interesada en la sobriedad de la naturaleza, en los paisajes de Cantabria, en la arquitectura medieval... Buscado y recorrido año tras año por personas agnósticas, o incluso ateas, que buscan algo más que pasear por la naturaleza y que encuentran en el camino mil esquinas que invitan al recogimiento.

En ese imaginario colectivo del Camino de Santiago que todos tenemos en la cabeza está siempre el verde de la cornisa cantábrica, las diversas ramas que provienen de mil caminos europeos que parten desde Roma, desde Suiza, desde Francia o desde Portugal y muchos puntos más. Y tras el verde, en nuestra imaginación, aparece la arquitectura, fundamentalmente la originaria del camino, la arquitectura medieval, con sus ermitas románicas y albergues de acogida, reflejando en conjunto una la historia de la cristiandad y también de Europa, historia descrita en mil relatos, crónicas, leyendas, cuentos y diarios.

Mucho más humana y sutil, en apariencia, que la visita a la Meca —con todos mis perdones—, con esa ligereza que los peregrinos encuentran al final del camino, cuando se acerca Santiago de Compostela, y la fragilidad de sus pies cansados se vuelve en antifragilidad y fortaleza hasta llegar a la plaza y convertirse en emoción pura y sincera, cada uno a su manera.

La ermita de San Juan de Ruesta, situada al noroeste de Huesca, rehabilitada por el estudio Sebastián Arquitectos.

La ermita de San Juan de Ruesta, situada al noroeste de Huesca, rehabilitada por el estudio Sebastián Arquitectos. / ED

Por esa capacidad de transformación, Europa y la Unesco decidieron un día declarar al Camino como el primer itinerario cultural europeo 1987, que posteriormente, en 1993, fue inscrito en la lista de Bienes Patrimonio Mundial.

Al convertirse en Patrimonio de la Humanidad dejó de ser solo una cuestión cristiana para ser una cuestión de todos, una parte de nuestra historia que había que conservar. Y desde aquel entonces se viene rehabilitando la arquitectura del camino y hoy nos paramos en la premiada y acertada restauración de la ermita de San Juan de Ruesta, en una zona arbolada situada al noroeste de Huesca.

La fundación de esta ermita está datada en el siglo XII, como singular pieza del Camino de Santiago aragonés. Consta de un ábside y presbiterio de estilo románico y es famosa por haber albergado un hermoso conjunto de pinturas murales románicas del siglo XII que hoy se pueden visitar en el Museo Diocesano de Jaca. Se sitúa dentro de una serie de actuaciones en el Camino de Santiago francés a su paso por Aragón. La rehabilitación es obra del estudio Sebastián Arquitectos.

Entre robles y encinas, el nuevo volumen de la ermita se posa sobre el anterior con una composición de líneas horizontales que da continuidad a la trama original. Por fuera, piedras reutilizadas de la antigua ermita forman una trama ordenada que invita al peregrino a entrar dentro de la capilla.

Es una rehabilitación respetuosa y llena de cuidado y afecto, un proyecto ejemplar de recuperación del recinto como espacio de descanso para los peregrinos del Camino. El edificio vivió inmerso en un proceso de ruina y destrucción por la delimitación de todo el entorno como área inundable tras la creación del pantano de Yesa. Ni la democracia logró impedir que el edificio colapsase en ruina en febrero de 2001.

Los arquitectos nos cuentan: «El paso del tiempo y las modificaciones que realizamos sobre ellas pueden alterar o incluso hacer que se pierdan dichas claves formativas, y corresponde a la restauración el cometido de arrojar la luz necesaria sobre esta memoria para hacer que la arquitectura vuelva a ser».

«La intención ha sido recuperar este fornido volumen contra el arbolado que lo rodea, descubierto entre los troncos de los robles y las encinas, y que dará un espacio en sombra al peregrino en el que hacer un alto en el Camino. La reintegración se ha realizado desde los principios de una restauración crítica, siguiendo la trama del aparejo de mampuestos y mechinales original, establece un lenguaje reconocible a la nueva intervención. En el exterior hoy se extiende un memorial sobre la campa que rodea la ermita, donde insolentes piedras procedentes del vil derribo se despliegan como una hermosa trama ordenadora que acompaña al peregrino trayendo el recuerdo y la voluntad artística que un día tuvieron».

dulce xerach pérez. abogada y doctora en arquitectura. investigadora de la universidad europea

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