Entrevista | Máximo Huerta Periodista y escritor / Autor de 'París despertaba tarde'

"La librería de Doña Leo es un homenaje a toda las personas que aman los libros"

El autor valenciano estará el próximo viernes en el Centro Cultural de Ravelo (El Sauzal) para desvelar las claves de su última aventura literaria

Máximo Huerta (Valencia, 1971).

Máximo Huerta (Valencia, 1971). / Javier Ocaña

Jorge Dávila

El próximo viernes estará en el Centro Cultural de Ravelo (El Sauzal) para hablar de su último libro, una trama en la que Máximo Huerta (Valencia, 1971) vuelve a caminar por unas calles que conoce bien. «Soy afrancesado y amenazo con regresar a París con otras novelas», revela un autor que insiste en contar una historia de amor en una ciudad que atrapa su curiosidad mientras organiza los Juegos Olímpicos de 1924.

Hacerse con una entrada para verlo el próximo viernes en El Sauzal ya es una misión imposible.

¿Tan bien ha ido?

Desde el pasado jueves hay lista de reserva, como en los conciertos de Taylor Swift.

¡Vaya! La última vez que estuve en El Sauzal también se dio bien... Hubo gente que se quedó fuera y tuve que salir a firmar libros en los exteriores del auditorio. ¡Fue una maravilla!

"Alice es un personaje mío, me agradaba regresar a casa, la conozco y, además, tenía muchas ganas de volver a darle vida"

¿Se le da bien Canarias?

Es una tierra en la que me siento bastante cómodo, un lugar al que he ido mucho y seguiré yendo. 

Vuelve con una novela que desprende un poderoso aroma a ‘Una tienda en París’.

Ésta novela conecta con Una tienda en París, hace ya doce años. París es una obsesión para mí y he vuelto para escribir una historia ambientada en los años 20 y con los Juegos Olímpicos como telón de fondo. París despertaba tarde (Planeta) es una trama de amor centrada en esos años locos que a mí tanto me fascinan. 

"Lo de ser parisino es una actitud, es decir, no hace falta nacer en París para sentirse parisino"

¿Por qué ha rescatado a Alice?

Porque Alice es un personaje mío, me agradaba regresar a casa, la conozco y, además, tenía muchas ganas de volver a darle vida.

¿Da la impresión de que aquella mujer era más dubitativa y timorata?

Los años pasan, ha perdido el amor y la vida le ha dado unos cuantos reveses. Es una Alice más cambiada por el desamor, la vida, la muerte... Es una mujer madura.

"Los lectores buscan emociones y la inteligencia artificial tiene muchos elementos de plástico"

Y, además, encuentra en Kiki de Montparnasse a su complemento ideal, ¿no?

Es un personaje real de los años 20 que tiene un carácter arrollador: una mujer jugosa que intenta tomarse la vida menos en serio aprovechando el día y la noche...

¿Al margen del salto cronológico, dónde marca el autor la línea divisoria entre ‘Una tienda en París’ y ‘París despertaba tarde’?

No lo sé [pausa]. A veces escribimos por emociones, por temperaturas, por sensaciones... No puedo ser preciso a la hora de marca dónde acaba Una tienda en París y dónde arranca París despertaba tarde porque son libros complementarios, pero diferentes.

¿En lugar de «París bien vale una misa», la ciudad de la luz es para usted una excusa para retornar a un espacio que domina?

He vuelto a París porque me gusta y, sobre todo, como homenaje a un siglo de historia: de 1924 a 2024. Construir esa especie de puente cronológico en mi imaginación me resultaba atractivo, pero tengo claro que a través de mis libros seguiré visitando París.

¿Igual en su interior hay un parisino?

Lo de ser parisino es una actitud, es decir, no hace falta nacer en París para sentirse parisino. De hecho, el éxito de los años 20 es que todo aquel que llegaba a esa ciudad se sentía parisino. Americanos, españoles, italianos, polacos creían estar en casa. Soy muy consciente que mi cultura afrancesada tiene un peso importante en mi literatura.

¿Le ha costado recomponer el alma de Alice?

Sí me ha costado porque le tengo mucho cariño a este personaje y ésta es una novela que nace a partir del dolor. Cuando una persona tiene claro que todo lo que va a venir a partir de ahora es distinto es cuando puedes empezar a saturar las heridas. Es una historia en la que los lectores van a encontrar a una Alice rota por el amor y a una ciudad totalmente devastada por la guerra.

¿Los temas que toca en esta trama parece que son de carne y hueso?

He escrito de la vida, de la amistad, del desamor, de la muerte, es decir, de los grandes temas que marcan nuestra existencia. A mí me interesa meter ese tipo de claves en mis libros.

Por haber, en esta ocasión, hay hasta un deportista olímpico...

...crear toda esa atmósfera deportiva de 1924 me resultaba muy sugerente. Alexander Belov [un atractivo nadador que compite en los Juegos Olímpicos de París] es un aliciente en la vida de Alice, un joven que será una gran ayuda para reconciliarse con ella misma y volver a sentirse amada.

En algunos capítulos pisa de lleno la realidad con apariciones de personajes o referencias a Coco Chanel, Claude Monet, André Citroën, Johnny Weissmuller o Ernest Hemingway.

El objetivo que me fijé en esta novela fue ser fiel y respetuoso a la época que quería contar. Tirar de personajes reales tan deslumbrantes e ingeniosos, además de dar una mayor verosimilitud a la historia, se convirtió en una magnífica oportunidad que no quería dejar escapar.

¿En qué punto está su carrera como escritor?

Quiero escribir más historias, disfrutar todo el proceso creativo y que las ideas sigan fluyendo... Yo vivo la escritura a partir de la certeza de que la próxima novela será mejor que la que ahora estoy promocionando. Esa capacidad de superación es infinita... Yo todavía tengo mi corazón en París despertaba tarde y empadronado en sus páginas porque, creo, que he logrado dar forma a una escenografía en la que me quedaría a vivir para siempre. La trama va por delante del espacio en el que crece una historia, pero si logras trasladar al lector el amor que sientes por el lugar en el que se mueve los personajes tienes mucho terreno ganado.

"Que los libros nos lleven de viaje a la Roma imperial es un placer al que nadie debería renunciar"

Hablando de terreno ganado, ¿le preocupa todo lo que se está diciendo y escribiendo de la incidencia que puede tener la inteligencia artificial en el sector literario?

No [responde sin dar margen a la duda]... Los lectores buscan emociones y la inteligencia artificial tiene muchos elementos de plástico. La IA nunca ganará la batalla a la literatura. Los sentimientos son de carne y hueso. No me interesa mucho todo este asunto de la inteligencia artificial porque me transmite lo mismo que un muñeco de goma: ahí no hay vida.

Da la sensación de que la literatura debe estar pasando un examen cada día. Primero se habló del tránsito del papel al mundo digital, más tarde de los audiolibros y ahora de las nuevas tecnologías...

...no sólo la literatura. La vida es un examen continuo que nos obliga a adaptarnos a la nueva modernidad. Cada día tenemos que adaptarnos a un trabajo nuevo, a una novela, a una obra de teatro... La literatura no puede huir de esas rutinas.

¿Rutinas, las literarias al menos, que cambiaron durante los días de reclusión en casa por la pandemia?

Porque esos estímulos los teníanos en casa; estaban en las estanterías con El gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald) o Los mares del sur (Vázquez Montalbán). Que los libros nos lleven de viaje a la Roma imperial es un placer al que nadie debería renunciar.

¿Ahí le salió su venita de librero?

Ja, ja, ja... La librería de Doña Leo es un homenaje a todas las personas que aman los libros. Creo que proyectos como este sirven para contagiar el amor por la lectura y eso es algo que alegra mi vida. Lo que un escritor quiere es sumar lectores y que otras personas hablen de sus libros, yo lo hago con las novelas que leo.