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Entrevista | Coti Compositor y cantante

"Nunca he sido cómplice de la corrupción de las compañías discográficas"

El compositor y cantante argentino asegura que no tiene números en rojo que le obliguen a ser un "esclavo" de ninguna compañía de discos

Coti

Coti / E.D.

Jorge Dávila

Santa Cruz de Tenerife

Anoche puso su experiencia al servicio de una acción solidaria para favorecer el renacer de los montes de la Isla tras los incendios del pasado verano. Coti (Rosario - Argentina, 1973) exhibió la sabiduría para sobrevivir durante casi tres décadas en una industria que tiene el instinto de un «caníbal».

Tenerife vuelve a aparecer en su hoja de ruta.

En realidad nunca me fui del todo... Ésta era una ocasión inmejorable para generar conciencia y hacer ruido; poner mi granito de arena para defender el ecosistema no me supone un esfuerzo.

Sobrevivir ya es una victoria, ¿no?

Los tiempos cambian y no queda otra que adaptarse. Me siento orgulloso por haber sido coherente con lo que siempre hice. Nunca he sido cómplice de la corrupción de las compañías discográficas... Las modas suben y bajan, pero si te quedas en un costado y consigues atravesar con vida esos momentos siempre viene otra oportunidad para regresar... Si eres fiel con lo que haces y con el público la recompensa llega.

Usted siempre fue muy crítico con las discográficas.

Sí, porque no le debo nada a casi nadie [silencio]. Bueno sí, le debo afecto y paciencia a las personas que estuvieron a mi lado para darme su atención y cariño en este gran viaje. Cuando llega la noche me meto tranquilo en la cama y por la mañana me despierto igual de sereno, es decir, que no tengo números de color rojo que me obliguen a ser un esclavo de ninguna compañía de discos. Eso es lo que me permite dormir a pierna suelta...

¿Desde fuera no da la sensación de que Coti haga una distinción entre actuar en un escenario «pequeñito» de La Laguna o delante de miles de espectadores como en esta ocasión?

Con el paso de los años aprendí a disfrutar los grandes escenarios con la misma intimidad que experimenté en los más pequeños... Me siento un afortunado por haber conseguido momentos mágicos en los dos extremos.

Andrés Calamaro dice que usted es el Dylan latino.

Esas cosas son muy de Andrés [ríe]... Que lo diga no deja de ser un halago porque tanto Dylan como Calamaro son dos magníficas referencias para mí.

'Color esperanza' es una canción que me la han intentado robar o usurpar desde distintos lugares"

¿Exagera?

Un poco sí [sonríe], pero no deja de ser hermoso que tenga palabras de elogio hacia mi carrera.

Eso es lo que tiene se un «veterano del Vietnam» en la escena musical internacional.

Tampoco es para tanto, pero no voy a negar que he conocido a un montón de compañeros de profesión que se quedaron en el camino... La industria musical es como un caníbal que acaba devorando a los más débiles; también a los que no encuentran su espacio entre las modas. En cierta manera sí que me siento un combatiente, nunca un excombatiente, de la causa, de la música, de la poesía... Me enfada el hecho de que le cierren las puertas a jóvenes que luchan contra un gigante que lo arrasa casi todo.

Usted se ha acostumbrado a «regalar» buenas canciones a los demás.

Las canciones son de sus autores hasta la muerte y luego serán de sus hijos: uno nunca deja de ser el dueño de esas palabras y melodías porque no existe tal desprendimiento... Que otros/as las canten por mí me genera felicidad. Lennon, Prince, McCartney, Dylan hicieron (o siguen escribiendo ) para otros y nada cambió. Nunca he querido prostituir mi música, mi lírica, mi manera de expresarme... Nunca trafiqué con eso. Y eso que varias veces me pusieron un cheque para que cediera. Yo siempre estuve dispuesto a pagar ese precio. No iba en la línea que decidí seguir y ese tipo de cosas la industria te lo hace pagar muy caro.

Vivimos un ciclo en lo que se premia lo instantáneo, es decir, el usar y tirar"

¿A cambio prefirió ceder letras como Color esperanza en favor de la lucha contra el cáncer?

Esa canción me la han intentado robar o usurpar desde distintos lugares. Me ofrecieron un dineral por ella, pero ni siquiera me atreví a abrir el sobre para ver qué cantidad pusieron por ella. Color esperanza no se vende. Tiene un poder especial, algo que pasa o no cuando escribes una letra, sobre la gente que quiere escuchar este mensaje. Está conmigo desde hace 23 o 24 años y nunca me quise desprender de ella: corromper esa relación hubiera roto todo su encanto.

¿Le sigue ilusionando lo que hace desde hace casi tres décadas?

Sí, pero también desilusionando tanto como el primer día. Cuando vas acumulando años conoces distintas caras del éxito. Al principio buscas estar de moda, ser famoso y que te reconozcan cuando vas por la calle... Pero cuando llevas un tiempo en esto lo que más deseas es estar. La industria alza y destroza a miles de artistas de forma indiscriminada. Es uno de esos colosos que se lleva todo por delante. Conozco muchos casos de jóvenes con talento que tenían un montón de cosas que dar y no llegaron a ningún lugar porque las modas no los tuvieron en cuenta.

¿En Canarias hay un dicho que habla de los raspones que hay que hacerse en el culo, con perdón, hasta lograr el éxito?

Y en Argentina también [ja, ja, ja]... Eso ni se puede comprar ni se aprende en la universidad. Vivimos un ciclo en lo que se premia lo instantáneo, es decir, el usar y tirar. No hay tarjeta de crédito o likes [en redes sociales] en el mundo para comprar la experiencia de crecer aprendiendo.

Nunca trafiqué con mi música"

¿Qué tiene la música argentina para caer tan bien en España?

A veces no cae tan bien, no crea... Sí que existe una hermandad de ida y vuelta que nos retroalimenta. Yo crecí escuchando a Serrat y a Sabina, pero en España seguro que muchos se hicieron mayor oyendo a Tequila y a Los Rodríguez. Supongo que existen lazos culturales y pequeñas similitudes que generan esta seducción. Por eso nosotros seguimos tomando cosas de aquí y ustedes de allí. Es un intercambio que enriquece a las dos partes, ¿no?

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