Entrevista | Juan Manuel Pardellas Periodista

Juan Manuel Pardellas: «Vamos a ver más llegadas de cayucos a las costas del Caribe»

Juan Manuel Pardellas presentó ayer en Casa África ‘En este gran mar’, un libro que recoge una investigación periodística realizada durante casi 20 años sobre la historia de 53 personas de Senegal que fallecieron en un yate de un pirata vasco que salió de Cabo Verde con destino a Canarias y terminó en el Caribe. «En 18 años no ha cambiado nada», afirma el periodista, que, a pesar de todo, se mantiene optimista.

Juan Manuel Pardellas

Juan Manuel Pardellas / ED

En este gran mar ha sido un trabajo de muchos años y entre tres continentes. ¿Cómo empieza todo?

Todo nació con un flash informativo de Nicolás Castellano, que dijo concretamente: ha aparecido una embarcación con cadáveres a bordo en la isla de Barbados. En ese momento, lo primero que me vino a la cabeza fue que esos chicos no iban a América, venían a Canarias. Fue una obsesión. Así lo propuse en el periódico. Yo entonces era corresponsal de El País. Lo primero que había que confirmar era si estos chicos eran, por algún casual, población de las Islas del Caribe que iban a intentar el salto a Florida, a otras islas o a Venezuela, que también se producen esos fenómenos, o si eran de África y habían llegado hasta allí. Se confirmó que eran africanos a través de la cónsul de Guinea en Las Palmas. Una vez que tuve esa confirmación, la intuición de que venían a Canarias era muy sencilla. Pongámonos en el contexto histórico. Era abril de 2006, cuando ya había comenzado lo que yo llamo la gran migración de senegaleses que venían a Canarias, que ese año terminó con 32.000 en las Islas. Era lógico pensar que algo le había ocurrido a la embarcación y que habían terminado en el Caribe. Y luego, fue muy interesante descubrir que se trataba de un yate. No era un cayuco, una patera o una lancha. Era la primera vez que se producía un fenómeno de estas características en este tipo de embarcación.

¿Por qué a día de hoy hay chicos, y ahora también cada vez más chicas, que siguen viniendo a Canarias desde las costas de Senegal?

La sensación que tengo es que en 18 años no ha cambiado absolutamente nada y lo digo con mucho pesar. Aunque las circunstancia son distintas. En parte. Es cierto que la escasez de trabajo y la dificultad de desarrollar un proyecto de vida en Senegal ha empeorado mucho más por la situación política y de represión que se está viviendo en las calles. Por primera vez se están registrando muertes de personas apaleadas en las calles por las fuerzas de seguridad. De eso nunca se tenía registros en Senegal. Este es un vector que diferencia muchísimo la migración de este año a la de 2006. Entonces no ocurría esto, aunque había un gran descontento social con el presidente Abdoulaye Wade. Ahora hablamos de represión y de peligro para la vida. La circunstancias siguen siendo muy difíciles y no hemos aprendido a gestionarlas. La edad media de Senegal son 19 años. Imagínate la cantidad de población que necesita tener expectativas de futuro. Y no las tienen. Un simple ejemplo: cuando van a la embajada de España y piden un visado, dicen que si la documentación está completa, nos lo podrían facilitar en uno, dos, tres años. Teniendo dinero de sobra para poder coger un billete de avión. Y dicen que no. Entonces, ¿a dónde estamos empujando a todas esas personas? La respuesta es sencilla: a las barcas.

Y es mucho más caro subirse a una patera que un billete de avión de Senegal a Canarias.

Sí. Estamos metidos en una pescadilla que se muerde la cola. Es decir, España necesita mano de obra, necesita mejorar sus índices de natalidad. Necesitamos personsa, hombres y mujeres, para poblar este país y para trabajar. Y, a la vez, cerramos todo, elevamos más los muros, ponemos concertinas asesinas en las fronteras, repatriamos, devolvemos… No hay establecido un sistema de cupo legal, honrado y transparente. No hay un diálogo de igual a igual entre España y Senegal. Que tampoco resolvería mucho si fuese solo España de forma individual, tiene que haber una acción global para cambiar lo que está ocurriendo. Es un reto demasiado generoso para tratarlo en términos políticos, que son en plazos de 4 años. Debemos aspirar a tener gobernantes generosos que tengan visión y que no les importe no estar cuando las políticas terminen siendo un éxito. Pero tienen que sembrar. La misión de cambiar las circunstancias actuales es muy potente, muy arriesgada. Pero hay que hacerlo.

¿Hay registro de más embarcaciones que, como la de En este gran mar, vinieran a Canarias y terminasen en América?

Siempre digo que esta historia no es ni la más trágica, ni la última, ni si quiera la más numerosa en las personas que han fallecido. Es la historia en la que yo me fijé y seguí hasta el final. Después de eso, durante todo este tipo, si se han documentado más llegadas de cayucos de fibra de vidrio y de madera a las costas del Caribe. Sí ha habido, incluso con cadáveres a bordo. Unos compañeros de la agencia Associated Press hicieron un trabajo muy similar al del libro. Fueron a ambos lados del océano y fueron a la aldea de la que salieron los chicos. Sí ha ocurrido. Y, a partir de ahora, vamos a ver fenómenos como ese. Al haber orientado el GPS o la brújula directamente a El Hierro, estamos en la delgada línea de que les pueda ocurrir algo en el motor o en el timón y les lleve a lo que llaman el meridiano 18. Es muy probable que con tantas embarcaciones que han llegado a El Hierro alguna se haya podido perder.

Una de las sensaciones que deja el libro es la impunidad con la que, pese a haber órdenes internacionales, se entiende que el pirata vasco a cuyo barco se suben los chicos, sigue libre en cualquier puerto. ¿Cómo lidia con esto?

He tenido mucho tiempo para aceptar todos mis sentimientos hacia esa persona, que pasan desde la rabia, la indignación o la sed de venganza. Ahora estoy en una etapa en la que lo que me gustaría es que algún juzgado, de España o de algún lugar, reactive la causa y pueda dar con él. Es verdad que la investigación acaba en algún momento determinado. Sueño con lo mismo que las familias a las que les prometí que este libro saldría publicado, que es que se hiciera justicia.

Cuando los chicos llegan aquí, a Canarias, a veces es difícil para los periodistas poder hablar con ellos y contar sus historias. ¿Por qué cree que ocurre esto?

A nosotros nos pasaba mucho. Vivíamos una época mucho más difícil. Ahora, con todos los respetos, es muy sencillo acceder a los testimonios de las personas que llegan en barca. No hay más que esperar a que entren en los centros y ellos de los centros entran y salen sin ningún problema. No es más que dedicarle tiempo a ponerte en la puerta del centro e intentar a hablar con ellos. Y ellos en muchas ocasiones están dispuestos a hablar. Con lo cual, hoy es muchísimo más sencillo acceder a todos esos testimonios.

¿Cuál fue la mayor dificultad que tuvo usted a lo largo de la investigación que da forma a En este gran mar?

Yo tuve mucha suerte. El primer reportaje lo vio un senegalés que me llamó por teléfono y me dijo: mi hermano iba en ese yate. Y a partir de ahí, no sé cómo, se activó una red de senegaleses en todo el mundo que iban aportando datos sobre las posibles personas que iban en ese yate. Tuve la colaboración de más de 50 o 60 personas que, desinteresadamente, aportaron información. ¿Difícil? Difícil fue dar con los familiares de esas personas y acceder a la información oficial de la investigación. Se consiguió. Lo conseguimos al final. Lo que tuve que gestionar durante varios años es, con toda esa información, qué forma le daba y cómo lo presentaba en el formato de libro.

Conociendo de primerísima mano una historia como esta, ¿sigue teniendo fe en que la humanidad pueda cambiar y mejorar?

Yo sí. Soy un optimista enfermizo. Creo que todos tenemos la oportunidad histórica, de cada uno en nuestro papel, en donde estemos, empujar para que todo sea distinto. Yo soy muy optimista en que podamos hacerlo y lograrlo. No me imagino que no hagamos nada y que en el futuro nuestros hijos y nuestros nietos nos pregunten cómo no hicimos nada. Creo que es justo lo contrario. Hay muchas personas haciendo muchas acciones que pueden ayudar a que las cosas sean distintas en el futuro.