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Zárate y Calvi crean un cómic para desmontar la leyenda negra de Negrín

La Fundación Cine + Cómic edita este ejemplar, que se presentará mañana en la capital grancanaria | El acto coincide con la inauguración de una exposición sobre el político

La portada del cómic. El Día

El grancanario Juan Negrín es a la vez el único presidente canario del Gobierno de España y el último de la II República española. Desde los primeros años del Franquismo, Negrín ha sido una figura proscrita, incluso por su propio partido hasta su rehabilitación en 2008, y también el protagonista central de una leyenda negra sobre su gestión de los recursos de la República, que se intentan desmontar ahora pieza por pieza mediante un cómic sobre su vida, trayectoria y legado. El proceso de elaboración del cómic duró cerca de dos años que Zárate simultaneó con sus obligaciones como redactor del suplemento Negocios del periódico El País, y Calvi con otros proyectos como dibujante.

Francisco de Zárate, autor del cómic sobre Negrín | | E.D.

La Fundación Canaria Cine+Cómic es la responsable de la edición, que será presentada mañana a las 19:00 horas en la Fundación Juan Negrín de Las Palmas de Gran Canaria, y que coincide con una exposición que abrirá sus puertas el mismo día por la mañana en las Casas Consistoriales de la ciudad. El cómic, escrito por el periodista Francisco de Zárate y dibujado por Fer Calvi, resulta un medio muy efectivo para dar a conocer a un político que fue presidente del Gobierno republicano entre 1937 y 1939, para caer luego en el olvido, en el mejor de los casos y en el desprecio en el peor. Tanto por parte de propios como de ajenos.

Negrín vivió un período inusualmente complicado, marcado por la guerra civil y por el comienzo de la dictadura franquista, en el que el político canario tuvo que navegar y sortear como pudo las tormentas, que difícilmente tienen precedentes similares en la historia española. Supone un reto para los autores dar a conocer una época tan trágica y complicada por medio de un cómic, pero el resultado final resulta fascinante, y hará cambiar a muchos de opinión sobre las capacidades narrativas y divulgativas de un buen tebeo. Los autores se adentran en la que es calificado como «un período atroz» de nuestra historia contemporánea y consiguen contar la historia extraordinaria de un hombre que demostró una enorme capacidad de resistencia hasta el final.

Desconocimiento de Negrín

El desconocimiento generalizado que aún existe sobre la figura de Negrín lo atribuye de Zárate a varios factores. El primero y más evidente es que los republicanos perdieron la guerra y, durante los siguientes años, el franquismo cubrió con un evidente silencio o mejor aún demonización a los perdedores. A eso se unieron las divisiones surgidas dentro de su propio partido, otro efecto colateral y común de las derrotas. Y a veces incluso de las victorias.

El cómic tiene un recorrido biográfico lineal que parte desde su nacimiento y primeros años en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, hasta su posterior vida profesional y política. Para documentarse, Zárate se basó en el trabajo del historiador Enrique Moradiellos, considerado el mejor biógrafo de Negrín, y también en los trabajos de la historiadora británica Helen Graham. Los primeros pasos que hacen destacar al grancanario fue su labor como médico y más concretamente en el campo de la investigación, tras recibir una sólida formación académica en Alemania, donde cursó estudios hasta el inicio de la primera Guerra Mundial, y dónde se despertaron sus simpatías por el socialismo.

A su regreso a España, el Nobel Ramón y Cajal, entonces en la Junta de Ampliación de Estudios, de la Universidad Complutense, encomendó a Negrín la creación del Laboratorio de Fisiología general. Negrín convalidó su título médico, realizó un nuevo doctorado en la Complutense en 1922, y ganó la cátedra de Fisiología. En el laboratorio y la cátedra formó a un notable grupo de jóvenes investigadores, entre los que destaca Severo Ochoa de Albornoz, distinguido muchos años más tarde con el Nobel. Negrín contribuyó, a lo largo de la década de 1920, a la renovación de los estudios médicos en España, desde la secretaría ejecutiva de la Junta de la Ciudad Universitaria.

A partir de finales de esa década, asumió un creciente compromiso político en las filas del PSOE, y ya en la II República, fue elegido diputado en el Congreso, ocupando escaño durante las tres legislaturas republicanas y siendo nombrado ministro de Hacienda tras el inicio de la Guerra Civil. Según Francisco de Zárate, «en su nombramiento tuvo mucho que ver haber demostrado su capacidad de defender los intereses generales frente a los personales o partidistas», así como su extraordinaria formación, a la que añadía sus conocimientos de inglés y francés, idioma con el que se comunicaba con su esposa de origen ruso.

El cómic no elude las leyendas negras que han rodeado a la figura de su protagonista, como la del Oro de Moscú, que hace referencia al supuesto expolio del Tesoro Nacional durante su administración. Para Zárate, la explicación es que esa operación, tantas veces demonizada, en realidad supuso un ruinoso negocio para Rusia: España gastó sus reservas en armamento para hacer frente al fascismo y trigo para poder alimentar a una población sumida en la miseria y la hambruna. Como resultado la Unión Soviética terminó prestando dinero a la República a fondo perdido.

La división en las filas socialistas tras la derrota tuvo su origen, en parte, en cuestiones económicas. Negrín e Indalecio Prieto pugnaban por hacerse con el control de la administración de los fondos para los exiliados que se había logrado sacar al extranjero antes de la victoria franquista. Finalmente, la facción de Prieto se hizo con el control del PSOE en el exilio y las repercusiones no se hicieron esperar: Negrín fue expulsado del partido y contra él se inventaron todo tipo de historias para desacreditarlo. Y no sería hasta hace pocos años, gracias a la incansable labor de su nieta, Carmen Negrín, y la creación de la Fundación que lleva su nombre, cuando se empezó a conseguir restaurar su figura.

Otra de las responsabilidades que se atribuyen al político canario es la de no rendirse al franquismo cuando la victoria republicana era ya imposible y alargar el sufrimiento producido por la guerra al bando republicano. El cómic relata cómo en realidad, el presidente del Consejo de Ministros se dio cuenta, meses antes de terminar la guerra, de que las posibilidades de ganar eran mínimas. Si se resistió a rendirse ante Franco fue porque esperaba que la situación política internacional provocara un enfrentamiento –que preveía inminente– entre las democracias y los fascismos, que acabaría con la política de no intervención y favorecería a la República. Negrín confiaba en que Inglaterra y Francia iban a reaccionar en algún momento ante el avance fascista en España, pero lo cierto es que la ayuda de las democracias nunca se concretó. Estos países optaron por cruzarse de brazos frente al apoyo militar a Franco de Hitler y Mussolini.

Una rendición digna

Cuando Negrín perdió toda confianza en la victoria, aún intentó mantener una posición de fuerza que le permitiera negociar una rendición digna para reducir las represalias contra los republicanos. «Esa es la explicación real, no la de que fue víctima de una especie de delirio que le impidió predecir la derrota que se avecinaba», asegura Zárate. Lo cierto es que –tras tres años de Guerra Civil- la Segunda Guerra Mundial dio comienzo con la invasión de Polonia por las tropas de Hitler, en septiembre de 1939, apenas unos pocos meses después de la caída de la República. El olvido cayó entonces sobre el político canario y otro tanto ocurrió con sus éxitos, aciertos, y los avances y transformaciones de la época que le tocó vivir.

Zárate percibió el peso de ese olvido, en su propia educación. «Cuando yo iba al colegio, las clases de historia siempre se acababan antes de llegar a la II República, nadie nos contó lo que pasó en ese período». Por ello, iniciativas como bautizar en su honor el Hospital de Gran Canaria o que el PSOE le rehabilitara como militante distinguido, y devolviera su carnet a su nieta, o el premio de la cadena Ser a la Fundación Negrín, son aplaudidas por el autor del cómic.

El mismo sentido que esos homenajes y reconocimientos públicos tiene la realización de esta biografía en cómic, que para Zárate y Calvi «es un instrumento para reivindicar y poner en su justo lugar a una figura que ha estado demasiado tiempo bajo el foco de la sospecha».

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