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Entrevista a Maite R. Ochotorrena, escritora y autora de ‘Un desierto de hielo’
Maite R. Ochotorrena Escritora y autora de ‘Un desierto de hielo’

Maite R. Ochotorrena: «Estamos tardando en reaccionar; nos hemos cargado el planeta»

Maite R. Ochotorrena. ED

En su última entrega literaria vuelve a tirar de una de sus armas favoritas, el suspense, para hornear los capítulos de 'Un desierto de hielo', una llamada de atención de la donostiarra Maite R. Ochotorrena (1970, San Sebastián) que pone el foco sobre los peligros que acechan a la naturaleza: "Hay que actuar ya porque esto se nos escapa de las manos", denuncia respecto al cambio climático.

¿Qué es un ecothriller?

Es un thriller que tiene un mensaje de fondo relacionado con lo que le estamos haciendo a la naturaleza, o lo que no hacemos para impedir padecer unas consecuencias mayores...

Esa reflexión suena demasiado apocalíptica.

Puede ser [silencio]. Estamos tardando en reaccionar; nos hemos cargado el planeta. Lo que se ha perdido ya es irrecuperable pero podemos hacer cosas para no empeorar la situación.

Este proyecto no se parece nada a lo que ha hecho en el pasado.

Puede que los lectores encuentren alguna pequeña similitud con La mensajera del bosque, pero en mis novelas es muy difícil localizar puntos de encuentro entre unas y otras.

¿En algunas hay «anclajes» que crean en los lectores una sensación de continuidad?

Eso es verdad, pero no son las mismas historias... Si hiciera lo mismo siempre sería muy aburrido y poco honesta conmigo.

¿Cómo se lo ha pasado escribiendo esta historia?

Creo, sinceramente, que es la novela en la que más he sido yo y, sobre todo, la que más he disfrutado mientras la escribía...

Eso es algo que se suele decir del último libro, ¿no?

Yo lo he sentido así y espero que los lectores terminen El desierto de hielo (Planeta) experimentando una sensación muy agradable...

¿Es ficción?

Sí, es ficción pero con una sólida carga medioambiental que he construido a partir de un laborioso trabajo de documentación. Yo no he estado nunca en la Antártida y eso me ha obligado a leer un montón para conseguir plasmar algo que fuera veraz.

¿De todo lo que ha leído qué es lo que más llamó su atención de los «SOS» que nos envía la naturaleza?

Este proyecto se centra en la defensa de la vida y, por lo tanto, uno de los objetivos es que nos demos cuenta de lo importante que es seguir en este planeta porque todo esto es casi un milagro.

Sin ser catastrofista, ¿la cosa puede ir a peor?

Siempre existe la posibilidad de ir a peor, pero a mí me sigue resultando milagroso el hecho de estar flotando en medio de un escenario tan hostil.

¿Ha sido una casualidad activar una historia con estas claves ahora que se habla de cambio climático?

No es casual, pero tampoco se puede considerar como algo «oportunista»... Más allá de esas consideraciones, yo creo que es algo necesario y de lo que debemos hablar todos sin miedo.

¿Pero existe un toque de atención a esas cumbres climáticas que se alargan durante tantas jornadas y al final se consigue un medio acuerdo a última hora y corriendo?

Cuando estaba escribiendo La mensajera del bosque había mucho ruido alrededor de todas esas propuestas para proteger a la naturaleza que se vienen abajo una y otra vez porque nadie consigue poner de acuerdo a las partes que tienen los medios para intentar algo... Yo quería escribir sobre estas cuestiones porque lo sentía, no por oportunismo.

¿Qué sensaciones le dan esas reuniones?

Estas cumbres mundiales dan mucha lástima. Últimamente parecía que caminaban en la misma dirección e incluso se habían acercado las posiciones para la proteger el 30% de los océanos... Eso está muy bien, pero qué hacemos con el otro 70%. ¿A quién encargamos el cuidado de ese 70%? Yo tengo la sensación de que la báscula está un poco desequilibrada. ¿Cómo funciona esto? Estamos por la labor de proteger solo una parte de este planeta o queremos vivir en él sin renunciar a ocupar aquellas zonas que estamos dando por perdidas.

¿Demasiados intereses?

Si en el caso de los océanos solo estamos hablando de un 30% y vemos que no se ponen de acuerdo por los intereses ocultos y la avaricia de las multinacionales que controlan el mundo, qué no va a pasar cuando hablemos de cuidar algo más que ese trozo de naturaleza... Es muy triste que sabiendo todo lo que sabemos no exista una voluntad global de querer cambiar las cosas y poder evitar males mayores.

Su obra está repleta de recursos psicológicos que entrelaza con personajes complejos, ¿también están en El desierto de hielo?

Los personajes complicados siguen presentes en mis tramas [sonríe]... Esta arranca con una situación extremadamente tensa que une a Mikel Ibarra [un antiguo investigador criminal] y a Erika Oblyakov [una agente de una unidad criminal noruega] tras la aparición del cadáver desnudo de un biólogo [Björg Stutgard] en la base de Nytt Häo. Ese hallazgo los va a poner al límite y a partir de ahí transitan por un desfiladero emocional creado para atrapar la curiosidad de los lectores.

¿Da la sensación de que no ha querido conformarse con lo que ya mostró en sus libros?

Puede ser [hace una pausa]. No me importa ser inconformista si con ello llego a la historia que quiero contar a los lectores... Me gusta recurrir a las armas visuales [tiene un pasado como guionista de cine y televisión] y narrativas que tengo a mano para intentar sorprender a las personas que deciden ir a por una de mis novelas.

Eso es deformación profesional.

Sí que lo es. Supongo que mi etapa como guionista está algo presente en el instante en el que decido escribir una novela, a pesar de que las reglas [sobre todo el ritmo y la elaboración de los textos] sean muy distintas.

¿Esto tiene solución?

¿El qué?

Cuidar el planeta...

Sí, si todos ponemos un poquito de nuestra parte y no hacemos locuras.

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