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El autor de 'Tutti Frutti'

Little Richard, rey y reina del rock

El Festival de Sundance estrena ‘Little Richard: I Am Everything’, el documental definitivo sobre el atormentado artista despreciado por la industria musical que basculó toda su vida entre los excesos y la religión

Little Richard, icono del rock.

Little Richard, es cierto, no fue el inventor del rock’n’roll; otros músicos ya habían empezado a sentar las bases del género cuando grabó su primer éxito. Pero él, Richard Wayne Penniman, creó hace siete décadas una música que no se parecía a nada de lo que se había escuchado hasta entonces, conectada con el gospel y el blues pero absolutamente nueva, y emocionante, y peligrosa. Y la cantaba como si le fuera la vida en ello, azotando al público con una voz tan electrizante que se podrían haber iluminado ciudades con ella, y moviéndose con demencial frenesí.

Fue uno de los que pavimentaron el camino de la música moderna y entretanto vendió millones de discos pero -como también les pasó a otros afroamericanos como Ike Turner, Bo Diddley, Sister Rosetta Tharpe, Chuck Berry y Fats Domino- nunca recibió la recompensa que merecía por ello; surgido casi en su totalidad a partir de géneros musicales eminentemente negros como el bluegrass, el R&B, el gospel y el jazz, después de todo, el rock’n’roll ha sido históricamente blanqueado por los libros de historia, la radio y el cine. “Nunca tuve dinero, las compañías discográficas no me pagaron nada por todos esos éxitos, ¿sabes? Nadie me dio un centavo”, asegura el músico al respecto en ‘Little Richard: I Am Everything’, el documental dirigido por Lisa Cortes que acaba de ser presentado en el Festival de Sundance, y que trata de otorgarle el tipo de reconocimiento que, como su metraje demuestra, durante su vida se le negó con demasiada frecuencia.

También cuenta la historia de un hombre esencialmente atormentado. Varias imágenes de archivo nos lo muestran relatando cómo solía abandonarse a los excesos que el estrellato propicia, pero otras dejan claro que en todo momento usó una de las manos para sostener una Biblia, y la culpa derivada de esa dualidad a menudo le resultó abrumadora. Había crecido contemplando los fervorosos feligreses enloquecían durante las misas que celebraba su padre, pastor diácono de la Iglesia Pentecostal, y ese tipo de energía extática fue el combustible que posteriormente nutrió su arte. Durante las siguientes seis décadas, la fe y la música compitieron por sus atenciones.

La historia del rock'n'roll, decimos, nunca ha sabido qué hacer con un artista que en más de una ocasión se presentó ante su público como “Little Richard, el Rey del Blues... ¡y también la reina!". Desde muy joven dijo se sintió femenino, y solía probarse la ropa y el maquillaje de su madre hasta que, cuando tenía solo 15 años, su padre lo echó de casa. No tardó en convertirse en integrante de los espectáculos itinerantes que giraban por el sur de Estados Unidos a finales de los 40; su ‘alter ego’ era una ‘drag queen’ llamada Princess LaVonne.

En 1953 ya había cambiado los vestidos de lentejuelas por americanas hechas a medida, y adoptado la personalidad escénica que rápidamente se convertiría en icono: el majestuoso peinado nido de avestruz, la quejumbrosa voz de falsete, los gestos extravagantemente amanerados, el maquillaje tipo tarta, los movimientos cargados de sensualidad. Y en 1955 publicó ‘Tutti Frutti’, una canción que -especialmente antes de que su letra fuera convenientemente adecentada- trataba de reproducir los ritmos, la euforia y las tribulaciones que acompañan la práctica del sexo anal, y que se convirtió de inmediato en un fenómeno. 

A lo largo de los siguientes tres años, Little Richard colocó hasta 18 de sus ‘singles’ en las listas de éxitos entre ellos ‘Lucille’ y ‘Good Golly, Miss Molly’. Y mientras tanto, en una época en la que su país vivía bajo el yugo no solo de la segregación racial sino también del pánico homófobo, sus conciertos se convirtieron en puntos de extraordinaria mezcolanza entre personas de todos l

Little Richard, autor de hits como 'Tutti frutti', ‘Lucille’ y ‘Good Golly, Miss Molly’.

“Todas las chicas blancas del público gritaban enloquecidas al verme, y eso no gustaba al ‘establishment’”, recuerda Richard en la película. “Que yo fuera un héroe para la juventud resultaba problemático”. Casi todos los músicos blancos de la época -Buddy Holly, Bill Haley, Jerry Lee Lewis, los Everly Brothers, Gene Vincent, Eddie Cochran- publicaron versiones de sus canciones; Elvis Presley, en concreto, incluyó nada menos que cuatro temas suyos en los dos álbumes que le permitieron proclamarse el Rey en la segunda mitad de aquella década.

Los abusos ejercidos sobre él por la industria discográfica fueron solo uno de los motivos por los que en 1959 decidió alejarse temporalmente de la música secular para casarse y convertirse en predicador; el otro, el que lo empujaría a abandonar el negocio para posteriormente reincorporarse a él sucesivas veces hasta su muerte en 2020, fue su conflictiva relación con su sexualidad.

“Los homosexuales están enfermos, y las lesbianas también”, afirmó en 1980. En 1987, en una entrevista concedida a John Waters para la revista ‘Playboy’, dijo: "Me encantan los homosexuales. Creo que fui el fundador de la homosexualidad (...) Yo usaba maquillaje antes de que ningún otro hombre lo hiciera. Era muy hermoso". “He sido gay toda mi vida y sé que Dios predica el amor, no el odio”, afirmó a la revista ‘Penthouse’ en 1995, y en 2012, se proclamó “omnisexual” tras confesar su participación en orgías con hombres y mujeres. Sin embargo, en 2017 aseguró que las relaciones entre personas de mismo sexo le parecían antinaturales. "Dios hizo hombres a los hombres y mujeres a las mujeres, y todos debemos vivir tal y como Él quiere que lo hagamos”.

Little Richard, en la cima de su carrera.

El metraje del nuevo documental está trufado de evidencias de la inconmensurable influencia artística que, en cualquier caso, su protagonista ejerció sobre tantos otros artistas. Paul McCartney aparece en un momento de la película asegurando que contemplar una actuación de Richard era como asistir a una escuela de rock; Mick Jagger dice de él que “lo fue todo”, y el productor Nile Rodgers recuerda cómo David Bowie tuvo su música presente en todo momento mientras grababa el álbum ‘Let’s Dance’.

Su huella, además, es evidente en géneros como el ‘glam’ y artistas tan diversos como Led Zeppelin, Elton John, Michael Jackson, Prince y Lil Nas X. Que pese a ello fuera tratado como una excentricidad a lo largo de toda su carrera es algo que le provocó un enorme resentimiento, que alcanzó su punto de ebullición durante la gala de los premios Grammy de 1988. Antes de hacer entrega del galardón al Mejor Artista Revelación, Richard exclamó: “Me lo arrebatan todo, nunca he recibido nada. Nunca me disteis un Grammy a pesar de que he estado cantando durante años. Yo soy el arquitecto del rock and roll. ¡Soy el creador!”. Tras ver ‘Little Richard: I Am Everything’, resulta imposible no compartir su frustración.

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