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AÑO DEL PINTOR

Las imágenes más personales de la muerte de Sorolla

El Museo Sorolla de Madrid inaugura la exposición "¡Sorolla ha muerto! ¡Viva Sorolla!"

Lecho de muerte de Joaquín Sorolla. ALFONSO SÁNCHEZ PORTELA. 11 DE AGOSTO DE 1923. MUSEO SOROLLA

El 17 de junio de 1920, mientras retrataba a Mabel Rick en su jardín, Joaquín Sorolla sufrió un derrame cerebral que le impidió seguir haciendo aquello con lo que más disfrutaba: pintar. Obligado a vivir alejado de pinceles y paletas, pasó tres años rodeado de sus familiares, amigos y discípulos, que constantemente escribían preguntando por la salud del enfermo, deseando una mejoría que por desgracia nunca se llegó a producir. Murió el 10 de agosto de 1923.

Este es el punto de partida de la exposición "¡Sorolla ha muerto! ¡Viva Sorolla!", que este lunes inauguró el Museo Sorolla de Madrid y que se puede visitar hasta el próximo mes de junio. "Como si de un alfa y omega se tratasen", dicen desde el Ministerio de Cultura, esta muestra "cierra el círculo al analizar sus tres últimos años de vida, su etapa más desconocida, cuando ya enfermo tuvo que dejar de trabajar".

Clotilde viuda y su hijo, en 1923. LEVANTE-EMV

Por primera vez, el Museo Sorolla muestra al público la "enorme repercusión" que tuvo la muerte del pintor a través del estudio de las fotografías, la prensa de época y la documentación que se conservan en el archivo del museo. Toda esta documentación "atestigua la importancia, el aprecio y el reconocimiento, tanto a nivel nacional como internacional, que había conseguido a través de una vida dedicada plenamente a la pintura" añaden.

Una cuarentena de piezas

La exposición se compone de 39 piezas entre cuadros, esculturas, fotografías y documentación. Se trata de una selección de fondos documentales de muy variado formato: fotografía antigua, correspondencia, o noticias de prensa de la época, entre otros. Junto a esta selección de documentos se expone el 'Retrato de Mabel Rick, Señora de Pérez de Ayala', última obra de Sorolla, que dejó inacabada al sufrir mientras lo pintaba la hemiplejía que le apartaría definitivamente del trabajo. A esta obra se suman dos esculturas, una de ellas inédita: la máscara funeraria, fundida en plata y bronce, que el escultor y amigo Mariano Benlliure realizó en su lecho de muerte y la mano del pintor esculpida por Ricardo Causarás, prestada por el Ayuntamiento de València.

Sorolla y Clotilde, el 8 de junio de 1922. LEVANTE-EMV

Esta exposición se enmarca en las celebraciones por el primer centenario del fallecimiento de Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923), cuya programación oficial arrancó el mes pasado con la inauguración en el Museo Sorolla de la exposición ‘Sorolla. Orígenes’, centrada en los primeros años de producción del pintor.

La muestra se organiza en la sala I a través de cuatro secciones: "Una fina y templada mañana", "La luz que se apaga", "¡Sorolla ha muerto! ¡Viva Sorolla!" y "El pintor inmortal". "Tras la muerte del pintor valenciano, varios artistas se personaron allí para obtener una máscara mortuoria y para tomar fotografías que se convertirían en imágenes icónicas que fueron ampliamente utilizadas por la prensa de la época, tal y como muestran las líneas que encuadran el objetivo deseado. La noticia de la muerte del maestro corrió como la pólvora", explican desde el museo del pintor. 

Recibimiento en Valencia

"Tras la preparación del cadáver y la instalación de la capilla ardiente en su casa de Madrid, se puso en marcha una comitiva fúnebre que recorrió las calles de la ciudad hasta la estación del Mediodía –incluso se cantó un responso enfrente del Museo de Arte Moderno–. A su llegada a València una inmensa multitud acompañó al féretro escuchando los acordes de la Marcha Real interpretada por una compañía del regimiento de Mallorca. Sorolla fue enterrado en València con honores de capitán general con mando en plaza. Su familia y amigos le lloraron desconsolados. El pueblo entero acudió a despedirle", continúan.

Paso del cortejo fúnebre de Sorolla por las calles de Valencia. 13 de agosto de 1923. JOSÉ DEMARÍA LÓPEZ

La muerte de Sorolla se sintió también en los círculos artísticos, y la prensa se hizo eco de los homenajes que se hacían o se dejaban de hacer para ensalzar su figura, tanto dentro como fuera de España. "Todas esas muestras de afecto y respeto contribuyeron a engrandecer la figura de Sorolla y convertirle en el pintor inmortal que es hoy", señalan desde el Museo Sorolla.

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