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El héroe que desafió a la URSS

Alejandra Suárez relata en ‘Mi padre, un espía ruso’ la historia del agente de la CIA Trigon, que aportó informaciones sobre la Unión Soviética en plena Guerra Fría

Alejandra Suárez sostiene el retrato de su padre, Aleksandr Ogoródnik, alias Trigon. E. D.

Alejandra Suárez es una madrileña afincada en Tenerife que ha publicado el libro ‘Mi padre, un espía ruso’ (Ediciones B), en donde relata cómo comprobó, a los 20 años, que su padre era el famoso espía ruso Trigon que suministró a la CIA las informaciones más relevantes en plena Guerra Fría. Suárez, que trabaja como visitadora médica entre las islas, incluye en el libro las memorias de su padre y su trabajo de investigación.

No fue hasta los 20 años cuando Alejandra Suárez fue consciente de que su padre era el famoso espía ruso Aleksandr Ogoródnik, alias Trigon, un diplomático y economista soviético reclutado por la CIA como agente en Bogotá, donde conoció a Pilar Suárez, su madre. Mantuvieron una relación desde 1971 hasta 1974, cuando ella regresó a España, ya embarazada.

Al año siguiente él regresó a Moscú y estuvo colaborando con la CIA hasta junio de 1977 cuando fue descubierto por el KGB. Después de ser detenido, se ofreció para escribir una confesión de sus actividades de espionaje. Pidió su bolígrafo, que ocultaba una cápsula de cianuro, y lo mordió.

Hoy, 46 años después, su hija publica Mi padre, un espía ruso (Ediciones B), donde se recogen tanto las memorias de Trigon como el relato de su propia investigación ya que su madre no le confesó la verdadera identidad de su padre hasta los 20 años. «Las reticencias de mi madre eran porque ella tenía mucho miedo que el KGB, que la tenía fichada, descubriera que mi padre, un traidor para la URSS, tenía una hija, y que pudieran tomar alguna represalia contra nosotras», aclara.

«Creo que su intención era sobre todo protegerme al no darme más información, y más adelante, como nuestra relación fue complicada, tampoco me dijo nada. Mi madre simplemente me contó una versión muy censurada sin darme el apellido de mi padre, y luego, con mi investigación, es como he ido descubriendo todo lo que sabemos ahora», aclara. Su padre murió en Moscú cuando ella tenía dos años, sin saber que tenía una hija. «Estaba realizando su misión de pasarle información a la CIA y el contacto con mi madre era muy limitado», añade. «Mi madre y la CIA habían llegado a un acuerdo para que mi padre no supiera que mi madre se había quedado embarazada por las implicaciones emocionales que esto pudiera añadir a la misión ya peligrosa de mi padre y que tan trágicamente terminó», asegura.

Mi padre, un espía ruso. E. D.

Mi padre, un espía ruso es un libro de no ficción. Una historia escrita sobre todo en primera persona, salvo la parte de memorias de su padre que es lo que él dejó escrito. «No meto ningún elemento de ficción. Todo lo que cuento es la realidad tal y como la he vivido o la conozco, y está todo documentado», añade la escritora.

Su mayor fuente ha sido la documentación que guardaba su madre y que nunca pudo ver hasta que vaciaron su casa cuando ella entró en una residencia, y por supuesto el testimonio de la increíble mujer Martha Peterson, la oficial de campo encargada de la operación Trigon -el nombre en clave que la CIA le dio a su padre- en Moscú y quien hacía los intercambios con él. Suárez también mantuvo más conversaciones con otras personas que conocieron a su padre o trabajaron con él.

Lo más complejo de todo fue el ocultismo que había sobre la figura de su padre, tanto por parte de Rusia, como de la CIA, «con quien aunque he tenido muchos contactos y conversaciones con personas involucradas en el caso Trigon, nunca he mantenido conversaciones oficiales. Sin duda lo que más me impactó fue que mi padre, al ser detenido por el KGB, se suicidara ingiriendo cianuro».

La CIA describió su trabajo como «la información más relevante que había llegado a sus manos»

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«Martha Peterson me decía, cuando fui a Washington a conocerla, que de alguna forma se sentía responsable de su muerte por esto, pero yo le dije que no era así, que le había dado una salida a una tortura y muerte segura en manos del KGB. Ella siempre dice, como escribe en su propio libro sobre mi padre, que él murió como un héroe», afirma.

Trigon fue reclutado en Bogotá cuando trabajaba como diplomático en la embajada soviética y luego fue destinado a Moscú, al Ministerio de Asuntos Exteriores de la URSS, donde consiguió la información más relevante que le pasó a la CIA. Sus acciones más importantes fueron, sin duda, toda la información que pasó ala CIA, que ellos describen como «la información de inteligencia más relevante que había llegado a sus manos» en un documental de la CNN sobre su padre, pero también las memorias que dejó escritas «son para mí su mayor reivindicación contra el comunismo, ya que describe su transición desde un joven comunista convencido y fiel al régimen, líder de la Komsomol y con carrera militar y profesional brillante, a su desencanto del comunismo al descubrir las barbaridades que sus gobernantes habían y cómo de engañado vivía su pueblo». Para Suárez, su mayor legado son «estas memorias que ahora saco a la luz y en las que se ve cómo su intención era ayudar a su pueblo a conocer la gran mentira que vivimos». Para Suárez estas memorias tienen además un increíble paralelismo con la situación actual que vive Rusia, ya que el pueblo ruso sigue en una situación muy similar, engañado por sus gobernantes.

Sus memorias tienen «un paralelismo con la situación actual del pueblo ruso que vive bajo un engaño similar»

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En el libro se describe la formación en inteligencia que recibió su padre para realizar los intercambios con su enlace en Moscú y ciertas comunicaciones. «El KGB siempre estaba alerta, como ahora los servicios de inteligencia rusos, pero hasta unos meses antes de su detención y muerte no supieron que tenían un topo en sus propias filas pasándole información a la CIA, y hasta unos días antes de su detención no supieron que Trigon era Akleksandr Ogorodnik».

Su padre fue capturado cuando descubrieron que él era Trigon, el 22 de junio de 1977 y decidió suicidarse para que no le sacaran ninguna información y para evitar el proceso de tortura y pena de muerte al que hubiera sido sometido tras su detención. Porque como Suárez señala «en palabras del propio Putin, un espía nunca se retira, es espía hasta su muerte, y él sigue utilizando los métodos empleados por el KGB, descritos en las memorias de mi padre, y después la FSB, que él dirigió antes de ser presidente de Rusia».

Y la prueba es que «a mí me han advertido, con la poca relevancia que tiene mi figura tantos años después, que puedo correr un gran riesgo al sacar toda esta información a la luz. De hecho hace un tiempo mi correo electrónico fue intervenido por la FSB». Sin duda la Guerra Fría no ha terminado, «Rusia ha cambiado muy poco desde que era la URSS, y de ahí el valor que aporta las memorias de mi padre y mi investigación, porque esta historia es de una gran actualidad con la geopolítica y el conflicto actuales», finaliza.

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