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Entrevista a Núria Bendicho Giró, escritora

Núria Bendicho Giró: «Como mujer del siglo XXI debo poner mi mirada feminista en la obra»

La escritora catalana Núria Bendicho, en el Festival Aridane Criminal. | | ANDREW GALLEGO

Núria Bendicho Giró (Barcelona, 1995), mención especial de Anagrama por ‘Tierras muertas’, narra en su primera novela cómo un asesinato desata las furias internas de una familia.

A pesar del dolor y el tiempo, su novela deja entrever que nunca seremos capaces de escapar de quienes somos. ¿De dónde nace este desengaño?

Tierras muertas es una novela de juventud y la empecé a escribir cuando tenía miedo de vivir. Entonces, yo intuía que nunca podría cambiar mi vida ni salir de la opresión, pero ya no lo pienso dado que he tomado un rumbo distinto. Aunque es cierto que las personas tenemos cierta determinación y no debemos pensar que somos libres al 100% debido a que siempre hay una roca en el camino que nos pone trabas. Vivimos en la era del neoliberalismo donde creemos que somos capaces de hacer todo sin ningún limite exterior. La novela, por mi raíz cristiana, ahonda en esto: debemos tener principios, ser conscientes, y las crisis vienen de la voluntad infinita, especulativa, de gente que ha pretendido desvincular la inversión de la producción.

Ellos están encerrados en un mundo en apariencia libre, al igual que nosotros. ¿La violencia es la respuesta?

Más allá del hecho de que la novela está ambientada en el contexto rural, pongo el acento en el aislamiento, pues se muestra esta incapacidad para recibir del exterior ideas nuevas y nuevas formas de ver el mundo. La única persona que dentro de la familia, el protagonista, lo ve todo de forma distinta es incapaz de aceptar la realidad de su propia sangre e intenta huir, y al final no puede vivir puesto que es su territorio, es su mundo sensible.

¿Por eso incluye la mirada foránea de otro personaje?

Era importante salir de la opresión de la familia, incluso física de la masía catalana, y también me gusta mucho jugar con la realidad. Estamos en el siglo XXI y ya no aceptamos el realismo como una literatura capaz de mostrar global y objetiva, sino que apreciamos distintos ángulos, lo cual lo he heredado del romanticismo. Era importante cuestionar la idea tipo, por eso, utilizo la polifonía de voces hasta el final cuando se desvela quién es el asesino y el motivo por el cual lo ha realizado. Este hecho se cuenta delante de una persona que no cree esta historia, ya que la interpreta como una locura. Necesitaba esta mirada exterior que incluso cuestionara la verdad del texto.

Con esa polifonía nos acerca a cada uno de los personajes que intenta rechazar la culpa.

Cada uno intenta justificarse a sí mismo. Vengo de la filosofía política y, para mí, era importante mostrar la dominación ideológica. Es decir, todas aquellas narraciones de nuestra vida que intentamos crear para justificar nuestras propias opresiones y, sobre todo, dolor, lo que desde la mirada del otro se ven claramente como algo malo. Sin embargo, somos incapaces de aceptarlas.

Narra un hecho que se sale de la norma social, el cual es repulsivo para nuestro comportamiento. ¿Era una forma de pervertir la norma?

Siempre pienso muchísimo, tanto, que tardé cinco años en escribir la novela. Así que, sobre este acto considerado moralmente repulsivo, evidentemente, cuando lo empecé a escribir, lo pensé. A pesar de eso, las imágenes se me aparecen de golpe, me obsesionan y hasta que no las escribo no me las saco de la cabeza.

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