"Desde el día de Navidad hasta el de Nochevieja, Lisbeth Salander estuvo desconectada del mundo. No cogió el teléfono y no encendió el ordenador. Dedicó dos días a lavar ropa, fregar el suelo y arreglar un poco la casa". La solitaria cotidianidad en la que se refugia la heroína de Stieg Larsson al final de la primera entrega de 'MillenniumLos hombres que no amaban a las mujeres', alejándose de la oscuridad y la acción que habitualmente llenan sus horas, es una utopía porque, tanto en la realidad como en la ficción, la maldad no nos da tregua e, incluso en estas fechas saturadas de villancicos, abrazos, comilonas y regalos que se suceden entre el sorteo de la lotería y la Noche de Reyes, el horror mancha para nuestra amargura los titulares de los periódicos, y para nuestro regocijo las páginas de la ficción que encabeza las listas de ventas, donde los 'thrillers' 'Esperando al diluvio' (Dolores Redondo), 'Todo arde' (Juan Gómez-Jurado) y 'Las madres' (Carmen Mola) se turnan semanalmente este año en los primeros puestos de los diez libros más vendidos.

Pero ¿y si vamos un paso más allá? ¿Y si, lejos de conformarnos con la sangre sin más, buscamos la "sangre navideña", literatura de muerte, suspense e intriga ambientada en un periodo del año donde el recurso constante a la paz, la caridad y el amor termina por convertirse en un insistente martilleo? Sin duda nos sorprenderemos.

Un buen clásico

Nuestra sorpresa empezará al revisar los estantes de los clásicos. En 1892, Arthur Conan Doyle escribió 'El carbunclo azul', un relato protagonizado por Holmes y Watson en el que este último, al visitar a su amigo de Baker Street un 25 de diciembre, se ve envuelto en la investigación de un extraño hallazgo, el de una piedra preciosa, el carbunclo, en el estómago de una oca.

Junto a Conan Doyle, Agatha Christie también aportó unas décadas más tarde, en 1938, su granito de arena a la altísima montaña del policiaco navideño. En 'Navidades trágicas', probablemente su novela más 'gore', recurre a uno de sus dilemas favoritos, la habitación cerrada —una estructura de la narrativa de intriga a la que la Navidad le viene de perlas—, para presentarnos la Nochebuena de la familia Lee, escenario imprevisto del asesinato de su despótico patriarca y situación en la que se reclama a gritos la intervención de Hércules Poirot.

Pero no solo los famosos detectives de Christie y Doyle tuvieron que renunciar a las reuniones familiares y el árbol por perseguir el crimen. También Philip Marlowe, el personaje más carismático de Raymond Chandler, tuvo que trabajar en los estertores de diciembre. Lo hizo en 'La dama del lago' (1943), que se inicia con la desaparición de dos misteriosas mujeres y, como la mayoría de la narrativa de Chandler, utiliza el suceso explícito para desviarse hacia lugares de la conciencia y la perversión humana mucho más difusos.

Por su parte, Georges Simenon encontró un hueco entre las casi 80 novelas protagonizadas por Maigret para regalarle a su famoso investigador una trama en tiempo de Papá Noel, y en 1951 publicó 'La agitada Navidad de Maigret', con la misma exitosa recepción de toda la serie.

De Black a Harper

Así ha sido como la constante del 'noir' navideño, al que casi podríamos concederle la entidad de subgénero, ha llegado hasta nuestros días. Autoras como Mary Higgins Clark o Anne Perry han caído en la tentación de ambientar sus historias en esta época. Sin embargo, es John Banville, poseído por su alter ego criminal, Benjamin Black, quien merece que nos detengamos un poco más en su propuesta: 'Pecado', que en 2017 ganó el Premio RBA de Novela Negra, prescinde de Quirke, el personaje más popular de Black, y nos traslada al condado de Wexford, en Irlanda, durante la Navidad de 1957. Allí, en la biblioteca de la mansión de la familia Osborne, el padre Tom aparece muerto y el inspector Strafford se empeña en desentrañar las razones del crimen y la identidad del asesino.

Casi en las antípodas de Irlanda, en la aridez prácticamente inhabitable de Queensland (Australia), la novelista Jane Harper eligió la Navidad para contextualizar 'El hombre perdido' (2018), su mejor novela; una tragedia familiar en la que no falta la muerte violenta y que nos remite, por un lado, a las ya citadas 'Navidades trágicas', de Agatha Christie; y, por otro, y es aquí donde residen tanto su fuerza como su calidad, a las corrientes emocionales de la tragedia griega y shakespeareana, que empiezan a circular cuando el cuerpo de Cameron Bright aparece deshidratado y quemado por el sol al lado de la Tumba del Ganadero, un siniestro monumento en medio del desierto.

Breve pero intenso

Tal vez deberíamos profundizar en la 'Perfidia' de James Ellroy, publicada en 2014, primer volumen del 'Segundo Cuarteto de Los Ángeles', que arranca el 6 de diciembre de 1941 y nos sitúa en las navidades previas a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial; o en 'La casa de los enigmas', de Alexandra Benedict, que ha colonizado en las últimas semanas las mesas de novedades de nuestras librerías… Sin embargo, merece la pena que, en la estela de 'El carbunclo azul', de Conan Doyle, destaquemos dos piezas breves pero intensas en su condición de miniaturas del suspense. Una de ellas, 'El tic tac de un reloj en Navidad' (1984), es obra de Patricia Highsmith, maestra a la hora de despertar nuestro malestar como observadores de los comportamientos que recrea en sus páginas, algo que logra una vez más con este cuento, en el que la esposa de un matrimonio adinerado entabla una peculiar relación con unos pilluelos de su barrio, a los que invita a subir en un par de ocasiones a su piso mientras no deja de gastar en fruslerías y regalos. El desenlace de estas visitas, que por supuesto tendrán consecuencias, puede leerse en la recopilación de Anagrama 'Sirenas en el campo de golf'.

Acompañando a Highsmith en esta fugaz selección de textos cortos en época de villancicos, debemos recordar a Andrea Camilleri y 'La Nochevieja de Montalbano' (1999), el relato que da título a los cuentos que constituyen la sexta entrega de las peripecias del famoso comisario de Vigata y en el que todo comienza —no podía ser de otra manera— con Montalbano preparándose para terminar el año enfadado con su eterna novia, Livia, e intuyendo la aparición del delito a la vuelta de la esquina.

Hay muchos nombres más: P. D. James, Stuart MacBride, Lee Child, Louise Jenny… Incluso las 'Vacaciones de Navidad', de W. Somerset Maugham, escritas en 1939, pueden considerarse hasta cierto punto adscritas al género negro. Pero para terminar con este vuelo de reconocimiento a medio camino entre lo entrañable y lo cruento, y respetando la máxima de estas fiestas, que es volver a casa, debemos mencionar 'Golpe de Reyes', la tercera novela protagonizada por el comisario Bernal, una creación de David Serafín que ahora mismo es más fácil de localizar en el circuito de segunda mano.

Escrita en 2012, 'Golpe de Reyes' nos devuelve a las navidades de 1981, cuando en un periódico conservador empiezan a aparecer extraños mensajes en los que se repite una misteriosa clave: MAGOS. Asustada ante lo que parece una imprevisible amenaza, la Casa Real convence a Bernal para que inicie una serie de indagaciones, paralelas al jolgorio propio de Madrid en las vísperas de la Nochebuena, y así quedan servidos para deleite del lector la sangre y el misterio, a los que ni siquiera somos capaces de renunciar en una época en la que lo entrañable se vuelve obligatorio y el amor se nombra a diestro y siniestro. Quizás los necesitemos... precisamente por eso.