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El fantasma arrepentido

La figura del ‘ghostwriter’ está más extendida y aceptada en el mundo anglosajón

En el mundo anglosajón, la figura del ghostwriter está mucho más aceptada y su presencia suele reconocerse en la portada o en los créditos del libro. Esto, que en la mayoría de los casos da cuenta de una honestidad mayor y que todos los entrevistados para este artículo celebran, a veces puede traer algún que otro problema. Finalmente, uno está prestando su pluma a otros con quienes no siempre comparte una posición ideológica. El caso más sonado es el de Tony Schwartz, el verdadero creador de las palabras que conforman El arte de la negociación, de Donald Trump (en 1993, la entonces esposa de Trump, Ivana, también se valdría de una ghostwriter para su novela autobiográfica Solo por amor).

EEn 2016, cuando lanzó su campaña presidencial, Trump declaró que «necesitamos al líder que escribió El arte de la negociación». En un tuit, Schwartz le agradecía a Trump que lo hubiera propuesto para ese alto cargo, «puesto que yo escribí ese libro». A pesar de que el libro había sido un éxito tremendo, se había encaramado durante semanas en la lista de best-sellers y había generado varios millones de dólares de beneficios para su ghostwriter, Schwartz empezó a tener serias dudas al ver a Trump aparentemente convencido de haber escrito él mismo sus memorias. «Si puede mentir sobre eso, puede mentir sobre cualquier cosa», pensó.

Cuando Trump tachó de «violadores» a los inmigrantes mexicanos, Schwartz se sintió aterrorizado ante la perspectiva de que su campaña electoral tuviera éxito y, especialmente, de su colaboración en ella. «Le puse pintalabios a un cerdo —declaró en una entrevista recogida en The New Yorker—. Estoy profundamente arrepentido de haber presentado a Trump de una manera que lo hizo más atractivo de lo que es y creo sinceramente que si Trump gana y accede a los códigos nucleares es muy probable que eso lleve al fin de la civilización. Si escribiera sus memorias hoy en día, las titularía El sociópata».

A día de hoy, Schwartz, sigue considerando su colaboración con Trump el mayor error de toda su carrera y tuiteando en contra del expresidente, a quien considera «un prisionero de sus propias mentiras».

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