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Música

Malú: “Nadie cuestiona el precio de la entrada del concierto de un hombre”

La cantante regresa este viernes al Palau Sant Jordi para presentar ‘Mil batallas’, un álbum en el que planta cara a la presión del “perfeccionismo enfermizo”, que según dice la ha acompañado desde siempre

Malú, en una imagen promocional.

Esas ‘Mil batallas’, ¿son más consigo misma que con el mundo?

Todos tenemos mil batallas y batallitas, y las que más daño te hacen son las que libras contigo mismo, las que no te permiten respirar ni encontrarte bien y fuerte. En mi caso, eran batallas con esa persona perfeccionista, que tiene un nivel de exigencia enfermizo.

 

¿Una exigencia que venía de fábrica, habiendo crecido en esa familia llena de artistas de altos vuelos, como Paco y Pepe de Lucía?

Hay una parte genética. Por parte de mi familia, todo era perfección, respeto al escenario, a la música y al público. Una familia de genios en la que llegas tú y tienes que estar a la altura. Y yo empecé con 16 años en un mundo muy dominado por hombres. Las mujeres teníamos muchísima menos credibilidad al hacer música.

 ¿Diría que ha sentido la mirada condescendiente en el terreno profesional por el hecho de abrirse paso como mujer joven?

Con 16 años, entre músicos y técnicos, sí que había eso de “esa niña, ¿qué va a decirnos? ¿Qué idea tiene de esto?”. No te puedes imponer, y el respeto te lo vas ganando con el tiempo. Ahora cada vez pasa menos, pero antes salías y la credibilidad partía de menos diez porque eras una chica. Tenías la opción de ser el ‘boom’ de un verano y ya está.

 

Cuando debutó con ‘Aprendiz’, en 1998, la conversación pública sobre el feminismo estaba como adormecida.

Y si te fijas, han sido poquitas las mujeres que desde entonces han aguantado en la música. Ahora hay muchísimas que lideran y que venden entradas, pero sigue habiendo un predominio de los hombres. Nadie pone en duda el precio del ‘ticket’ del concierto de un hombre. Cuando una mujer alcanza un lugar, siempre resuena una coletilla: “es porque tal o cual”. Es difícil que alguien diga “porque es buena”. Y en los conciertos, siempre tiene que haber una reducción en el ‘ticket’ de una mujer respecto a un hombre.

 

¿Usted cree?

No es que lo crea, ¡es que es así! Lo he vivido. Si pones la entrada al mismo precio que tus compañeros que actúan en los mismos recintos, hay un juicio. “Son un poco caras, ¿eh?”. Se oye eso, y están al mismo precio que las demás. Es una lucha.

 

‘Mil batallas’ está lleno de referencias personales, pero tiene menos canciones propias que ‘Oxígeno’ (2018). ¿Cómo es eso?

Es el primer disco que he grabado siendo madre, con un bebé. Mi cabeza tenía que estar en mil sitios a la vez. Pero trabajé con un equipo buenísimo. Hablaba con los autores y les contaba por dónde quería ir.

 

Una de las que escribió usted es ‘Tejiendo alas’, dedicada a su hija Lucía, que tiene dos años.

Todo lo que escribí en este disco pude hacerlo antes de que ella naciera. ¡Una vez nació ya me di cuenta de que no podía! (ríe).

 

Esa Malú musicalmente contundente, decantada por un pop-rock invasivo, de tonos incluso épicos, ¿puede cambiar con la maternidad?

Mi evolución ha sido natural, yendo hacia donde yo siento la música. Yo soy muy ‘heavy’, ¿eh? Iron Maiden, Metallica, Pantera, AC/DC… Pero a mi móvil no le puedo dar la función de aleatorio porque te vuelves loco: Camarón, Whitney Houston… Pero ahora lo que ha cambiado soy yo, porque antes no me levantaba a las siete y media de la mañana el día de un concierto: tenía que descansar y estar en silencio. Ahora te sale una energía interior y abarcas la capacidad de poder hacerlo todo. Y llega el concierto y te lo pasas mejor que cuando estabas todo el día pensando “tengo que estar perfecta para esta noche”.

 Ha pedido que en esta entrevista no se le pregunte por su pareja [Albert Rivera] ni por la política. ¿Teme que se saquen frases de contexto en las redes sociales?

Todos debemos saber qué queremos contar. Los artistas nunca han estado expuestos siempre a todo y opinando de todo. Ahora hay una obligación de opinar, ¿y para qué? Para que luego haya un montón de gente que te apoye o te escupa.

 

¿Le afecta la futbolización de la vida?

Yo no alcanzo a entender cómo podemos ser tan absurdos y estar viviendo en bandos, cuando nuestros abuelos pelearon tanto para que, independientemente de lo que pensaran unos y otros, conviviéramos en paz y armonía. Entiendo que a un criminal no te apetezca dirigirle la palabra, ¿pero a alguien que piensa diferente? No tiene sentido. No gana nadie.

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