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Música

Muse, la turbia y aplastante alternativa a Coldplay

La banda británica rearma su estilo bombástico en ‘Will of the people’, un álbum en el que saca partido de todos sus clichés

Muse, en una imagen promocional.

'Will of the people'

Muse 

 Warner

 Rock

★★★ 


Va a contracorriente del mercado de tendencias, vive (casi) como si el punk no hubiera existido y se le ve enamorado de su triunfal imagen en el espejo, tal como Led Zeppelin allá por 1977, pero Muse sigue entregando álbumes que te pasan por encima cual batallón de infantería. Metalurgia guitarrera de alto octanaje, estribillos hinchados ‘bigger than life’, ‘crescendos’ galopantes, voces motivadísimas y un empaque de literatura apocalíptica envuelven su nueva obra, ‘Will of the people’, ese artefacto que le chiflará si lo suyo es la facción más física, sensorial, del rock de estadios.

Al parecer, la compañía sugirió a Muse que era hora de entregar un ‘grandes éxitos’, a lo que el grupo de Devon se resistió y optó, en cambio, por construir un álbum de eficacia equivalente, pero con temas nuevos. Y bien, ‘Will of the people’ no va más allá de los hitos anotados en su edad de oro (2001-09), pero aguanta la mirada más allá de la recreación de recursos ya conocidos que nos pueden parecer clichés. Quizá lo sean, pero en el rock, esas licencias suelen perdonarse menos que en el pop.

Ese tentador totalitarismo

La noción de superproducción de Muse, aun con sus altibajos creativos, funciona aquí como la respuesta enrarecida al mundo de Yupi de Coldplay, con sus gritos de alerta contra el totalitarismo a base de dinámicas instrumentales, precisamente, totalitarias (en eso de recrearte en la estética de aquello que criticas, nadie superará a Pink Floyd en ‘The wall’): ahí está el tema titular, inspirado en el intento de toma del Capitolio, asentado en un ‘riff’ de glam rock que haría feliz a Marilyn Manson. Previo paso a la resultona tonada de ‘Compliance’, aupada con sintetizadores ochenteros.

Este es un disco ameno, hay que decir, en el que, volviendo a esa idea de la antología, Muse ha tratado de facturar temas representativos de los distintos perfiles de su estilo. Lo cual significa que nos topamos con un severo homenaje a Queen (esa opereta rococó, tocada por coros macabros, llamada ‘Liberation’) y que pagamos el peaje de la balada intensita (‘Ghosts’, a cuenta de los seres queridos que nos han dejado). La banda se crece en ‘Won’t stand down’, un tema aparatoso y arrollador, y en el grito de guerra de ‘Kill or be killed’, con las guitarras más metaleras del álbum (junto con las de más previsible ‘You make me feel like it’s Halloween’), a cargo de un Matt Bellamy librado al lucimiento ‘shredding’, cuesta abajo y sin frenos.

El mundo parece haber dado la razón a las fantasías apocalípticas de Muse (virus, ‘cracks’ climáticos, guerras), y ahora que la realidad rivaliza con la ficción, el grupo aguanta la presión con un álbum moderadamente eficaz y disfrutable con todo su festín de excesos. Después de todo, en la liga de las experiencias efectistas, esta no es de las peores. Jordi Bianciotto

Otros discos de la semana

'Temporada de Reggaeton 2'

Duki 

 Dale Play

 Reguetón / Trap

★★★ 

Duki es hábil en el cambio de registro. Y no le resulta difícil quitarse la careta de diablo (su inseparable sello trap) y lucir el fuego de sus ojos puesto en modo y sonido reguetón, ritmo que camina de la mano con la temporada veraniega. El argentino, que tiene un lleno en el Sant Jordi en el horizonte, publicó este epé de ocho piezas de las que, además de una colaboración con su pareja -la cantante Emilia- y una apertura prometedora con Mora, destaca sobre todo la unión de un trío de forajidos, el propio Duki, con Quevedo y De La Ghetto, en 'Si quieren frontear', curiosamente la menos reguetonera de todas. Ignasi Fortuny

'All of us flames'

Ezra Furman 

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 Rock

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El latido spectoriano de ‘Dressed in black’ y el teclado de ‘Forever in sunset’ dejan pocas dudas: en su sexto elepé en solitario (el primero desde que asumió públicamente su condición de mujer trans), Furman aparca la urgencia punk de su anterior álbum (‘Twelve nudes’, 2019) para abrazar de nuevo el romanticismo rock de escuela Springsteen, una apuesta musical que sublima sus llamadas a alinearse de forma incondicional con los vulnerables, los perdidos, los heridos y los olvidados. Rafael Tapounet

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Hot Chip 

 Domino

 Pop

★★★★ 

El lenguaje de naturaleza electrónica sigue permitiendo al grupo londinense expresar un amplísimo espectro de estados anímicos, ahora a cuenta del parón pandémico y de su represión emocional. Rampantes tramas ‘funky’, baladas flotantes con ancestros germánicos y ocurrentes artefactos ‘synth-pop’ nutren su nuevo álbum (el octavo ya) en un cancionero jovial y reflexivo, divertido y con alma, invocando la pista de baile y el monólogo interior, que suena a despierto compendio de sus artes pop. J. B.

'NOT TiGHT'

DOMi & DJ Beck 

 Apeshit, Inc. / Blue Note

 Jazz

★★★ 

De sus asombrosos vídeos virales se sabía que Domi, teclista, y JD Beck, batería, pueden tocar lo más alambicado del mundo y que parezca una nadería. Con su estreno prueban que, además de dominar requiebros y cambios de tono, pueden hacer canciones que se pegan como el velcro: 'Take a chance', con Anderson. Paak, es irresistible. 'NOT TiGHT' es como un 'scroll' por las redes de un adolescente: lo raro, lo pop, lo añejo, lo trivial y lo serio mezclados sin reverencia ni jerarquía. Refrescante. Roger Roca

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