Todo el mundo sabía que tenía un don natural para cantar pero el tenor Airam Hernández (La Esperanza, Tenerife, 1983) se resistía a aceptar su destino.

La rebeldía que estalló en la adolescencia junto a su pletórica salida del armario tampoco ayudaron a tener clara una vocación que solo abrazó a los 22 años, tras ser aceptado en la prestigiosa Escuela Guildhall de Londres ¡sin haber estudiado nada de canto en ningún centro!

Aunque al final no cursó estudios allí – «era un pastizal», recuerda– aquello marcó el futuro de esta «oveja rosa» como cariñosamente calificaron sus hermanos a este cantante que se ha convertido en uno de los tenores más versátiles y sorprendentes de su generación.

Su ascendente carrera cuenta hoy con una actuación importante. El tenor cantará a Pollione, en Norma, de Bellini, en su debut en un rol protagonista en el Gran Teatre, un escenario donde empezó como cantante del coro. Le acompañarán en escena la catalana Marta Mathéu que debuta como Norma y Varduhi Abrahamyam como Adalgisa, en una rompedora producción del furero Àlex Ollé. Con el director escénico, cuenta, ha habido un buen entendimiento aunque este tenga «una idea de Pollione más antagónica», comenta, donde «él y Norma son dos seres arrollados por la fuerza de la religión». Defiende a capa y espada a su personaje. «Pollione solo teme lo que Norma pueda hacer con sus hijos y con Adalgisa, de quien se ha enamorado. Pero no es un mujeriego». Lo único que le critica es «no haber contado a Adalgisa, que es la versión joven de Norma, su relación anterior con ésta».

En Toulouse acabó cantando no solo sus funciones sino también las del segundo reparto con magníficas críticas. «El Liceu es mucho más grande y tiene una acústica bastante más seca. Te sientes más expuesto», admite. Este escenario está lleno de recuerdos para él.

Cuando se hizo con la plaza cuando José Luis Basso era el director del conjunto vocal estudió canto con Dolors Aldea, en el Conservatori Superior del Liceu. Hasta entonces sus estudios de trompa y su don natural para colocar la voz habían sido suficientes «pero me sentía un intruso, necesitaba la técnica si quería más», recuerda. Después, participó en concursos como el Viñas y Operalia y entró a formar parte de la Opera Studio y del Ensemble de solistas de la Ópera de Zúrich.

Ahora lleva años como solista, ha trabajado con importantes directores y es requerido habitualmente por prestigiosos teatros. «Busco el máximo respeto para mi trabajo, la fama no me interesa. Si llega, bienvenida, pero no es mi objetivo», afirma. «Aspiro a ser más versátil de lo que ya soy», declara este fan de Lola Flores, que no descarta acercarse al flamenco, si se tercia.