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La mujer ausente del espacio público

La exposición ‘Monumenta. Nueve encarnaciones guanches’ de la artista Yapci Ramos cuestiona la falta de representaciones escultóricas de la mujer aborigen canaria

Un detalle de la muestra el día de su inauguración en el MUNA. Carsten W. Lauritsen

Las representaciones artísticas en el espacio público constituyen una forma de reconstrucción de la memoria, como símbolos del patrimonio histórico de un territorio, donde los monumentos se erigen a la medida de sus héroes y victorias. Sin embargo, la iconografía escultórica que preside parques y plazas públicas revela a menudo un relato idealizado del pasado, basado en una ideología colonial, androcéntrica y excluyente, en el que las sociedades contemporáneas se miran y se desencuentran.

Así, el proyecto artístico Monumenta. Nueve encarnaciones guanches, de la artista canaria Yapci Ramos (La Laguna, 1977) nace como una invitación a reflexionar de forma colectiva en torno a los procesos de creación y representación social de las manifestaciones artísticas en el contexto del espacio público en Canarias, desde una mirada diversa, igualitaria y contemporánea. En concreto, la imaginería de Monumenta nace de una pregunta: ¿dónde queda representada la mujer guanche en el espacio público?

«De pronto, me di cuenta de que faltaba una parte importante de nuestra historia e identidad aborigen, porque no contamos con referentes de mujeres, así que Monumenta pone el foco en la representación de la mujer guanche en el espacio público», declaró la artista durante la inauguración de la muestra, el pasado viernes, en el Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA) en Santa Cruz de Tenerife, donde podrá visitarse hasta el próximo 31 de julio.

Así, el proyecto original de Ramos toma como referencia el emblemático conjunto de esculturas de los nueve Menceyes que preside la Plaza de la Patrona de Canarias, en la isla de Tenerife, para erigir nueve identidades femeninas diversas, a partir de valores como la pluralidad de cuerpos, la representación de clases y el mestizaje intercultural, que constituyen, tal como recogen los sucesivos estudios e investigaciones de la imagen y la historia prehispánica de Canarias, la identidad múltiple de la idiosincrasia canaria.

Nombres propios

Después de dos años de una exhaustiva investigación antropológica, arqueológica y social sobre la identidad aborigen canaria, en conversaciones con distintos expertos y profesionales del sector, Monumenta se inspira en los elementos, códigos y tradiciones de cada uno de los nueve menceyatos o demarcaciones que conformaban la isla de Tenerife.

Así nacen las «nueve encarnaciones guanches», cada una con un nombre propio a partir de los antropónimos, realidades y rasgos intrínsecos de sus territorios: Amarca (Icod), Dácil (Taoro), Isora (Adeje), Tagucimota (Tacoronte), Chaxiraxi (Güímar), Cathaysa (Anaga), Ithaisa (Daute), Tegina (Tegueste) y Ramagua (Abona).

En cuanto al proceso creativo de las esculturas, la artista sigue la línea de creación que ha marcado su trayectoria artística, donde, entre el vacío y el espejo, Yapci Ramos pone el cuerpo: cada una de las nueve identidades guanches se basa en nueve actings performativos de la propia artista, donde cada detalle de su indumentaria, peinado o atrezzo es fruto de procesos paralelos de investigación y diseño con profesionales de la moda y la fotografía.

La postura corporal, los tejidos, o estilismos de la vestimenta o la recreación de cultos ancestrales y objetos guanches sirven para trazar una cartografía de identidades diversas y contrastadas, a la que se suma una búsqueda de los sonidos del canto aborigen canario para componer una pieza sonora envolvente, creada por la artista, alrededor de las esculturas.

Mujeres rojas sobre fondo blanco, parafraseando a Marta Sanz y Miguel Delibes, cada «monumenta» encarna las tradiciones y leyendas de cada una de las demarcaciones o menceyatos que conformaban la isla de Tenerife en el siglo XV, como el cuerpo de laureles de Cathaysa, la niña guanche de Taganana, vendida como esclava por los castellanos a Valencia en 1494; Amarca, paisaje interior de fragilidad y dureza, que se mira en los relieves de cimas y barrancos del antiguo poblamiento de Icod; o la diosa Chaxiraxi, «la que carga o sostiene el firmamento», y que en la orilla de Güímar rubricó el pacto para un nuevo mundo con una vasija de cerámica, con forma de luna, entre las manos.

En cuanto a la poética de rojo sobre blanco, el material utilizado para pergeñar cada «monumenta» es de tipo biodegradable, de color sangre y de construcción fragmentada, lo que redefine esta propuesta artística y orgánica como un relato de lo posible, como un libro abierto a la reescritura de lo que somos en el espejo del pasado. En definitiva, Monumenta. Nueve encarnaciones guanches abre un nuevo capítulo para imaginar y repensar, desde el presente, si las sociedades canarias contemporáneas podemos y queremos leernos en el mapa artístico de las ciudades y pueblos que marca nuestros pasos.

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