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Música Pedro Pastor Cantautor

«Me permito hacer lo que quiero, siempre lo he hecho»

Pedro Pastor. El Día

Pedro Pastor Guerra (Madrid, 1994), hijo de Luis Pastor y sobrino de Pedro Guerra. Es músico, un «pajarillo cantor» tal y como se define en su perfil de instagram. Estará el próximo domingo, día 29 de mayo, en la primera edición del Canarias Primavera Live, que se celebrará en el parking del Palmetum. Antes, este viernes, hará escala también en el municipio grancanario de Telde dentro de la misma propuesta. 

Pastor y Guerra, son dos apellidos que deben pesar un poco.

(Risas) La verdad es que no. No son ese tipo de apellidos que pesan sino todo lo contrario, solo suman. Lo digo totalmente en serio. Soy Pedro Pastor, es mi nombre artístico. Luis Pastor es un artista que ha sido tan coherente y tan fiel a si mismo toda su vida que el público con el que cuenta, después de cincuenta años, le conoce muy bien. No es un artista mediático y eso hace que la gente que conoce su obra sea un público muy cercano. No repercute en las expectativas que puedan tener sobre mí. Mi relación con Pedro Guerra, mi tío, está empezando a fructificar musicalmente desde la primera colaboración que hemos hecho, que fue ya en mi cuarto disco. Es algo que nunca he hecho público y no he tenido que cargar para nada con el peso del apellido Guerra. Para mí han sido todos ventajas haber nacido en mi casa y tener esa educación, no solo musical sino en todos los sentidos. La libertad con la que me animaron siempre en mi casa es una bendición y mi tío Pedro Guerra es claramente uno de mis máximos referentes musicales y ahora ya de adulto poder trabajar con él es un regalo. Eso no pesa nada, por ningún lado.

Pero tratándose esta de una conversación por una visita a Tenerife, tenía que preguntarle por su tío, uno de nuestros músicos más destacados.

No sólo está lo que me une con mi tío. Es que yo me siento canario. Nací en Madrid, mi madre emigró a Madrid, pero he habitado Güímar tres o cuatro meses al año. Todos los veranos, en Semana Santa y Navidad, toda la vida. Hay un cordón umbilical. Ya no sólo hay una cuestión genética o una memoria familiar de 500 años atrás –según un árbol genealógico que hizo mi abuelo– sino también es que yo he vivido mucho Canarias. Hay un vínculo y yo la defiendo como una tierra a la que también pertenezco y de la que también formo parte. 

Me siento canario; nací en Madrid pero he habitado Güímar cuatro meses al año

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El viernes en Telde y el domingo aquí en Tenerife, ¿se puede decir que juega en casa?

Para mí, sí. Siento que juego en casa y es muy ilusionante porque se cumplen ya más de diez años de la primera vez que me presenté en solitario en Tenerife, en el mítico Café Siete de La Laguna. Además, la primera vez que tocamos como banda fue en Adeje abriendo a Fito & Fitipaldis. Tenía otros músicos que no podían venir a ese concierto y se me ocurrió la idea de llamar a estos chicos del barrio. Fue nuestro primer concierto y luego nunca hemos podido volver todos juntos a Canarias. Hemos ido incluso por Latinoamérica pero no habíamos podido volver. Esto que va a suceder es por tanto muy importante para nosotros porque por fin vamos a poder mostrarle al público canario el formato con la banda, que es el que más defendemos a lo largo del año. Vamos también a tocar por primera vez en formato festival en las Islas y con bandas de mucho calibre.

¿El concierto va a recorrer solo su disco Vueltas o va a haber de todo un poco?

Va a haber de todo un poco porque vamos a hacer nuestro show de formato festival. Es un concierto más corto que uno de presentación de nuestro disco. No solo te adaptas a los tiempos sino que también te adaptas al contexto: un escenario más grande, público más numeroso y al aire libre. Tienes que conectar con el público de otra manera. Somos muy de cantar muy cerquita y mirar a los ojos y hablar entre canciones pero eso en el formato festival es mucho más directo. Sales a cañón con nuestro repertorio más caribeño, más bailable. Aunque también habrá espacio para nuestros temas más reflexivos o políticos.

Vueltas le está llevando por una gira muy interesante que continuará durante el verano…

La verdad es que hemos sentido que hemos dado un saltito. Ya llevamos muchos años trabajando cada gira y siendo muy perseverantes. También hemos tenido siempre muchas ganas de trabajar y por eso tenemos calendarios tan amplios. Más allá de las contrataciones –que en este disco están surgiendo más que en otros– como propios promotores de nuestros concierto, intentamos tocar casi todos los fines de semana. Es una estrategia como cualquier otra pero es la que hemos hecho siempre. Estamos notando un salto cuantitativo y cualitativo. Hay más público para este disco y estamos pisando escenarios más grandes. También estamos pudiendo invertir en equipo de mayor calidad. Creo que la música crece a un ritmo paulatino pero sentimos que con Vueltas estamos dando un pasito más, lo que me pone especialmente feliz. Igual que hemos dado ese paso en Latinoamérica desde hace años, parece que por fin ya en la península y en las Islas empiezan a tenernos en cuenta en este gran formato.

Cuando mira desde el escenario hacia las butacas, ¿qué tipo de público ve?

Tenemos un público muy ecléctico. Tenemos mucha suerte. También creo que es hacia donde hemos orientado este proyecto. Tenemos un público muy bonito. Sobre todo porque es un público muy respetuoso, que suele escuchar mucho, que es algo muy importante para nosotros: la escucha consciente, la escucha activa, la escucha aguda. Además es un público agradecido, con desparpajo, que tiene iniciativa, que canta, que baila, que ríe y que participa activamente. Tenemos ese regalo y la verdad es que en estos diez años hemos conseguido un público muy fiel que nos quiere mucho y nos trata con muchísima estima. Son de edades y tribus urbanas muy diversas. Hemos hecho una coctelera. Es algo bastante sano porque en esa pluralidad hay muchos mensajes y más podemos aprender.

¿Es crítico ese público con los temas que trata en sus canciones?

Me temo que sí. Cuando uno hace música consciente, cuando uno se moja y trata de profundizar en sus mensajes –no solo en el contenido sino en el lugar en el que uno se posiciona como personaje público– obviamente lo que te llega es un público crítico. Hay de todo. Hay mucha idolatría en el mundo de la cultura y hay públicos que permiten cualquier cosa pero nosotros tenemos un público que vive la vida de una manera más crítica. Eso es interesante, que haya un dedo en el renglón por algún lugar siempre te mantiene más firme. Aunque yo me permito hacer lo que quiero, siempre lo he hecho, pero está bueno que la gente también adopte una posición crítica y que sea constructiva. Yo he aprendido mucho de mi público cuando me he posicionado abiertamente en redes sociales. Hay que responsabilizarse y aceptar las decisiones que uno toma.

Leía que, al contrario de lo que se suele decir, el confinamiento no le vino bien para crear más. Que usted se alimenta de la vida.

Me vino bien pero no profesionalmente. Con 17 años me fui de mi casa y empecé a recorrer todos los rincones de la península para tocar. Nueve años después, aproximadamente, la vida me obliga a dejar de trabajar durante una temporada bastante larga. Lo tuve muy claro, tenía el privilegio y la posibilidad de poder vivir. Era un drama pero también una oportunidad de salir de esa rueda de trabajo que por mucho placer que te ofrezca es muy corrosiva para tu vida personal. Me centré en mí. En realidad supongo que sí fue productivo porque en realidad el hecho de poder distanciarme de la música durante esos tres meses me hizo tomar oxígeno y poder estar ahora tan satisfecho tocando todos los fines de semana. Venía agotado, de hacer 80 y 90 bolos al año durante muchos años seguidos.

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