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EVA HACHE | Humorista, presenta en A Coruña el espectáculo ‘Humoris Causa’

“Hay mujeres graciosas y hay mujeres que son unos ajos, igual que los tíos”

“La incomodidad en el humor se usa desde que los humoristas eran los bufones de la corte”

La humorista Eva Hache. LOC

La humorista Eva Hache regresa a los escenarios, tras un tiempo apartada profesionalmente de los monólogos, por una razón de peso: engrosar el cartel del Encuentro Mundial de Humorismo de A Coruña, una de las citas cómicas más esperadas de los últimos meses. Su show, 'Humoris Causa', en el que capitaneará a un equipo compuesto por Leo Harlem, Ana Morgade y Xose Antonio Touriñán, ya ha agotado entradas para su función de hoy a las 22.00 horas en el Palacio de la Ópera.

Participa en el Encuentro Mundial del Humorismo, lo que supone un regreso al humor por su parte de forma profesional, porque seguro que en su día a día hay mucho.

Pues sí. Es un espectáculo en el que vamos a estar varios monologuistas, voy a ejercer de presentadora del evento. Hay una sorpresa que no te voy a contar porque sino no sería sorpresa. Estoy muy contenta. Yo dejé de hacer monólogos como parte principal de mi oficio hace bastante tiempo, pero no he dejado de hacerlos en ocasiones puntuales. Tengo muchas ganas, sobre todo de estar en Galicia.

¿Qué ha hecho merecedora a esta ocasión de que haya decidido volver al escenario?

Pues que me lo ha pedido Luis Piedrahita y le he dicho que sí. Ha organizado algo muy chulo para A Coruña. Me lo había propuesto en varias ocasiones, y es verdad que después de la pandemia, y tanto tiempo alejados de los escenarios de una forma más constante, apetece muchísimo.

Le toca capitanear, como presentadora, a un equipo de caras conocidas del humor, como son Leo Harlem, Ana Morgade y Touriñán. ¿Se llevan bien?

Con Leo he trabajado mucho, con Touriñán nunca he coincidido, y con Ana llevo mil años coincidiendo. Va a ser un encuentro muy agradable. Entre nosotros nos portamos bien.

Este EMHU viene cargado de rostros femeninos de la comedia. ¿Ha cambiado la cosa realmente desde sus inicios en el mundo de la comedia, cuando era extraño ver a una mujer presentando El Club de la Comedia?

Sí, todo responde a la normalización de la igualdad. Cuando empezamos a hacer monólogos éramos pocos, y, como siempre, hay menos mujeres, pero a mí me da mucho gusto ver cómo se va normalizando este fenómeno, el que ya por fin se deje de preguntar ¿pero de verdad las mujeres son graciosas? Hay mujeres graciosas y las hay que son unos ajos, como los tíos.

Parece un debate superado, pero resurge de forma cíclica. ¿Siguen escuchando mucho eso de “para ser una tía eres graciosa”?

Sí, de hecho hay una cómica que lo tiene en el título de su espectáculo. Noto una cierta involución a veces. No tengo la impresión de que cuando empezamos en el mundo del stand up comedy hubiese tanto diálogo. Que está muy bien, soy partidaria de hablar las cosas las veces que haga falta, y si se habla es porque es necesario y porque vuelve a haber opiniones muy machirulas sobre si existe el humor femenino, que es una cosa como si me dijeras, ¿existen los bolis femeninos? Pues no, los bolis los agarra cada uno como puede independientemente de lo que tenga entre las piernas. El humor es igual. Hay quien lo tiene bueno y quien lo tiene malo. No creo que haya un humor típicamente femenino o masculino.

Uno de los vicios que se le achacan al humor hecho por mujeres es caer demasiado en el activismo. Usted defiende que son compatibles siempre que la finalidad sea la risa. ¿No lo es siempre?

Eso es. Quiero entender algunas críticas precisamente por eso, porque de repente un espectáculo de humor se convierta en activismo y se olvide de hacer reír. Puedo entender esa especie de queja, pero también me doy cuenta de que yo he sido mucho más libre que esta generación de cómicas. Están sujetas a mucha más observación, tienen más haters, no sé si es una cuestión de las redes sociales o de cómo ha evolucionado el mundo de la opinión, pero creo que sí es necesario que se haga un poco de proselitismo y se siga hablando de la menor o mayor igualdad que tenemos las mujeres y los hombres. Igual que con nosotros, cuando empezamos, había monologuistas de los que nadie se acuerda porque no eran buenos, creo que es la calidad lo que hace el recuerdo. Así pasará.

Conoce bien a la generación Z. En el podcast Tú no me conoces, conversa con adolescentes sobre los temas que les preocupan. ¿Son sus preocupaciones muy distintas a las de hace unos años?

Creo que son las mismas, porque la situación es más hormonal que cualquier otra cosa. Hay muchos más despistes, el mundo de Internet hace que tengan mucho más donde elegir, pero también donde perderse. Hay otras preocupaciones, pero es una cuestión de salto generacional; siempre habrá cosas que no comprendamos de nuestros hijos; pero, en el fondo, la búsqueda de la personalidad propia, el alejamiento de la familia, es el mismo. Están sujetos o expuestos a otros peligros a los que nosotros no estábamos, pero, en el fondo, no creo que sea muy diferente. Escuchando a los adolescentes, nos dábamos cuenta de que es mucho más importante la búsqueda del yo personal que otras cosas. La gente de mi generación, en los 80, teníamos una sensación a lo mejor un poco falsa de más libertad, de menos censura, quizás también por todo lo que había habido antes, por la dictadura. Ahora hay una involución en lo que es políticamente correcto, que para nosotros no existía. Teníamos la sensación de estar luchando por poder ser más reivindicativos, más provocadores, y ahora se mira todo mucho con lupa. También es verdad que ahora es una situación más triste la que tienen, con guerras, pandemias, y todo lo que está ocurriendo.

En el podcast trata temas como el acoso, la salud mental, la identidad o el sexo. ¿Son temas que deben ser tratados desde la más estricta seriedad, o cabe la perspectiva humorística?

Yo soy partidaria de tratarlo todo con humor, porque sino mi profesión, y mi vida, se habrían ido al garete. Todos los temas del mundo son susceptibles de ser tratados con humor. De hecho, me parece que los más importantes son los que más lo necesitan, porque a veces es bueno quitar hierro. Otra cosa es que la forma en la que se traten sea más o menos brillante, y ahí es donde entra el que provoquen risa, llanto o incomodidad. Incluso la incomodidad es algo importante, desde que los humoristas eran los bufones de la corte, lo que hacían era incomodar al rey para poner el foco de atención en cosas que eran de interés general. Creo que el humor está para eso. La sátira, que tanto se demoniza, es necesaria para la vida. Si perdemos el humor y la capacidad de criticar, lo hemos perdido todo.

Estamos lejos de ese punto: se hace humor hasta con la guerra.

Es que yo creo que es una forma de catarsis y de entender lo complicada que es nuestra existencia. El humor es una ayuda. Siempre.

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