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La eterna dicotomía del amor

Iris Murdoch propone una visión realista y contundente del fenómeno amoroso en su obra ‘La máquina del amor sagrado y profano’

La eterna dicotomía del amor

Iris Murdoch (Dublín 1919-Oxford 1999) fue una escritora que enseñaba filosofía en la Universidad de Oxford. Aplicó sus conocimientos a las 26 novelas que publicó, así como a las narraciones breves, obras de teatro y poesía que salieron de su pluma; como profesional también dio a la luz publicaciones filosóficas, entre ellas la primera monografía en inglés sobre Sartre. Fue receptora de varios premios literarios importantes y recibió la distinción de Dama del Imperio Británico en 1987.

En La máquina del amor sagrado y profano, publicada en 1974, Murdoch explora la interacción de los aspectos más mecánicos del cerebro humano y un afecto tan extendido como es el «amor». Dicha combinación se manifiesta no sólo en la historia que desarrolla la novela, sino en los múltiples sueños que relatan sus protagonistas. El personaje principal, Blaise, es quien mejor personifica la aparente dicotomía entre lo profano y lo sagrado, la realidad y los sueños. Él es quien mantiene dos familias en la misma ciudad, alejadas una de otra, y quien, como psicoanalista, interpreta los sueños propios y los del resto de los personajes.

Cuando su esposa y su amante, madre cada una de un hijo de Blaise, convierten la convivencia y el silencio en algo imposible, él se siente incapaz de decidir con cuál de las dos familias quiere seguir adelante. Esta indecisión nos trae a la memoria el bolero popularizado por Antonio Machín en la década de los 1940, Corazón loco, en el que un hombre se debate entre «el amor sagrado, compañera de mi vida, esposa y madre a la vez» y «el amor prohibido, complemento de mis ansias».

La novela de Murdoch no tiene una explicación tan definida, a pesar de que Blaise la favorecería sin dudarlo; pero aquí hay dos madres y dos hijos que reclaman un marido y un padre a tiempo completo. Hay también amistades, cooperantes necesarias en un entramado de supervivencia tan complejo, que opinan, sienten y plantean, en sueños y en palabras, las muchas aristas que presenta la situación y los muchos análisis a que ésta se presta. Martin Amis, novelista británico, considera que el propósito de la maquinaria amorosa de Murdoch es demostrar que la aspiración máxima del ser humano es encontrar compañía y amor en la misma persona.

La autora explora la interacción de los aspectos más mecánicos del cerebro humano y un afecto tan extendido

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En la primera edición de la novela aparecía en la portada el cuadro de Tiziano Amor sacro y amor profano, en el que una misma mujer aparece ricamente vestida y, en el mismo plano, paralelamente, aparece desnuda, con un amorcillo jugueteando entre ellas. Es evidente que el amor sacro se refiere a la fidelidad y cuidados de la esposa y el profano al sexo y al erotismo de la amante, pero al ser la misma mujer puede que Tiziano estuviera de acuerdo con la imposibilidad de desligar uno del otro.

Blaise lo vive como un desdoblamiento anímicamente agotador, que lo convierte en «un hombre de dos verdades», ya que ambas vidas son para él valiosas y no está en su ánimo el perjudicar ni a una mujer ni a otra, ni a Harriet ni a Emily, ambas ya esposas para él. Pero Murdoch no nos deja caer en la tentación de simpatizar con Blaise; es un adúltero, que obró de mala fe respecto a su esposa y que compromete constantemente el desarrollo emocional de sus hijos, y en estos actos reside el aspecto ético de la historia.

Para no dar lugar a engaño, Murdoch inicia la novela con la visita subrepticia y nocturna del hijo ilegítimo a la casa de su padre, donde, agazapado detrás de un árbol, se deja ver por la esposa, por su hijo y por el vecino confidente del matrimonio. La primera parte refuerza ya la importancia de los hijos en el enredo paternal al finalizar con David, el legítimo, rondando el mismo árbol en la oscuridad, mimetizando a quien todavía no tiene en cuenta como hermano, pues fue, solamente, una imagen fugaz en su vida.

Emily percibe su debilidad y la de su hijo ante la sociedad, y en un momento dado expresa su frustración apelando al arquetipo: «Yo soy la carne y ella es el espíritu». Es precisamente la superioridad moral de Harriet, atendiendo a las normas sociales, la que obliga a Blaise a tomar una decisión; si Harriet le echara de casa, se iría con Emily, pero Harriet está respaldada por su situación de víctima y dispuesta a perdonar si su marido renuncia a las veleidades del amor profano.

Mediada la novela, después de la confesión de Blaise por medio de una carta a Harriet, ambas mujeres se reconocen y se enfrentan a sus demonios: para la esposa «todos los preciosos rituales domésticos estaban ahora alienados», mientras que la amante ha perdido su «arma secreta», la amenaza de hacer público el adulterio. Murdoch describe con realismo y con gran profundidad psicológica el estado de ánimo de ambas mujeres y su clarividencia a la hora de entender cuál es su situación en el mundo exterior, fuera del triángulo de sus pasiones.

Blaise, el hombre en torno al cual pivota la historia, permanece encerrado en su egocentrismo, satisfecho o desgraciado según sus mujeres le insultan o le ensalzan, y su autocompasión no cede en ningún momento. Para él, la situación ideal sería que sus «esposas» aceptaran hacer turnos como tales, yendo él de casa en casa como mejor le convenga. Ambas mujeres, que ya aparcaron sus proyectos profesionales para dedicarse a él, declaran estar hartas de «sus necesidades, sus teorías y sus desafíos».

Si bien la obra está escrita en tercera persona, los diferentes personajes se manifiestan en partes separadas e intercaladas a lo largo de la novela. Cada personaje expone abiertamente sus dudas y sus opiniones, nos abre su conciencia y refleja los diálogos mantenidos con otras personas según los ha percibido. Así, hay repeticiones de momentos claves, vividos desde diferentes puntos de vista. Sin duda, Iris Murdoch no quiere que nos complazcamos en la versión que concuerda con nuestra visión del tema.

Quien quiera abordar los recodos filosóficos de la novela puede leer el estudio de Martha Nussbaum, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2012, sobre la novela de Murdoch, publicado en 2013, basándose en el Fedro de Platón y la Divina Comedia de Dante. En él considera las variables del anhelo físico, del placer y del amor despojado del deseo sexual.

La máquina del amor sagrado y profano debería ser lectura obligatoria para entender las múltiples variantes que intervienen en los amores y desamores que nos rodean y que ocasionan tanto dolor y tantos traumas en quienes los sufren. Ver nuestro reflejo en las páginas de Murdoch nos permite diluir nuestras miserias en la inescapable maquinaria del cerebro humano.

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