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Música Pacho Flores Compositor y trompetista

«Al final la música es un pequeño país, es la representación de la sociedad»

Pacho Flores. Miguel Barreto

Pacho Flores estrena este viernes en el Auditorio de Tenerife su última composición, ‘Albares’. Lo hará de la mano de la Orquesta Sinfónica de Tenerife y con su compatriota el maestro Christian Vásquez a la batuta. El trompetista venezonalo, que se presentará frente al público a partir de las 19:30 horas, estrena también tres nuevos instrumentos hechos ‘ex profeso’ para ejecutar esta composición.

¿Qué es un fliscorno?

Es un instrumento de metal de la familia de las trompetas. En inglés se le llama flugelhorn y en francés bugle. Es, para mí y en cuanto a registro, como la viola. Hoy en día usamos fliscornos de cuatro pistones. Ese cuarto pistón ofrece un recurso adicional para bajar más de una octava. Ya deja de ser entonces una tesitura de viola, pasamos a una tesitura de violonchelo: súper amplia. 

Mas complicado, entiendo…

Lo complicado es aprender a conducir ese coche pero cuando aprendes y vuelves a uno normal, lo necesitas. Es un recurso que hemos incorporado en el siglo XXI para hacer crecer el repertorio de la trompeta, no solamente con las nuevas obras sino para que éstas tengan una nueva voz. Ahora tenemos un nuevo registro. Aún no está escrito en los libros pero es ya una realidad. Estamos usando instrumentos que en 20 años van a ser parte del programa de estudio de los conservatorios.

¿Por qué se decantó usted por la trompeta?

La trompeta es un instrumento que ha estado muy cercano a todas las sociedades. En España o en México, por ejemplo, hablar de la trompeta es esencial. En el Caribe, Venezuela, Cuba o Colombia, también. La trompeta es parte de toda la música tropical y popular. En Estados Unidos la vemos con el jazz, por ejemplo, y hoy en día se utiliza mucho. En el sinfonismo, en el periodo clásico y romántico específicamente, la trompeta fue un instrumento acompañante, de refuerzo. No estaba desarrollada, no tenía cromatismo y solamente podía hacer notas aisladas dentro de una tonalidad muy limitada. A finales del siglo XIX ya es más parecida a lo que conocemos hoy con la incorporación de los pistones. Se empiezan a desarrollar obras con solos de trompeta y a partir de ahí empieza a crecer el gran repertorio de la trompeta moderna, en el siglo XX. Hoy en día ya tenemos una variedad de obra tremenda. Yo estreno entre cuatro y cinco al año. Eso es un trabajo arduo, no solamente para mí como intérprete sino para promover todo eso con los compositores. Estas pesquisas han sido tan intensas que yo mismo me he llevado la tarea de ampliarlo también como compositor.

De hecho estrena usted pieza con la Sinfónica de Tenerife, Albares. Se presenta a la vez como solista y como compositor…

La semana pasada estrené un pequeño concierto en Murcia, de diez minutos. La que vamos a hacer aquí es una obra de 20 minutos, dura el doble. Tiene instrumentos nuevos y la orquesta al completo. Aproveché el recurso completo de la orquesta para escribirla.

Un lujo que la vaya a estrenar con nosotros… ¿Por qué?

La pandemia nos ha llevado a muchas cancelaciones. Estuve siempre intentando programarla y cuando tenía algún sí, se caía. Llegó la invitación de la Sinfónica de Tenerife y no dudé en que el proyecto era este. He tocado aquí una gama de repertorio amplio. La primera vez vine por la cancelación de un trompetista muy querido que se enfermó. Luego vine con un repertorio variado del barroco y en esta oportunidad hice Mestizo, que también es una obra de Efraín Oscher. Está basada en ritmos de Latinoamérica y al final tiene una gran salsa. A la orquesta y a todas las personas de aquí les gustó mucho esa onda.

Encaja mucho con nuestro carácter, ¿cierto?

Cuando hablamos de música latina, y en esto quiero insistir, no estamos hablando de latin barato. Estamos haciendo lo que el maestro Manuel Hernández-Silva menciona como música artística. Es la música que conocemos en la calle que viene del legado popular y que intentamos escribir para llevarla a una sala de conciertos. Como lo que hizo en su día Manuel de Falla. Tomamos el folclore para llevarlo al sinfonismo. Creo que toda esa música aquí es un gran acierto, sobre todo para los jóvenes. Evidentemente, la gente un poco más mayor lo va a disfrutar también. Además, estamos ofreciendo un catálogo grande. Por ejemplo, en este programa tenemos la quinta sinfonía de Chaikovski. No hay ser humano que no disfrute ese caramelo. Y, a parte, dos obras nuevas de trompeta. Una que se estrena, que es Albares, y otra de hace apenas tres años. No desmerecen nada a lo que puede ser una obra de Bartók o Dvořák.

¿En cada movimiento usará un instrumento distinto?

Es una locura total. En total, entre los dos conciertos serán ocho movimientos con ocho trompetas diferentes. Tres de ellas, las de concierto de fliscorno, nunca han sido tocadas antes. Colaboro con Vicente Honorato, vicepresidente de Stomvi, desde 2002. Es como un padre para mí. Le dije entonces que soñaba con un concierto para fliscorno, pero que eran fliscornos que no existían. Quería ampliar las tonalidades. Quería tener uno en do, con un timbre más brillante; un fliscorno grave en la, que yo llamo fliscorno vaso. Este segundo es envolvente y al mismo tiempo da un carácter muy dramático y melancólico por sus frecuencias graves. El último es un fliscorno en re. Es un fliscorno agudo, ese sonido no existía.

¿Son hechos ex profeso para usted y para esta pieza que se estrena hoy en el Auditorio?

Sí, específicamente. Y de momento son únicos, no existen más. Pero la apuesta y el sueño es que esto, una vez ya probado, empiece a ser parte de un catálogo donde cada trompetista pueda usarlos, sin trampa ni cartón. Mi música también queda a su disposición.

¿Donde se han elaborado esos fliscornos?

Todos los instrumentos que toco son españoles, de la fábrica valenciana de Stomvi. Por esa razón mi residencia está en Valencia. Cuando eres concertista no importa donde vivas. Puedes estar en París, Berlín o Caracas. El tema es tener un arraigo para tu casa y tu familia y de ahí viajar a todos lados. Los solistas siempre somos artistas invitados, no tenemos una titularidad.

Estamos usando instrumentos que en 20 años estarán en el programa de los conservatorios

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El director, Christian Vásquez, es compatriota suyo...

Más que compatriota es un hermano. Nos conocemos desde el 98, éramos niños de 16 años en la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela. Después pasó a ser la Orquesta Nacional Juvenil y luego fue otra ramificación de la Orquesta Simón Bolívar. Había una Orquesta Simón Bolívar A y esta se transformó en la B para hacer un proyecto académico donde la bandera sigue siendo Gustavo Dudamel.

Le iba a preguntar que qué tiene Venezuela que da tan buenos músicos pero creo que lo que tiene es una cosa que se llama El Sistema.

Esa es la respuesta. El Sistema, sus gentes, sus profesores, la mística, el trabajo y las condiciones, que son diferentes. Funciona para Venezuela. Siempre se ha dicho que El Sistema es exportable. Por supuesto que sí, pero tiene que ser adaptable a cada sociedad. No es lo mismo la problemática social que tiene Venezuela que la que tiene Escocia, por poner un ejemplo. Son mundos diferentes. 

Ya que lo menciona, Dudamel está haciendo cosas fuera en la misma línea.

Sí, él ya tiene muy avanzado ese tema en Los Ángeles con la YOLA. Con esta orquesta ha hecho un trabajo muy importante. Ahí, en California, hay una comunidad latina muy importante. Ha tenido muy buenos resultados porque son jóvenes que tienen hambre de aprender, hijos de emigrantes que fueron a buscar nuevas oportunidades. Hay buenas excusas para hacer algo grande. Y ahora que está en la Ópera de París, que es una ciudad que tiene suburbios y muchos emigrantes, han entendido que con Dudamel a la cabeza se pueden hacer cosas increíbles. Lo que les faltaba en Francia era una cabeza para hacer algo así y aunar todos sus proyectos.

¿Con la música se pueden hacer cosas muy grandes?

Sí, porque la música al final es un pequeño país, es la representación de la sociedad. 

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