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Amalgama

La gran simulación

Juan Ezequiel Morales El Día

En julio de 2015, el biólogo y neurocientífico Robert Lawrence Kuhn, doctor por la UCLA, y asesor del gobierno chino y de multinacionales que operan en China desde los años ochenta del pasado siglo, publicó en Space.com un texto fundacional. Apoyándose en diálogos con varios científicos, especuló con la posibilidad de que la humanidad sea actualmente el resultado de una creación de realidad virtual del año 2050, en el futuro. Se trataría de que todo lo que los humanos vemos y sabemos es un juego de ordenador, una simulación de un mundo.

Robert Kuhn citaba al autor de ciencia ficción y científico espacial David Brin, que establece la posibilidad de que en el año 2050 los humanos están viviendo una simulación de cómo era la vida a principios del siglo XXI: «Si estamos viviendo en una simulación, entonces todo es un software, que incluye todos los átomos en nuestros cuerpos, y puede haber puertas traseras que los programadores dejaron entreabiertas». Kuhn, en 1972, hizo un primer acercamiento a la semejanza básica entre los cerebros de los animales y los humanos, lo que le costó cortar con una potente asociación religiosa para la que había trabajado en un proyecto de Teología Sistemática.

Por su parte, el filósofo transhumanista Nick Bostrom, describe un universo falso como una «simulación de software rico en detalles de las personas, incluyendo sus predecesores históricos, por una civilización tecnológicamente muy avanzada». Bostrom habla de que «los cerebros mismos serían parte de la simulación. Se trataría de un programa informático gigantesco simulando todo, incluyendo los cerebros humanos con sus neuronas y sinapsis».

El «argumento de la simulación» de Bostrom quiere explorar tres posibilidades de civilizaciones superinteligentes: a) Todas las civilizaciones se extinguen antes de convertirse en tecnológicamente maduras; b) Todas las civilizaciones tecnológicamente maduras pierden el interés en la creación de simulaciones; y c) La humanidad está literalmente viviendo en una simulación por ordenador. La cuestión es que se exige que se trate de «todas» las civilizaciones, pues si sólo una, en cualquier lugar en el cosmos, pudiera generar tales simulaciones, entonces los mundos simulados se multiplicarían rápidamente y es casi seguro que la humanidad estaría en uno.

La gran simulación

En tercer lugar, otro visionario, Kurzweil (asesor de Calico, una de las brands de Google, que busca la inmortalidad transhumanista), estudia las implicaciones de lo que sucede con el tiempo cuando la potencia de cálculo crece exponencialmente, como está empezando a ocurrir en estos momentos de la historia humana. Para Kurzweil, una simulación potente y precisa no es significativamente diferente de la realidad real, y «las leyes físicas son conjuntos de procesos computacionales», lo que puede significar que «el universo es una computadora».

Finalmente, el físico Paul Davies usa la teoría de la simulación para desentrañar posibles contradicciones en la teoría del universo múltiple o multiverso: «Si se toma en serio la teoría de todos los universos posibles, incluyendo todas las variaciones posibles, por lo menos algunos de ellos deben tener civilizaciones inteligentes con suficiente potencia de cálculo para simular mundos falsos enteros. Y suponiendo que sólo somos observadores típicos, entonces es abrumadoramente probable que nos encontremos en un universo falso, no en uno de verdad». Davies prosigue que, si las leyes de la física de las que depende nuestro universo pueden ser simuladas, podría ser la física de este universo una falsificación, de donde, según Davies: «No podemos usar el argumento de que la física en nuestro universo conduce a múltiples universos, ya que también conduciría a un universo falso con física falsa». Esto socava el argumento de que la física fundamental genera múltiples universos, pues el razonamiento se derrumba en su propia circularidad.

Volvemos a Kuhn, quien señala que si pudiera ser que: (i) Existan otras civilizaciones inteligentes; (ii) que sus tecnologías crezcan exponencialmente; (iii) que no todas se extinguen; (iv) que no haya prohibición universal para ejecutar simulaciones; y (v) que la conciencia pueda ser simulada… entonces podría ser que la humanidad actual fuera una simulación. Evidentemente que el punto (v) de Kuhn es imposible porque la conciencia, en Occidente, no se sabe lo que es (mucho menos se sabe por la ciencia, que no existe, aunque se confunda con la tecnología), y para la filosofía oriental, más robusta a la hora de afrontar el Mundo, la conciencia es inherente e inaprehensible, fuera de la tecnología, mucho más allá de la ciencia, que es un constructo enfermo e ilusorio de los humanos cuando aprenden a utilizar la razón (como aprenden a usar la cuquita, que les da gusto y, entonces, piensan que son los dueños y creadores, y juegan).

Estamos a punto de entrar en un buen lío, no por el despabilamiento humano, ni mucho menos, sino por tres motivos: (1) la razón se desarrolla con independencia de los newton o los einstein, que son solo marionetas de la razón global, (2) el humano interpreta que la ciencia, de la que se siente creador, es la que produce la tecnología, pero la tecnología se produce sola, con unos o con otros, a tal punto que hoy día solo se razona en equipo, porque razona algo más que un humano, o sea, un conjunto superior de humanos, y (3) la razón, un fluido universal que es como una boria que deviene y se desarrolla sobre los seres colectivos cuyas percepciones salen de sus cuerpos y se trasladan a máquinas, ya tiene su plan, y lo está implantando.

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