El timple resuena con cinco cuerdas que abren una mirada infinita a la joven generación que lo toma entre sus manos.

Hirahi Afonso, Julia Rodríguez, Laura Martel y Abraham Ramos Chodo son una pequeña muestra de la gran inventiva que ofrece la seña canaria que fusiona sus raíces con las influencias jazzísticas, flamencas o los puentes venidos del pop y el rock a su cada vez más amplio repertorio.

Con un pulso fresco que rasguea sin miedo a experimentar, aprendiendo de las isas y malagueñas de antaño, beben de la tradición y de las enseñanzas de la tierra a la vez que amplían sus estudios en el exterior y profundizan en el potencial del instrumento que los acompaña. 

Julia Rodríguez (2001) tiene su corazón dividido entre los dos extremos del Archipiélago. Hija del majorero Domingo Rodríguez El Colorao y de su madre palmera, comenzó a tantear el instrumento en los cursos que impartía Blas Sánchez en Ingenio y Santa María de Guía, en Gran Canaria. Vive en Barcelona, acompañada de profesores como Dani Pérez o Carme Canela, donde versiona a referentes como Jorge Drexler y Silvio Rodríguez o escucha a Mercedes Sosa mientras estudia en la Escola Superior de Música de Catalunya (SMUC) canto y guitarra moderna y hace sus pinitos en el grupo Tabaiba Project. «Para mí, el timple son mis raíces y quiero que me acompañe a la voz y en las letras, como a los cantautores», comenta, dejando que se empape del rastro de los pasillos que reverberan con todos los géneros posibles.

Conoce a sus coetáneos y siente que caminan juntos en la distancia, siempre siendo la mejor oportunidad reencontrarse en cualquier parranda. «Me encanta estudiar y progresar, ¡mi padre me insiste en que vaya a los Estados Unidos! Creo que investigando es la mejor forma de seguir, es más, en el escenario soy la persona más feliz del mundo y busco el encuentro con el público, darles esa emoción». Su objetivo: encontrarse artísticamente y, pronto, mostrar un proyecto donde sus composiciones tengan lugar propio. 

En aquellas actividades extraescolares con El Colorao, y luego con José Antonio Ramos, también encontró Hirahi Afonso (1996, Las Palmas de Gran Canaria) un sentido a aquellas tapas y trastes con los que curioseaba los límites. Su primer álbum, Memento, fue galardonado por los Premios Canarios de la Música 2021, más sabiendo que en él está Silvia Pérez Cruz desgranando sus tonos. Pero no se conforma, desea borrar el rastro primigenio para enfrentarse a su próximo experimento. «Durante esa primera etapa, con Domingo y José Antonio, tuve dos perspectivas que combinaban la raíz con la exploración y, ahora, llevo el timple con mucho orgullo, pero estoy en proceso de construirme como músico y toco todos los palos posibles».

En marcha su segundo disco, lleno de colaboraciones internacionales y nacionales que empieza a adelantar con la Sra. Tomasa o Belén Lajalada, canta «el timple te guía y te lleva» en No me comprendes. Identifica que, a pesar de la insularidad, «tenemos que darnos cuenta de que salir enriquece y nutre: nuestra generación está abierta a internet, en donde vemos que somos un puntito más dentro del globo, a la vez que hacemos proyectos preciosos, con cariño, ganas y criterio».    

Historia y renovación en el timple

El instrumento como tal, cuya procedencia exacta se desconoce y bebe de la tradición renacentista europea y de los amasijos con los pueblos sudamericanos, data del siglo XIX, siendo Canarias su cuna. De gira por Estados Unidos, el timplista Germán López cuenta la historia de este instrumento dando saltos en el tiempo que intentan resumir la esencia de su evolución. En un principio, era de acompañamiento en las parrandas, por lo que no existía la figura de solista como tal hasta que el punteo de Nicolás Cabral, Argelio Rojas Rojitas, Totoyo Millares, Casimiro Camacho o Ramón Gil iniciaron el camino en la década de los 60 y 80 hasta que en los 90 se vivió, como él la llama, «la explosión».

Los tres grandes exponentes de esta década son el virtuosismo de El Colorao abanderando la folclórica junto al ámbito sinfónico que inició Benito Cabrera y la parte más experimental y de invención técnica que lograba José Antonio Ramos. «Pertenezco a este paso intermedio donde se puede vivir de la música como timplista, como Beselch Rodríguez, Yone Rodríguez, Pedro Izquierdo o Josele del Pino y, en la actualidad, hemos visto su entrada al Conservatorio con una formación reglada y donde, por fin, destacan mujeres timplistas».  

Laura Martel (1995, Valsequillo) prefiere evitar la clasificación por géneros cuando habla de música, aunque fue a los seis años cuando la técnica de folklore María Carmen Segura le cambió ese primer rechazo de las clases obligadas a pasión sostenida. Después de publicar el año pasado su segundo disco Notas para ti, con un sentido homenaje a su abuela, acompaña su faceta como profesora con la suerte de tocar, «no hay nada que no esté inventado, así que es momento de que cada uno enriquezca el timple con su personalidad», describe. Para ella, rasguear significa «una vía de escape con la que me evado de este mundo». 

Escuchar todo el tiempo, en bucle, ya sea al contrabajista Avishai Cohen, al saxofonista Maceo Parker, a Los Beatles, a Rosalía o a Los Sabandeños. La cuestión está en seguir profundizando. Abraham Ramos Chodo (1992, Las Palmas de Gran Canaria) empezó a tocar el timple abandonado de su abuelo Pancho. La curiosidad, virtud, lo llevó hasta el contrabajo hasta que volvió hace tres años del Conservatorio Real de La Haya. Fundó Artesonar y encontró un lugar impensable: el humor de La Chirimurga del Timple.

«Me acogieron e invento recursos nuevos para buscar un color distorsionado, un efecto de púa o adorno la melodía para recrear una balada, ¡es todo un reto!». Habla mientras mira a su vecino quitándole un níspero y también al horizonte: «Necesitamos profundizar en el timple, ese es el reto. Por ejemplo, desarrollar el lenguaje del jazz al completo, buscar una pedalera para el timple o reflexionar sobre qué itinerario seguirán los estudios del Conservatorio, donde hay tanto repertorio que estudiar para alcanzar una mejor técnica». 

Julia Rodríguez, Hirahi Afonso, Laura Martel, Abraham Ramos y centenares de niños y niñas que empiezan a inspeccionar las cuerdas y los trastes son el sello de una continuidad que no se limita. Un abanico de posibilidades se abre ante ellos como una nueva generación que coge el testigo de sus predecesores y toma el impulso de atravesar fronteras y estilos que nunca antes se exploraron

Escucha el son del timple

La amalgama de sonidos están en sintonía con la actividad que están desarrollando estos jóvenes por los circuitos culturales tanto de las Islas como en el exterior, ya sea en península o a nivel internacional. Las próximas fechas para escuchar a estos músicos son, por ejemplo, el 26 de marzo con Julia Rodríguez en el Ecojazz de Vega de Río Palmas, en Fuerteventura, tras haber participado en la presentación del disco Libres en el Teatro Leal de La Laguna. Mientras, a Abraham Ramos lo encontrarán arrancando risotadas con la Chirimurga del Timple en el Teatro EDP Gran Vía de Madrid el 27 de marzo y el 3 de abril de vuelta a Tejeda. En cuanto a Afonso y a Martel, se reservan confirmar fechas que están muy próximas en sus calendarios, a los que habrá que estar atento, pero se escuchan los ecos de Canadá, quién sabe cuándo se anunciarán giras. | C.R.