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Canarismos

Más canario que el gofio

Luis Rivero

El dicho establece un parangón entre la canariedad o condición de canario con uno de los productos más típicos de la gastronomía isleña para exaltar así la circunstancia de que alguien o algo es genuinamente canario. El gofio —como es sabido— se extrae de la molienda de cereales tostados como el trigo, la cebada, el millo o el centeno, y en ocasiones también de algunas legumbres (como mismo en épocas de seca y hambruna se recurría al cosco, a las algarrobas o a los chicharos). «Gofio» es una de las pocas voces indígenas que se mantienen vivas en el español de Canarias y su difusión ha traspasado nuestras fronteras naturales (el término lo llevaron consigo los emigrantes canarios a América, quedando así incorporado a los léxicos de distintos países de aquella región). Los primeros pobladores de las islas, procedentes del norte de África, trajeron consigo semillas de cebada y trigo, además de legumbres varias (como lentejas, judías o arvejas), lo que permitió el desarrollo en algunas islas, o en determinadas zonas de estas, de una agricultura de subsistencia que es la base de los cultivos tradicionales posteriores que han llegado hasta nuestros días. [El millo, como cereal introducido desde América, obedece a un uso más tardío en la elaboración del gofio].

Parece claro que este producto de alto valor nutritivo constituyó un alimento básico en la dieta de los primitivos canarios, como mismo ha sido, en el curso de la historia, sustento de la población canaria actual. De manera que queda fuera de toda duda que el gofio forma parte de la herencia cultural aborigen que ha llegado hasta nuestros días como un producto alimenticio que se ha ganado la fama de «genuinamente canario». Pero ¿qué quiere decir?

Probablemente, lo primero que nos sugiere la expresión por asociación automática de ideas es que hace referencia a alguien cuyos lazos de consanguinidad ascendente lo vinculan al territorio insular o lo que es lo mismo: que es canario «por los cuatro costados» [expresión que viene usada para referirse al linaje de alguien y en la que el plural «costados» designa, en la genealogía, las líneas de los abuelos paternos y maternos («los cuatro»), y de ahí el sentido de la locución «por los cuatro costados»]. Es decir, alguien en el que resulta patente su ascendencia canaria.

Y esto conecta con un aspecto cuando menos curioso, esto es, de cómo el tener origen isleño pasó de ser un estigma del que muchos se avergonzaban en el pasado y trataban de ocultarlo, hasta tiempos más recientes, en los que –coincidiendo con el resurgir del nacionalismo canario en los años setenta– este origen se exhibe con orgullo. Como mismo con orgullo se posee hoy un apellido «guanche» como: Bencomo, Chinea, Tacoronte, Oramas o Guanche. «Vínculo de pertenencia» a una estirpe antigua que parece procurar un cierto prestigio social a los así apellidados.

Pero «canario» se dice también de quien ha nacido o se ha criado en Canarias, a quienes se les reconoce socialmente, por una especie deius solide facto, la condición de isleño (aun cuando su ascendencia no lo sea) porque se sienten integrados y se identifican con la tierra que los vio nacer. Por otra parte, la expresión «ser más canario que el gofio» puede aludir también a quienes hacen de la canariedad un bastión. Aquellos que enarbolan la bandera de «todo lo canario», a veces hasta la exacerbación. Esto nos sitúa frente a otro concepto extendido pero difuso, del que a menudo se da por hecho su significado (aunque no siempre queda claro): la «canariedad». La canariedad sería algo así como poner en valor la cultura e idiosincrasia de los canarios, con especial consideración de los distintos elementos identitarios como pueblo, abrazarlos y exaltarlos.En cierto modo, «lo canario» tiene mucho más que ver con «la canariedad» que con esa suerte de «pedigrí» que se asigna socialmente a los nacidos en las islas o al «canario de pura cepa».Aunque a veces esas «señas de identidad» arraigadas en el imaginario se correspondan solo con un repertorio de elementos «folclóricos», a menudo asociados a clichés como «las papas arrugadas con mojo», «entonar isas y folías» o «vestir el traje de mago». Estos elementos del tipismo canario, aunque capaces de despertar la emotividad sensiblera del isleño, parecen cumplir una finalidad puramente estética, propia de las celebraciones del día de Canarias, de fiestas populares y romerías.

Y que funcionan más como estereotipos «de lo canario» que como forja de la consciencia de pueblo archipielágico (más que insular) y de los auténticos valores latentes en el «alma colectiva»; valores de los que sentirnos dignos y orgullosos, haciendo de estos verdaderas señas de identidad.

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