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Gira 'Sin cantar ni afinar'

C. Tangana reinventa el espectáculo de masas en el WiZink de Madrid

El artista dinamitó el concepto de estrella en un 'show' extrañamente íntimo y orgánico en el que cedió el protagonismo a los invitados

C. Tangana, durante su actuación en Madrid. EP

"Es el concierto más importante de mi puta vida". C. Tangana consiguió el sábado abarrotar el WiZink Center de Madrid con más de 15.000 personas en el show capitalino de su gira de presentación de 'El madrileño', el disco que lo ha catapultado a los altares de la música contemporánea gracias a su arrebatadora fusión entre la tradición y el presente, entre el flamenco-pop, los ritmos latinos y las músicas urbanas.

Consciente de la importancia de esta actuación 'en casa', el artista se rodeó de una impresionante batería de invitados, dinamitando por completo el concepto de estrella de la función. Pucho se acompañó de ellos, ejerció de anfitrión y les dio su espacio en el escenario de una forma profundamente generosa.

El concierto estuvo planteado a modo de velada, con sus entrantes, sus primeros y segundos platos y el postre, en un decorado al estilo de una coctelería con los comensales en sus respectivas mesas, siete en total, con sus lamparitas y sus botellas de whisky y anís, a las que, entre otros, se sentaban El Niño de Elche, El Bola, miembros de la familia Carmona y La Húngara, que participarían de forma activa a lo largo de todo el espectáculo. Un bar repleto de copas, con barman incluido y amigos respaldados por una banda, coros, sección de cuerda (a un lado) y sección de viento (al otro) que iba moviéndose por todo el espacio. En total, una veintena de músicos.

La intimidad de la propuesta contrastaba con las dimensiones del recinto. Quizás por eso, varias cámaras se encargaron de registrar los detalles, casi como si se tratara de una obra cinematográfica filmada en directo y emitida en tres pantallas gigantescas, para que el público pudiera sentirse también invitado a la reunión de amigos de C. Tangana. En ese sentido, la puesta en escena y la concepción visual (obra de nuevo de Little Spain) resultó fundamental y amplió el imaginario que ya se había desplegado en los videoclips y en las actuaciones grabadas a modo de sobremesa, así como en su actuación en la ceremonia de los últimos premios Goya.

Casi desaparecido

En los entrantes se desplegaron algunos de sus 'hits' más recientes, como ‘Te venero’, junto a Rita Payés, ‘La culpa’, con Omar Montes, o ‘Ateo’, con la siempre arrebatadora Nathy Peluso, para terminar la sección con ‘Demasiada mujer’, más techno, no sin antes dejar al público afónico al son de ‘Qué coño me ha pasado’, el estribillo de ‘Nominao’, en este caso sin Jorge Drexler. Tampoco estuvo presente Andrés Calamaro para cantar ‘Hong Kong’. Pucho se presentó con gafas de sol (de Gucci), traje oscuro sin camisa y pañuelo de seda, acorde a la sobriedad de sus últimos tiempos, moviéndose por las mesas y sentándose a ellas, repartiendo abrazos de buen rollo, en ocasiones incluso casi desapareciendo para dejar paso a su gente.

El segundo acto (en este caso, los primeros platos, siguiendo con la comparación culinaria) se abrió con la mítica mesa planteada en el Tiny Desk de NPR, pero en este caso de proporciones gigantescas, en la que por supuesto estuvieron invitados Kiko Veneno y Antonio Carmona. C. Tangana en el centro, como si se tratara de una estampa de ‘La última cena’ junto a El Niño de Elche y La Húngara, sus dos escuderos. Fue la sección más improvisada y los temas iban sucediéndose de forma continuada, algunos en forma de 'medley', pasando de ‘No estamos locos’ a ‘Noches de bohemia’, ‘Aunque tú no lo sepas’ o ‘Volando voy’ (también ‘Corazón partido’), junto a ‘Ingobernable’, Me maten’ o ‘Tranquilísimo’. 

No hubo momento para el aburrimiento. Pucho se mostró tranquilo, seguro de sí mismo y de la propuesta que estaba presentando, original, ambiciosa y contundente. El escenario era una fiesta constante. A pesar de la cantidad de gente que se acumulaba, todo parecía desarrollarse de una manera orgánica.

Página pasada

Prácticamente no hubo guiños a su anterior faceta rapera y reguetonera. C. Tangana la ha dejado atrás, ha pasado página y tan solo rescató algún tema esporádico como ‘La limo’. Ni rastro de la masculinidad tóxica que destilaban sus primeros trabajos, más allá de alguna referencia a los culos de las mujeres y el empotramiento carnal de ciertas canciones de ‘El madrileño’.

Consciente de sus puntos débiles, ha llamado la gira ‘Sin cantar ni afinar’, verso contenido en ‘Tu veneno’, una canción junto a El Niño de Elche en la que ya se cuestionaba su faceta artística. Fue uno de los postres en un despliegue perfectamente milimetrado que rondó las dos horas. No hubo bises, el espectáculo estaba cerrado en sí mismo, con sus títulos de crédito para culminar un show destinado a pasar a la historia por su capacidad de reinventar el espectáculo tradicional de masas

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