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La gran generación de realizadoras españolas

Clara Roquet recibía el premio a la mejor dirección novel de los Goya 2022. El Día

Fue una de las imágenes más poderosas de la última ceremonia de los Goya: Clara Roquet recibía el premio a la mejor dirección novel por Libertad de manos de las ganadoras de las dos ediciones anteriores, Belén Funes (La hija de un ladrón) y Pilar Palomero (Las niñas). Era la constatación, por si quedara duda, del desbordante talento de una generación de jóvenes cineastas españolas que ha hecho de su mirada cinematográfica, altamente sensible, detallista y decidida, un sello de identidad, y cuyo último y asombroso peldaño fue el Oso de Oro para Carla Simón por Alcarràs.

También en 2018 y 2019, el Goya a la dirección novel había recaído en mujeres: la propia Simón por Estiu 1993 y Arantxa Echevarria por Carmen y Lola. Dicho de otro modo: cinco ganadoras a la mejor ópera prima en las últimas cinco ediciones de los premios del cine español. «Está claro que esto no pasa por casualidad. Es el fruto de muchas cosas, pero lo más importante es que, por fin, las jóvenes cineastas tienen referentes femeninos donde mirarse», explica la directora Judith Colell.

Mar Coll (Barcelona, 1981) se llevó el Goya a la dirección novel en 2009 por Tres días con la familia y ha realizado la serie Matar al padre. Muy amiga de Simón, sintió, nos confiesa, «gran alegría por ella, mucho orgullo y admiración». Es una sensación mutua: la ganadora del Oso de Oro aseguraba estos días que, si alguien es «punta de lanza» de algo, esa es Coll. «Es muy posible que yo ni me hubiera dedicado al cine de no haber visto Tres días con la familia. Para mí supuso una revelación: vi que una mujer joven podía hacer películas aquí y en catalán», afirmaba Simón en una entrevista con este diario. Para Coll, este auge de jóvenes realizadoras no es flor de un día: «La situación está cambiando porque se han hecho esfuerzos desde muchos sectores. Queda mucho por hacer, pero poco a poco se está estableciendo una tendencia hacia la paridad».

Coll y Colell vinculan el boom de películas dirigidas por mujeres a «las escuelas de cine», que en algunos casos han suplido con grandes esfuerzos desde la producción la ausencia de una industria cinematográfica real». Como profesora de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC) Coll observa «un perfil de mujeres perseverantes, con gran capacidad de compromiso y exigencia, y eso es esencial para superar los muchos inconvenientes» a los que se enfrentan.

Belén Funes (Barcelona, 1984), directora de La hija de un ladrón, asegura que saltó de alegría viendo el vídeo de la ceremonia de los premios de Berlín: «Me hace una ilusión tremenda que Carla y que la gente que la acompaña hayan llegado hasta ese lugar que parecía tan lejano hace poco. Es una conquista mayor para nuestro cine, para el género y sobre todo para toda la gente que cree en lo personal como un motor de creación imparable. Y además demuestra una cosa: invertir en cultura sale a cuenta, merece la pena apostar por el talento y fuera hay mucha gente queriendo ver las historias que hacemos desde aquí».

Para Neus Ballús (Mollet, 1980), quien, con Seis dias corrientes, logró en el último festival de Locarno el premio a la mejor interpretación masculina para dos de sus actores, «es evidente que la incorporación progresiva de las mujeres a los espacios de liderazgo, sobre todo dirección, guion y producción, está renovando el cine español en términos de lenguaje, contenido y formas de trabajar». La directora de La plaga, que participó en la Berlinale de 2013, considera que «los festivales y los premios ya están reconociendo ahora estos factores innovadores, renovadores y originales. Sería necesario que la industria, las instituciones y nuestro público creyera con la misma fuerza».

Prolongarse en el tiempo

Pilar Palomero (Zaragoza, 1980) arrasó en la penúltima ceremonia de los Goya con su ópera prima, Las niñas, que obtuvo los premios a mejor película, dirección novel, guion y fotografía, además de la Biznaga de Oro en Málaga. Como Ballús, percibe que estamos viviendo un momento histórico «con tantas directoras con esta repercusión, pero no debemos perder de vista —advierte— que es algo que debe continuar. Ha habido un cambio muy grande en estos últimos 10 años y debe prolongarse en el tiempo». La directora de Las niñas apunta que «el premio para Alcarràs no solo beneficia a Carla, sino que a toda la industria. Ojalá anime a otros festivales internacionales para seguir apostando en sus secciones oficiales por películas realizadas por cineastas españolas».

Clara Roquet (Malla, Osona, 1988) ha sido de momento la última en recibir el Goya a la mejor dirección novel por Libertad. «Se está haciendo un buen trabajo desde las instituciones y es positivo el compromiso por parte de los productores en apostar por estas películas», explicó tras ser galardonada. Libertad, su primer largo, participó en la Semana de la Crítica del último festival de Cannes, antes de triunfar en los Goya, donde se llevó el premio a mejor actriz de reparto para Nora Navas.

El colosal éxito de Simón, y la inevitable sensación de euforia, no debe, sin embargo, ocultar algunas evidencias. Aún no se cuenta con las directoras para las cintas de gran presupuesto. «No es porque no queramos. No es un misterio saber por qué el cine que hacemos las mujeres es intimista y de bajo presupuesto. Simplemente no se piensa en nosotras. Es insólito el caso de Chloé Zhao, que ha dirigido Eternals para Marvel, y de Patty Jenkins, que ha hecho Wonder Woman. Es un escollo que hay que evitar», apunta Colell.

En términos similares se expresa Arantxa Echevarría (Bilbao, 1968), Goya a la dirección novel en 2019 con Carmen y Lola. «Yo me siento una privilegiada y una excepción porque, tras mi ópera prima, que dispuso de un presupuesto ínfimo, me ofrecieron hacer La familia perfecta con cuatro millones. Pero yo he tenido una suerte bárbara. Al final se confía más en los hombres cuando hablamos de muchos millones, porque se piensa que nosotras solo podemos hablar de temas muy intimistas, muy de mujeres», afirma la directora, una de cuyas ilusiones sería dirigir una entrega de Fast & furious. «Hacer lo que hizo Zhao con Eternals es un poco el sueño de todas. Yo hago cine de autor de vocación social, es verdad, pero hay una parte infantil en mí que siempre ha deseado hacer la peli de una saga. Ya lo hace Bayona, y a lo grande. ¿Por qué no puede hacerlo una mujer?», se pregunta Echevarría, que avisa de que, atención, el Goya a la mejor dirección novel de 2023 también puede recaer en una directora: «Fíjate lo que viene detrás: tanto Carlota Pereda, que ha triunfado en Sundance con Cerdita, como Alauda Ruiz de Azúa, que ha hecho lo propio en Berlín con Cinco lobitos».

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