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Entrevista

Olga Merino: "No hay medias tintas con Rusia: o te enamoras o te vas por piernas"

La autora de 'La forastera' fue corresponsal de 'El Periódico' en Moscú entre 1993 y 1998, justo cuando acababa de desplomarse el imperio soviético y aquello era el 'Far West'

Olga Merino, ante la antigua redacción de ’El Periódico’, este mes.

Queda claro en 'Cinco inviernos' que le interesan más las personas que los datos. ¿Cómo afectaban las purgas de Stalin, con entre seis y 20 millones de muertos, a las relaciones sociales en la Rusia que usted conoció?

Por un lado notabas que debido al miedo a las delaciones la gente era muy reacia a hablar. Y sobre todo con un extranjero, estaba penado durante el régimen soviético tener relaciones con un extranjero. Podían empurarte como enemigo del pueblo. Pero por otro lado si hay algo que une a los rusos atravesando generaciones y clases sociales, dentro de las pocas clases sociales que había, es el papel de la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Ahí papá Stalin nos salvó. Es controvertido. Se notaba desconfianza y mucho sufrimiento a cuestas, lo que hacía que se perdiera 'finesse' en el trato.

Olga Merino, frente a la Casa Blanca (Sóviet Supremo), tras el bombardeo decretado por el presidente Borís Yeltsin, en octubre de 1993. Archivo

Entre Solzhenitsyn y Shalámov, su voto es para el segundo. ¿Por qué?

Son la noche y el día. 'Archipiélago gulag' me pareció bastante peñazo. No me lo acabé. Está muy bien lo que hizo Solzhenitsyn, entrevistar a unos 200 sobrevivientes del gulag y todo eso. Se llamaba archipiélago gulag porque los que estaban en los campos de trabajo, esparcidos por toda la geografía rusa y aislados, se consideraban como una isla cada uno de ellos y todas las islas formaban un archipiélago. Y cuando ellos se referían a la gente que no estaba en los campos se referían al continente. Solzhenitsyn se llevó el Nobel, un Nobel político, pero literariamente es mucho más fino Shalámov. Shalámov llamaba a Solzhenitsyn usurpador de testimonios ajenos, mientras que él es la vida y el sufrimiento desnudos, al hueso. Es una cuestión de piel.

A mi madre le tuvieron que coser la cabeza a la fuerza, después de que viéramos una pierna cortada en un cubo, en un pasillo del hospital

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Es también su postura: vidas y vidas, más que episodios históricos.

Exacto. Y la de cosas que no he puesto. En las estaciones de tren abundaban los chavales como nuestros menas ahora, o abandonados o fugados de orfelinatos. Delincuentillos de 11, 12, 13 años. Esnifaban pegamento y atracaban especialmente a los borrachos, como una jauría. A uno el borracho de un manotazo lo estampaba, pero como eran siete, ocho, nueve pues le robaban todo. Y allí nadie se preocupaba por nadie.

Va a una clínica dental y se las pira nada más ver el panorama. Como los ricos de la Inglaterra victoriana anterior a los métodos antisépticos de Joseph Lister, que se hacían operar en casa, concluye que la mejor manera de no enfermar es mantenerse lejos de los hospitales.

Había un hospital americano pero era de pago y ni me acerqué porque imagínate qué precios. El drama fue que creyeron que arriando la bandera soviética y aplicando las recetas occidentales para transformar las economías de los países pobres, aquello iba a funcionar. Pero, claro, aquello era otra cosa. No había dinero. Los médicos no cobraban, no había medios. Cuando vi aquello se me curó. 'Por cojones esto se tiene que ir solo', pensé. Sería un flemón. Mi madre, que no había ido ni a Andorra, vino a verme una vez. En San Petersburgo, en un 'perejod' [pasos subterráneos para cruzar las grandes avenidas], la arrolló un armario con patines. Le tuvieron que coser la cabeza en un hospital. A la fuerza, porque se quería marchar después de que viéramos una pierna cortada en un cubo, en un pasillo.

El Quijote podría haber sido ruso perfectamente. Idealista, romántico…

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Se confiesa rusófila. Eso es un poco como enamorarse de un ogro caníbal, ¿no?

No hay medias tintas con Rusia. O te enamoras o te vas por piernas. Parece que esto va de piernas. Hubo corresponsales que no se adaptaron y tuvieron que irse. Pero hay muchas cosas que te enamoran. La construcción cultural que hemos hecho de lo que es España y lo que es Rusia, son muy parecidas en muchas cosas. El Quijote podría haber sido ruso perfectamente. Idealista, romántico… En el fondo son dos países con una historia muy trágica. Fue un descubrimiento para mí. Hasta entonces me tiraba más lo anglófilo y lo latinoamericano.

La literatura rusa ayudó, pero parece que aún más el pueblo.

Es que fueron héroes aquella gente. La historia a veces es muy cruel. Simplemente consigna los grandes hechos. Vale, se acabó la URSS y tanto tiempo después Rusia no es una democracia pero bueno. Hubo tanta gente anónima que se quedó por el camino... Sobre todo la gente mayor de 50 años: de repente tu país no existe y tú tampoco existes.

Olga Merino, con tres generales soviéticos, uno por cada rama del Ejército, veteranos de la segunda guerra mundial, frente al monumento al teniente general Dimitri Karbishev, en 1995. Xavier González

De sopetón se encontraron con que su vida había sido una mentira y un fracaso.

Y sin recursos, como la gente joven, para buscarse la vida. La caída de la expectativa de vida fue tremenda. Si en el 88 la expectativa de vida de los varones estaba en 65 años, durante los primeros 90 decayó a los 56 o 57. Y ahí te las compongas. Por eso me admiran también; aparte del comunismo, todo ese blablablá, desarrollaron un instinto comunitarista para sobrevivir.

¿Es literal o figurado que los precios subían mientras se hacía cola?

Algún día me ocurrió. Cuando yo llegué la inflación estaba en el 2.500%. Se te deshacían los rublos en las manos. Se pensó que la terapia de choque iba a funcionar y aquello fue una merienda de negros. Que no se ha contado bien o no ha interesado contar bien. Porque toda la privatización de la industria soviética fue una vergüenza.

Los soviéticos pararon a los nazis con barricadas de carne

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¿Cómo se plantaba ante una tanquista que había tomado Berlín o ante militares que habían combatido en Stalingrado?

Igual peco de rusofilia, pero nos vendieron la historia de que la Segunda Guerra Mundial la ganamos gracias a que el Tío Sam entró en guerra. Pero, coño, los soviéticos pararon a los nazis con barricadas de carne. 20 millones de muertos. 900 días en el cerco de Leningrado resistió la gente, haciendo sopa de lomos de libros, con casos de canibalismo. Y en Stalingrado, casa por casa. Y luego, hacia Berlín... Ojo, cuando los rusos llegaron a Berlín es otra. Pero a mí eso me emociona y me quito el sombrero.

¿Por que tenía la sensación de que la mujer de la limpieza, ingeniera, la despreciaba?

Tenía esa cosa.

Extrapolación bestia: yo tengo la sensación de que los rusos desprecian a los occidentales. Por débiles.

No me atrevo a hacer una formulación general, pero sí que es verdad que ellos se consideran fuertes, aman el frío, su cultura popular está llena de figuras que ensalzan el frío. Su Papá Noel es Papá Helado, 'Ded Moroz'. La diferencia me hacía sentir muy mal, era una privilegiada frente a ellos. Aunque tampoco se mataba la chavala.

Putin es precisamente el producto de la humillación que pasó la URSS al venirse abajo

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Se encontró una sociedad humillada pero a la vez orgullosa, al menos de manera latente. ¿Puede explicar esta dualidad?

El que ha sabido dar en esa fibra es Putin. Putin es precisamente el producto de la humillación que pasó la URSS al venirse abajo. Parecía que nos regodeáramos, 'mira, estos ahora comen de nuestra manita'. No quiero a Putin, pero se ha ido ampliando la OTAN, creada contra la Unión Soviética, que ya no existe, y Putin es el que ha dicho 'eh' y les ha devuelto ese orgullo que sin duda tienen. Y por eso sigue teniendo unas cuotas de popularidad importantes. Es que les han puesto los misiles en el culo. No puedo defender a Putin porque es un dictador, pero la OTAN creía que lo tenía todo hecho y no. Putin ha sabido recuperar la autoestima de los rusos, sonando a libro de autoayuda.

¿Existe el alma rusa?

Seguro que es una construcción cultural, pero ya viene del siglo XIX. El corazón partido entre Europa y Asia. Ni una cosa ni otra. La nostalgia. Ese anhelo por la patria perdida. Idealistas y románticos. En el fondo la revolución es un ideal romántico llevado a la locura: vamos a construir la patria del proletariado. Salió como el culo, pero la idea era buena. Y un espíritu comunitarista muy fuerte, de antes del comunismo.

¿Cómo vivía con tanto frío?

Yo tenía calculado que lo máximo que aguantaba, yo, mi cuerpo, a 20 bajo cero era como mucho media hora, siempre en movimiento, y entonces tenía que entrar en un sitio y tomarme algo caliente.

Naces con el don de la escritura, pero también con el látigo. Para fustigarte

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Pertenece usted sin duda a la categoría de los escritores sufridores.

Para bien o para mal.

¿Tiene sentido pasarlas canutas para escribir?

Tenía terror a la escritura. Lo tenía tan idealizado que me paralizaba. Es horrible, es como lo que dice Truman Capote en el prólogo de 'Música para camaleones'. Naces con el don pero también con el látigo. Para fustigarte. La verdad también es que curraba como una cerda. O sea, que mucho tiempo no tenía. En el periodismo nunca desconectas. Te ibas al cine y cuando volvías a casa y veías el contestador con la lucecita roja... Vuelta a empezar. 'Oye, hemos visto en Reuters que...'

Si hay una figura periodística mitificada es la del corresponsal. Usted en cambio se presenta como una panoli que llega ahí.

Es que era una panoli. Normalmente quien se va en la prensa anglosajona a una corresponsalía como la de Moscú, en ese momento además, es alguien curtido. Y yo tuve mucha suerte en ese sentido. Fue una carambola. Era así: joven e inexperta.

Me reconozco en la vocación y en la honestidad

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¿Qué opina de la Olga Merino reencontrada en las libretas rusas?

Me veo ingenua, muy cría, ¡y lo que me importaban las batallas del corazón! Después vas haciendo callo. Pero hay dos cosas en las que me reconozco: la vocación y la honestidad. Creo que siempre me he acercado a las historias de la gente con honestidad.

La parálisis y el trabajo periodístico casi la convierten en una Bartleby de la literatura.

En el fondo lo soy y a veces lo pienso. Me he plantado en los 56 años y mis obras completas son cinco. Para una vocación tan temprana... Coño, es poca producción. Si fuera una empresa estaría en quiebra total.

Casi se la oye ronronear de gusto cuando escribe sobre sus lecturas de entonces, rusas y no rusas.

Intertextualidad, lo llaman, ¿no? Es bonito que los libros se hablen los unos a los otros.

¿Cómo se dice felicidades en ruso?

'Pozdravlenia'.

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