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Entrevista

Elvira Sastre: "Compartir poemas en las redes es revolucionario"

La poeta ha logrado que miles de jóvenes devoren sus poemarios, llenen hasta la bandera sus recitales y compartan sus versos con fruición en las redes

La poeta segoviana Elvira Sastre, fotografiada en Madrid.

Hace casi una década, Elvira Sastre (Segovia, 1992) se plantó en Madrid con la excusa de cursar Estudios Ingleses en la universidad y la secreta voluntad de no parar de escribir. Si nunca hubo tiempos buenos para la lírica, los de ahora parecen discurrir en las antípodas. Sin embargo, en estos años ha logrado revitalizar la poesía hasta convertirla en un artículo de consumo masivo, sobre todo entre el público más joven

Su medio millón de seguidores de Instagram (en Twitter acumula otros 220.000) comentan y comparten con devoción cada poema que publica, sus recitales reúnen audiencias propias de una estrella de rock y en su web vende discos y camisetas con sus versos musicados y estampados. Los seis poemarios que lleva publicados la señalan como la gran esperanza blanca de un género hasta hace poco denostado, pero ella se declara asombrada por todo lo que ha vivido en estos años. Lo explica en 'Madrid me mata' (Seix Barral), relato en primera persona del nacimiento de una estrella de la literatura. 

Tiene muchos fans y lectores, pero otra mucha gente no la conoce. ¿Cómo se presentaría?

Soy poeta, y con mucho orgullo. Poeta, no poetisa, por favor. Esa palabra me da mucha rabia porque ha servido para discriminar a las mujeres que escribimos poesía. También traduzco libros, publico artículos de prensa y he sacado una novela. Hago todo lo que dejen hacer con las palabras.

¿Tiene claro por qué escribe?

Porque me ahogaría si no lo hiciera. Necesito encontrarle el sentido a todo lo que siento, ya sea miedo, alegría, ira o el dolor más absoluto. Y ese sentido me lo dan las palabras. Cuando vivo algo que no logro entender, lo pongo en un papel y solo entonces puedo afrontarlo, superarlo o aceptarlo. 

¿Es como una terapia?

La poesía ha sido durante años mi terapia. Después he vivido cosas que no he logrado resolver con la escritura y he tenido que llevarlas a la consulta del psicólogo. Pero esa sensación de estar hecha polvo y poder expresarlo en unos versos me ha ayudado mucho. Verte reconocida en un poema es sanador, aunque escribirlo sea a veces doloroso.

"Verte reconocida en un poema es sanador, aunque escribirlo sea a veces doloroso", Elvira Sastre

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¿Sufre escribiendo?

En ocasiones sí, pero es un sufrimiento hermoso, porque es real. Yo no hago poemas para estar feliz, sino para sentirme viva, y eso incluye tener que llorar a veces mientras escribo o leer en público mis versos envuelta en lágrimas. Forma parte del trato de estar viva.

Defender la poesía en los tiempos que corren suena contraintuitivo.

Precisamente por vivir en este mundo tan quebrado, la poesía es más necesaria que nunca. Por eso, cada vez se venden más libros de poemas y los recitales están más llenos de público. En un tiempo marcado por la prisa, donde todo es fast food y superficialidad, la poesía te permite conectar con tu interior sin ruido ni contaminaciones. La gente necesita parar y la poesía ayuda a lograrlo.

Llegó a reunir 4.000 espectadores en un recital de poesía en el Wizink Center de Madrid. ¿Qué buscaban esas personas?

Comprensión, sentir que alguien siente lo que tú sientes y que ha sabido ponerle palabras a eso que llevas dentro. También buscan seguridad. Saben que en ese lugar pueden apagar la mente, dejarse llevar en un viaje emocional y salir del recital habiéndolo llorado todo y en paz. 

Recital multitudinario de la poeta en Buenos Aires, en 2019. VALERIA TRIAS

¿Esa necesidad no estaba siendo atendida?

La poesía estaba encerrada en cajones y nos habían contado que solo podían entenderla unos pocos. Era mentira. Solo había que sacarla de ahí y acercarla al gran público. Mi objetivo es hacer que llegue a mucha gente. Por eso, aparte de escribir libros, doy recitales en escenarios grandes, saco discos de poemas, vendo camisetas con mis versos o los comparto en mis redes sociales. 

¿Las redes son adecuadas para la poesía?

Son perfectas. De hecho, son muy responsables del 'boom' que vive la poesía en este momento. Le han dado visibilidad y la han acercado a un público que, sin buscarlo, ha encontrado versos con los que ha conectado. Compartir poemas en las redes es revolucionario.

¿Tener medio millón de seguidores en Instagram da responsabilidad?

A mí no me agobia, porque mi crecimiento en las redes ha sido progresivo y me tratan con mucho cariño. Tengo seguidores en países donde mis libros no se han publicado que me mandan mensajes emocionantes tras leer los poemas que cuelgo. No tengo 'haters', aunque he padecido alguna que otra lapidación tuitera.

"Quizá he conectado con los lectores jóvenes porque me han mirado con menos prejuicios que otros de mayor edad que pensaron al verme: ¿una mujer joven me va a contar algo de la vida que yo no sepa?", Elvira Sastre

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¿Usted también?

Un día puse un tuit sobre una agresión homófoba, una política de ultraderecha lo compartió y una avalancha de perfiles extremistas se dedicó a desearme la muerte. Eso te pilla en un día normal y no te afecta, pero justo acababan de ingresar a mi abuela en el hospital, estaba floja de fuerzas y me sentí muy mal. Me entraron ganas de huir y no volver a opinar en público. En las redes sociales pasan cosas que no deberían estar permitidas.

¿Alguna explicación al odio que circula en ellas?

Quien hace ese uso tóxico tiene problemas, no con el que recibe sus insultos, sino con ellos mismos. Hay mucha gente con una ira que no se trata y que vuelca con el primero que encuentra con ideas distintas a las suyas. Debería haber más medidas contra el acoso digital, porque el dolor que causa acaba a veces en forma de suicidio. 

¿Cómo ha conseguido que miles de jóvenes que nunca habían leído un poema se interesen hoy por la poesía?

He conectado con ellos. Quizá porque me miraron con menos prejuicios que otros lectores de mayor edad que pensaron al verme: ¿una mujer joven me va a contar algo de la vida que yo no sepa? 

¿Ha sentido esa condescendencia?

Y la sigo sintiendo. Por joven y, sobre todo, por mujer. El mundo de la literatura, y el de la poesía en particular, es muy machista. A mí se me ha exigido mucho más que a otros compañeros poetas varones y se me ha despreciado por ser mujer. 

En su libro cuenta que el feminismo es uno de los fenómenos que más han impactado en su vida. ¿Cómo ve hoy este movimiento?

Hemos avanzado mucho, pero mientras siga habiendo una mujer asesinada o una desigualdad de salario, o cualquier tipo de agresión hacia las mujeres, no podemos bajar las manos. No demos por hechos nuestros derechos, porque en cualquier momento podemos perder los que hemos conquistado. 

La presentan como una poeta millenial. ¿Cómo ve a los de su generación?

Regular. Crecimos en una burbuja de cristal, nos vendieron que debíamos ir a la universidad para ser alguien en la vida y orientaron nuestros pasos solo hacia el trabajo. Y resulta que hoy estamos todos perdidos, sufriendo ansiedad y depresión, con trabajos precarios y yendo a casa de los padres a llenar el tupper de comida. Nadie nos preparó para gestionar algo así.

¿Se le ocurre qué se puede hacer?

De momento, ofrecer un mejor acceso a los servicios de salud mental. Yo llevo dos años en terapia, pero conozco a mucha gente de mi edad que lo necesita y no puede costeárselo. Algo tan sencillo como esto podría aliviar mucho dolor.

En su libro relata sus últimos 10 años. ¿Se imagina su vida dentro de otros 10?

Nunca he tenido ambiciones ni sueños por cumplir. No sé si seguiré viviendo de la literatura, pero sí sé que continuaré escribiendo y que lo haré rodeada de perros adoptados. Es lo único que tengo claro en mi vida.

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