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Literatura

Isabel Allende: "Mis colegas escritores siempre me desdeñaron"

La autora chilena publica la novela 'Violeta' y, a punto de cumplir 80, dice la verdad sobre su encaje en la generación del 'boom' latinoamericano

Isabel Allende.

Isabel Allende está a punto de cumplir 80 y ha vendido 75 millones de libros. Dos créditos suficientes para decir lo que le da la gana y narrar lo que le viene de gusto. Ahora publica 'Violeta' (Plaza & Janés), una novela embebida de Francisca Llona, su madre, el salvavidas al que se agarró la escritora chilena cuando murió su hija Paula; y se atreve a plantar cara a un pasado que no siempre jugó en su favor. 

¿Cómo era esa madre?

Era bella, inteligente, muy irónica. Pero siempre vivió sometida a un padre y a un marido, y a los 25 años se encontró con tres niños con pañales y abandonada. Supe muy pronto, a los 12 años, que lo más importante era trabajar y no depender de nadie. Años después, en terapia, me di cuenta de que en mis libros no hay padres presentes ni cariñosos. Y que en todas mis relaciones amorosas no consiga entregarme. Siempre guardo mi jardín secreto. Siempre dejo una puerta para escapar.

Pero persevera. Es una recién casada.

Si no te lanzas al riesgo, no puedes tener una vida interesante. A los 77 años apareció Roger [Cukras], un hombre cariñoso y amable que me da estabilidad y protección, y me casé con él. Pero si me falla, no tardo ni un minuto en irme. 

¿Da crédito a esta vejez suya?

Hace como tres años que vengo diciendo que tengo 80 años. Me parece una cifra más bonita que 76, que es un número estúpido. Yo no pienso jubilarme mientras tenga cerebro para poder escribir.

Este año se cumplen 40 de la publicación de 'La casa de los espíritus'. ¿Es la misma?

Cuando empecé a escribir 'La casa de los espíritus' no sabía ni qué estaba haciendo y no tenía expectativa de que se fuera a publicar. Lo que pasó, aquel éxito extraordinario, fue una sorpresa. Me pavimentó el camino para el resto. Pero es ahora cuando digo: "Me siento escritora".

¿Antes tenía inseguridades?

Cada vez que sacaba un libro tenía la sensación de que iba a ser el último. Desde el principio, [la agente literaria] Carmen Balcells me dijo: "Vas a tener que hacer el doble de esfuerzo para obtener la mitad de reconocimiento que cualquier hombre que escribe la mitad de bien que tú". Y tenía razón.

La agente Carmen Balcells, con los autores Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso y el guionista Ricardo Muñoz Suay.

¿Se lo pusieron difícil?

Mis colegas escritores siempre me desdeñaron. Hablaron mal de mí. Y hubo críticos, sobre todo en Chile, que fueron muy duros. Era una "sentimental" por hablar de amor. A García Márquez nadie lo acusó de "sentimental". ¡Si 'El amor en los tiempos del cólera' lo llega a escribir una mujer, la matan! Y como eso tantas y tantas cosas.

¿Momento de ajustar cuentas?

¡No! Tengo una memoria selectiva que va eliminando lo malo. Me lo enseñó mi padrastro, el tío Ramón, que siempre decía que no podía haber tenido una vida más feliz.

¿Y usted la ha tenido, feliz?

Cuando era joven pensé que iba a tener un matrimonio para toda la vida y una familia grande que se juntaría los domingos. ¡Nada de eso pasó! Pero cuando echo la vista atrás veo que he tenido una vida interesante. Yo prefiero una vida interesante a una vida feliz.

Isabel Allende y su hija, Paula, fallecida en 1992.

¿Siempre se sobrepuso al infortunio?

Cuando murió mi hija Paula, el 6 de diciembre de 1992, me vacié en un libro y creí que ya no tenía más que hacer. Caí en la depresión. Todo iba mal. Pero mi actual marido dice que soy como los corchos: me hunden y salgo a flote. ¡Por Dios que ayuda tener muy buena salud! Me levanto todas las mañanas a las cinco y media llena de fuerza.

Es parte de su magnetismo. Dicen que fue amante de Astor Piazzolla.

Se ha especulado con eso, pero a Piazzolla no lo vi en mi vida. El músico con el que me relacioné no tocaba el bandoneón sino la guitarra y el piano.

Sigue callando su nombre.

Los únicos secretos que guardo son los que atañen a otras personas. Por lo demás, creo que uno se expone cuando guarda secretos. A mí nadie me puede hacer chantaje.

¿Qué ya no acepta a estas alturas?

No quiero viajar, no quiero ir nunca más a una fiesta, ni a una firma de libros, ni hablar en público. Necesito silencio y tiempo para irme hacia dentro.

El mundo sí le interesa.

Me gusta esta generación joven que se ha formado en un mundo más igualitario, menos clasista y más preocupado por el planeta que va adquiriendo poder, como Gabriel Boric en Chile. Me da esperanza en un momento en que hay fuerzas que tiran fuerte al autoritarismo.

Lo ve, le sale la pulsión política.

La canalizo a través de mi fundación, creando conciencia de que existe una guerra contra las mujeres. No me queda mucho tiempo. Pero no tengo nada que perder.

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