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De cero a 2 millones

‘Cayó la noche’ encabeza las listas de éxitos, pero, ¿quién está detrás de ella?

El IMA

Hay conexiones imprevisibles. No podrían haber sido de otra forma, ni antes ni después, sino que es el universo quien se alinea para que coincidan los algoritmos de Instagram. Eso es lo que ha ocurrido entre los siete artistas del tema Cayó la noche. Los orígenes socioculturales de los miembros del grupo son diversos, pero tienen un componente común: rezuman humildad y respeto hacia el otro. Este ingrediente ha sido imprescindible para que conecten desde un primer momento gracias a la admiración mutua que se profesan. Quevedo, Juseph y La Pantera pertenecen a la generación de principios de los 2000. El trío vivió la crisis del 2008 sin apenas percatarse de ello y ya, al entrar al instituto, tenían un móvil en sus manos. Esta simbiosis repercutió en que la evolución constante de los medios digitales no les fuera ajena, sino un apoyo indispensable para su crecimiento.

Juseph

El apretón de manos y los abrazos son correspondidos por Cruz Cafuné, el Bejo, Abhir Hathi y El IMA. Ellos han servido de puente para los nuevos músicos al despuntar en el Archipiélago en una década difícil en la que las oportunidades se barajaban con el paro nacional y juvenil que crecía y devoraba a la población. Sin subvenciones públicas específicas para este colectivo, la suerte del trabajo duro da un respaldo con los miles de seguidos en Spotify o YouTube. Quién sabe, tal vez sean invitados al sofá del programa de Movistar+ La Resistencia después del pase de Maikel Delacalle y algunos de ellos por separado.

Abhir Hathi

El léxico y la cultura isleña impregnan sus creaciones, como la finca de plataneras con las que anuncia Bejo la vuelta de Locoplaya con Vacaciones Pagadas.

Quevedo

Cruz Cafuné y Aitor El Ima eran vecinos del pueblo de Tacoronte. Viejos conocidos que coinciden en el plató de un videoclip y se dejan llevar por la aventura de ser pioneros en la escena canaria. Canta junto a su padre, no reniega de los orígenes y va buscando su propia voz con la modestia de quien acumula millones en Dice y Contigo Me Voy. «Siempre he intentado que mi música se mantenga limpia para que cualquier tipo de público se sientan bien escuchándola». Hay una sonrisa pegada a su voz, pronto volverá a publicar.

Bejo

De Kevin Zapata dicen sus colegas que tiene actitud para el famoseo, sabe moverse en los videoclips y tiene ese flow innato. En paralelo a las clases del ciclo superior en higiene bucodental, ha publicado No me olvido, La nena y SAD, mientras asimila lo que ocurrido. Nacido en Colombia, residió en Cádiz y, por fin, llegó a la capital grancanaria, donde parece que ha encontrado su lugar. «Si quieres hacer algo, ponte, no pienses en los resultados, solo en la que gente disfrute de tu música», resume. Febrero es el mes clave para el trap lento, tira para marzo con Quevedo y se verá.

Cruz Cafuné

Hathi crece en Gran Canaria y está deseando publicar tras el proceso creativo que supuso su primer álbum Lazos y nudos. Apenas siente presión, es más, la está deseando, y parece pensar cada palabra que dice antes de dar un paso en falso en esta entrevista. Esa precaución va a la par que su actitud más analítica, «antes que creador, soy fan, y he aprendido a observar los circuitos musicales; lo siguiente podría ser un remix de chicos y chicas, o solo con las chicas, pasará en breve», comenta, llegará la noche de bailarlos.

La Pantera

La voz inaudita de Pedro Quevedo nació en Madrid y, después de residir en Brasil, recaló en Las Palmas de Gran Canaria. Las notas en el colegio eran buenas, pero, de repente, la música le salió al paso. Ahora y Siempre, Piel de Cordero es parte del repertorio a consecuencia de la cuarentena, un punto de inflexión en el que el camino se bifurcaba : «Antes de seguir haciendo nada, voy a intentarlo, es lo que amo, aunque no me dé ni un euro». Planea por la capital, se viene nuevo EP, disco, experimentando y absorbiendo la vida.

Borja Jiménez contesta al teléfono. Sus gafas están en el imaginario colectivo de cualquier adolescente canario que olfateara qué había de nuevo en la escena musical, desde el disco Hipi Hapa Vacilanduki a Tripi Hapa. «Todo esto ha sido muy bonito», dice, «se nota que pasan los años, uno no se da cuenta porque siempre estás dale que te pego». Podría definirse como el típico culoinquieto. No para entre los bocetos de dibujo con halo surrealista a Óscar Domínguez o el diseño de su marca de ropa. Así acumula suficientes anécdotas para convertirse en el «abuelo batalla» y recordar que lo corearon y lo invitaron a comer cuando fue de gira por Argentina.

Tacoronte lo vio nacer, pero ya es patrimonio de las Islas. Con 20 años, Carlos Bruña ni pensaba en su carrera, a los 24 estaba viajando para concretar qué pasaría en reuniones interminables por Madrid y ya tiene publicados los discos Maracucho Bueno Muere Chiquito y Moonlight 922. Su madre le escribe cuando se entera, por casualidad, que tiene un éxito, aunque al día siguiente vayan a comer juntos. La experiencia le da autoridad para hablar de «la ansiedad y el estrés» de las expectativas y los planes truncados, como la pandemia. Con soltura vuelve a plantear que, al futuro, «hay que vacilárselo». Su lema: 922 / 928, y a rodar.

Sergio Castellano comenzó a rapear por el fallecimiento de un ser querido. La pérdida se convirtió en los versos que crecían en su garganta y salían a borbotones. Este pasatiempo era la excusa para quedar con sus amistades en la plaza de El Calero, en Telde. Encerrado por la pandemia, para seguir compartiendo y, por qué no, sacar pecho de sus letras, subió las rimas a IGTV. Aquello empezó a crecer como la espuma y, de un día para otro, se quedó en el aire sin manager. A su encuentro vino Ricky Santana y ya se cuidan como un equipo consolidado. Tiene publicado Cógelo Suave, Matar o Morir, Condená, entre otras. El propósito de año nuevo es sacarse el carnet de coche y, luego, «todo el dinero que tengo es para invertirlo en música». «Este es mi camino, y Canarias se está haciendo un hueco fuerte», a por todas.

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