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‘Fantasmas’, la comedia que arrasa en Reino Unido

Pese a que las tres primeras temporadas ya pueden verse al completo, es difícil dar con admiradores de este bendito delirio

Charlotte Ritchie y Kiell Smith-Bynoe, los protagonistas de ‘Fantasmas’, con parte del elenco. E. D.

Acaba de estrenarse en Movistar+ el nuevo especial navideño de una serie de gran éxito en ese país, pero poco conocida por estos lares. Sirvan estas líneas como defensa y reivindicación de una producción que funciona como tratamiento de risoterapia. 

La comedia terrorífica Fantasmas fue un éxito para BBC One desde su estreno, en abril de 2019, y su popularidad solo ha ido en aumento en lugar de disminuir: más de cinco millones de espectadores vieron los episodios de su tercera temporada, estrenada el pasado agosto; una cuarta ya empieza a producirse en enero. Como entremés, acaba de aterrizar (también a nuestro país, en Movistar+) su segundo especial de Navidad.

Misteriosamente, no fue hasta el pasado febrero que pudimos conocer en España a la tropa espectral del título. Y aunque las tres primeras temporadas ya pueden verse al completo, es difícil dar con admiradores vocales de este bendito delirio de serie. Sirvan estas líneas como reivindicación y defensa de Fantasmas como risoterapia efectiva.

Los susodichos, uno a uno

Los espectros del título son los que embrujan Button House, mansión recibida en herencia por el joven matrimonio formado por Alison (Charlotte Ritchie, el amor de Mae en Feel good) y Mike Cooper (Kiell Smith-Bynoe, compañero de oficina de Stath en Stath lets flats), quienes, ingenuamente, creen posible reformar este sindiós y convertirlo en hotel de lujo.

Cada fantasma lleva despilfarrando ahí la eternidad desde un punto distinto en el tiempo. Si vamos del más viejo al más joven, debemos empezar por el cavernícola Robin (Laurence Rickard), no solo el más anciano, sino también uno de los más sabios del grupo (el mismo actor hace de sir Humphrey Bone, noble de la época Tudor cuyos cabeza y cuerpo van por separado: se explica el porqué).

Kitty (Lolly Adefope) era (o, bueno, sigue siendo) una ingenua noble de la época georgiana. Thomas Thorne (Matthew Baynton) es un poeta romántico de escaso éxito que se enamora de Alison a primera vista y, para poder tenerla más cerca, la tira por una ventana bien alta.

Este supuesto accidente desencadena el principal mecanismo cómico de la serie: tras estar clínicamente muerta y pasar tres semanas en coma inducido, Alison puede ver a los muertos e interactuar con ellos, al contrario que su desconcertado marido. Los contrastes visuales rápidos y constantes entre lo que Alison puede ver, pero el resto de nosotros no podría, resultan siempre hilarantes.

Alison puede ver a Robin, Humphrey y Kitty, y sufrir el acoso de Thorne, pero hay todavía más motivos para el insomnio. Como la antigua dueña lady Fanny Button (Martha Howe-Douglas), que cada madrugada, a las tres en punto, reviviendo su propia muerte, cae por una ventana dando un alarido: el trauma por estrés traumático convertido en alarma a destiempo.

O el líder scout Pat Butcher (Jim Howick, mucho mejor aquí que como director de la Swing Band en la conocida serie Sex education), con el cuello atravesado aún por la flecha que lo mató accidentalmente. Y el diputado tory Julian Fawcett (Simon Farnaby), caído de un infarto en pleno acto sexual escandaloso, de ahí que se pasee por la eternidad sin pantalones. También hay un capitán del Ejército (Ben Willbond) obsesionado con la guerra y (secretamente) con los hombres, y una mujer, Mary (Katy Mix), quemada en la hoguera por bruja, por eso se pasa el día humeando.

Pero es que, además, hay que sumar a un puñado de víctimas de la peste negra (también interpretadas por el reparto ya citado) que fueron enterradas en una fosa común debajo de la casa y se han quedado a vivir en el sótano, decididas a saberlo todo sobre el sistema de calefacción de la mansión.

Para adultos... y niños

Se supone que Fantasmas es la primera serie para adultos del equipo detrás de Horrible histories y Yonderland, comedias para todos los públicos sobre, respectivamente, anécdotas históricas algo exageradas y una tierra mágica de elfos sin dos dedos de frente. Pero deben hacerse dos matizaciones: la serie solo es apta para adultos que no tengan problema en reír como niños, con tolerancia para un humor absurdo a veces de lo más ingenuo; y tampoco hay demasiado problema en que la vean los niños, igual que muchos vimos de niños La víbora negra (L’escurçó negre), una de las siniestras pero divertidas referencias para esta producción. Según explicó Matthew Baynton en Broadcast, una «referencia útil a nivel de tono» fue Bitelchús (de hecho, se ve claramente), y seguramente The Rocky horror picture show también se coló subrepticiamente en el cóctel.

Aunque la serie llegó hace un tiempo a Estados Unidos, casi un año antes (mayo de 2020) que a España, el remake no se ha hecho esperar: Ghosts se estrenó en octubre en CBS con buena acogida tanto por parte de la crítica como del público. Pero ¿para qué quedarse con la imitación prematura cuando existe un original ideal? Hay que abrir (sin miedo) las puertas de Button House y dejarse enervar (a gusto) por estos espectros de merecido culto.

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