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Junji Ito, la esencia del terror asiático

Con un centenar de obras a sus espaldas, el talento del genio del terror se puede resumir en doce títulos imprescindibles para los amantes del miedo en estado puro

Una viñeta de ‘Paradoja negra’, en el que una de las protagonistas, Marceau, es retenida por el doctor Suga en contra de su voluntad. E. D.

Con un centenar de obras a sus espaldas, el talento del genio del terror se puede resumir en doce títulos imprescindibles para los amantes del miedo en estado puro


Probablemente ningún artista haya podido plasmar de forma tan sutil lo frágil y oscura que es la naturaleza humana como el japonés Junji Ito, autor de las obras más bellas y, a su vez, perturbadoras, de la historia del arte. Y sí, digo historia del arte porque no me circunscribo únicamente al cómic, sino que aquí también incluyo a pintores que crearon imágenes tan pesadillescas como Goya, Caravaggio o Pollock. La capacidad del genio japonés para captar las inseguridades y los vicios humanos de una forma pocas veces tan acertada tienen siempre como fondo situaciones extremas de un terror cósmico o fantasmal insoportables en el que jóvenes vuelven a la vida tras morir sucesivamente, espíritus comparten sus amarguras con los vivos con total naturalidad o suicidas frustrados despiertan portando piedras preciosas de otro mundo.

Existen paralelismos entre el cine y el cómic de terror asiáticos. Porque si comparamos la obra de los cuatro genios de las viñetas -Shuehiro Mauro, Hideshi Hino, Umezz Kauro, Masaaki Nakayama y Junji Ito- con la producción del cuarteto de oro del celuloide -Hideo Nakata, Takashi Shimizu, Kiyoshi Kurosawa y Oxide Pang Chu- vemos curiosas coincidencias ya que en ambos casos se repite la figura de la niña siniestra de larga cabellera que sólo deja ver parcialmente un ojo demoniaco, las casas que albergan el mal tras morir de forma violenta sus anteriores inquilinos, o restos del cuerpo de un fallecido que obliga al sujeto al que fueron donados a actuar con los mismos impulsos siniestros del finado. Pero centrándonos en la inmensa producción de Junji Ito, que es al cómic de terror lo que Stephen King sería al de la novela, hay que establecer varios apartados y resumir su obra en 12 títulos dentro de una ingente producción que llega al centenar.

Su mejor obra es ‘Remina, estrella del infierno’ donde construye un pánico cósmico insólito

En primer lugar, estarían sus tres grandes obras maestras: Remina, estrella del infierno; Tomie y Negra paradoja. La primera sería, sin duda, su trabajo más impresionante. La obra trata del descubrimiento de un planeta desconocido que se ha colado en el sistema solar y que se va acercando inquietantemente a la Tierra, tras ir absorbiendo a todos los astros que pilla a su paso, y provocando el terror en un Tokio sumido en el caos. Antes de todo esto al planeta lo bautizan Remina por la hija del científico que la descubre y la chica se hace inmediatamente famosa y atrae la atención de los medios que la convierten en una celebridad. Poco después, cuando dicho planeta se convierte en una amenaza, la echan la culpa a ella de lo sucedido y las multitudes hacen todo lo posible por acabar con su vida.

Aquí están las páginas más oscuras y desconcertantes del autor nipón ya que en un momento de la trama el planeta cobra vida propia y juega con la gravedad de la Tierra a su antojo como un niño con una peonza. La forma en la que las multitudes sucumben al histerismo generalizado recuerda un poco las escenas corales de El Bosco sobre el Juicio Final en uno de los títulos más asombrosamente originales y desconcertantes realizados en este género y con un final tan impredecible como maestro. La segunda obra más importante, y la más famosa de Ito es Tomie. Aquí trata sobre una chica que, tras morir en una excursión de instituto debido a la negligencia de los profesores y las bromas pesadas de los matones de turno, sus compañeros esconden el cuerpo para no hacer frente a la tragedia.

Pero ella regresa a la vida para, con su irradiante belleza, vengarse de todos aquellos que urdieron el engaño. La obra transmite en el lector una sensación entre hipnótica y de ensoñación ante las continuas muertes y regresos a la vida de la protagonista que la van fortaleciendo aún más. Curiosamente Tomie es uno de los primeros trabajos de Ito y su trazo, al principio, no resulta tan sobresaliente como en sus obras posteriores, pero en su conjunto es otra obra maestra del cómic de terror imprescindible.

Viñeta de ‘Uzumaki’.. | | E.D.

La tercera obra más destacada del autor nipón sería Negra paradoja que parte de un grupo de adolescentes que deciden suicidarse infructuosamente. Cuando despiertan del coma todos ellos desarrollan un eccema a través del cual tienen la capacidad de traer del otro mundo unas especie de perlas que adquieren inmediatamente un valor indescriptible. La obra tiene toda la esencia de Ito con sus viñetas tremendistas y espectrales en un argumento que expone el terror sobrenatural más extremo y donde incluso los cuatro protagonistas, atrapados por un círculo vicioso de muerte, fama, poder y riqueza, tienen arranques de tierno sentimentalismo.

Remina huye de la multitud en’Remina, estrella del infierno’. | | E.D.

En un segundo bloque de las obras de Ito estarían otras tres también igual de imprescindibles pero que han alcanzado una mayor fama superior y la crítica las ha ensalzado continuamente. Serían Gyo, Uzumaki y Las caprichosas maldiciones de Sôichi. En la primera la acción se inicia cuando unos peces con patas invaden Okinawa, Aquí Ito juega más con la incertidumbre y concentra todo su interés en la concepción de un mundo particular, una situación estresante, y de buscar la creación de una atmósfera agobiante y desconcertante sobre estos seres que corretean por la tierra.

Viñeta de ‘Frankenstein’. | | E.D.

La segunda obra más famosa del creador japonés, tras Tomie, quizás sea Uzumaki. Se trata de un pueblo infectado con espirales por una especie de maleficio que poco a poco comienza a masificarse no solo afectando a individuos sino al pueblo mismo y manifestándose en grotescos eventos como la transformación de personas en híbridos de caracol, las embarazadas comiencen adoptar hábitos de reproducción de los mosquitos​ e incluso sus hijos sean capaces de regenerar sus cordones umbilicales y placentas para volver al útero de sus madres. Por otra parte, Las caprichosas maldiciones de Sôichi, incluye una colección de relatos cortos que tienen como figura central a este niño de aspecto siniestro, que continuamente anda masticando clavos y que mantiene una continua relación con el vudú y las maldiciones que utiliza para martirizar a sus familiares en una obra con un resultado más cercano al humor negro.

‘Glicéridos’, uno de los relatos cortos de Ito. | | E.D.

En un tercer bloque estarían las obras que agrupan sus relatos cortos en los que el dibujante nacido en la Prefectura de Gifu muestra su talento de una manera arrolladora y convincente. Tres de los ejemplos más destacados son Relatos terroríficos (de 20 volúmenes), Fragmentos del mal y Voces en la oscuridad. Son todas obras maestras del terror donde se encuentran algunas de sus mejores historias con títulos imprescindibles de Ito como Las aventuras de los hermanos Ikizuri en una línea parecida a la de Soichi, con una familia friki pero de intenciones más que siniestras; Una separación lenta, donde aparece por primera vez el tema de la postimagen de personas fallecidas que tanto se repetirá en sus historias; Magami Nanakuze sobre las manías, el ansia enfermiza del coleccionismo y sus fatales consecuencias, o Glicéridos donde una familia comparte el piso con un asador que regenta el padre y en el que la sensación de agobio, asco y opresión, por la grasa acumulada por todos lados, llega a convertirse en algo realmente insoportable.

‘Remina, estrella del iniferno’. | | E.D.

Y ya en un cuarto bloque y último se situarían otras obras claves, pero en las que el guión ha sido creado por otro autor. Y aquí hay que poner en u n lugar destacado la sutil y original aproximación que hace al Frankenstein de Mary Shelley. Porque a diferencia de todas las adaptaciones del famoso monstruo que se han hecho, Ito se centra en el encuentro que, al final del libro, se produce entre la bestia y su creador. Durante el viaje por el Ártico, el doctor Víctor Frankenstein le relata a uno de los marineros en qué derivó su ambición por imitar a dios creando un ser humano por él mismo. Con una capacidad insólita por reflejar la Inglaterra victoriana en todos sus aspectos, Ito baña el relato con momentos de humanidad de los que carecen todas las versiones conocidas hasta el momentos.

’Tomie’. | | E.D.

En Rasputín, el patriota, Ito se acompaña del gran Takashi Nagasaki, autor de maravillas como Master Keaton o Billy bat para adaptar la obra autobiográfica de Satô Masaru de forma más académica trazando un paralelismo entre el monje loco y Yûki Mamoru, su álter ego, un influyente analista del Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón. Y, finalmente, Indigno de ser humano adapta la novela homónima de Osamu Dazai, donde se narra la vida de un joven alienado socialmente, y también álter ego del escritor, en un aterrador descenso a los abismos de la naturaleza humana. Uno de los trabajos más interesantes realizados por Ito en una obra compleja de gran carga dramática que desconcierta, como siempre, al lector.

‘Paradoja negra’. | | E.D.

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