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Poesía

Luis García Montero, tarde de versos y emociones a flor de piel en Asturias

El poeta, que asistió en Oviedo a la presentación del premio 'Ángel González', evoca que en Verines conoció a Almudena Grandes en 1992

Luis García Montero y Félix Martín Gijón, con el libro ganador.

Tarde de emociones. Tarde de versos y recuerdos. Tarde de palabras encendidas y espejos elocuentes al cobijo de la Cátedra Ángel González en la Universidad de Oviedo con un doble motivo de celebración: presentar 'La intimidad de los espejos. Lecturas de La otra sentimentalidad', obra de Félix Martín Gijón, ganadora de la pasada edición del Premio Internacional de Investigación Literaria 'Ángel González', y dar a conocer el nombre del ganador de este año: Francisco Javier Ayala, con 'Tu canción entre sus canciones. José Agustín Goytisolo y la música'.

Un acto literario que trajo a AsturiasLuis García Montero, poeta y director del Instituto Cervantes, para arropar el bautizo de un libro –presentado por Francisco Díaz de Castro– en el que está presente como el joven poeta granadino que fue. A esos tiempos volvió el poeta en su intervención, pero antes de entrar al Aula Magna caldeó la gélida noche con un emocionado recuerdo a su esposa recientemente fallecida, Almudena Grandes. Lo hizo tras evocar sus muchas visitas a Oviedo (“Una ciudad con un espíritu muy parecido al de la mía, Granada”) y su relación intensa con Ángel González, recuperando del álbum de sus días felices aquel primer encuentro con la que luego sería su esposa: se conocieron en 1992 en los Encuentros Literarios de Verines (Pendueles) y “cuando volvimos en 1994 ya éramos pareja. Siempre que veo a Víctor García de la Concha (creador de los Encuentros) le recuerdo lo mucho que le debo a aquellos actos literarios. Fueron momentos felices”.

Como lo fueron los vividos por Félix Martín Gijón, aún fascinado por la imagen nocturna de la Catedral de Oviedo sacando la cabeza entre la niebla. Evocó al joven autor que se atrevió con una tesis compleja en la que rendía homenaje a esos autores que “se convierten en amigos” de tanto leerlos, y cuya luz “nos acompaña como parte de nuestra sombra”.

Le atraía “la problemática de la tradición, lo que los escritores han dicho de otros”. Y profundizar en la presencia de Machado o Alberti en los poetas granadinos y rendir homenaje a la lectura. Ganó la edición número 6 del premio, precisamente el dorsal que llevaba cuando jugaba al fútbol, así que entre la Catedral de niebla y tener de padrino ayer a García Montero era normal que fuera feliz –con su novia, Nuria, presente– en uno de esos escasos “lugares propicios para el amor” como es la Cátedra Ángel González.

Amor por la literatura que comparte con García Montero, enérgico, entusiasta y emocionado en un discurso donde recordó sus lazos de amistad con poetas asturianos de ayer, de hoy, de mañana. “La poesía”, dijo, “me ha enseñado qué digo cuando digo ‘soy yo’ ”. Añadió: “La literatura es radicalmente histórica porque está escrita por personas de su tiempo. La palabra se carga de historia”. Y terminó con un poema de Javier Egea que describe muy bien lo que es la poesía: “Pequeño pueblo en armas contra la soledad”.

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