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«Alguien tiene que cantarle las cuarenta a Bernarda Alba»

«Mi papel no trata de interpretar a un travesti, sino a una mujer con voz de hombre», indica la barítono, en el rol de Poncia

Luis Cansino (i), en el rol de Poncia, en escena junto a Bernarda Alba, la mezzo canaria Nancy Fabiola. E. D.

Este veterano cantante asume el papel de Poncia, el ama de llaves, en la ópera ‘La Casa de Bernarda Alba’ que hoy, jueves, y el sábado se representará en el Auditorio de Tenerife. Se considera un artista versátil y admite que este rol ha supuesto un punto de inflexión en su dilatada carrera.

Un barítono interpretando un rol femenino, la verdad es que llama la atención.

Es cierto que el personaje de Poncia se había concebido originalmente para ser interpretado por una mezzo, como sucede con el de Bernarda Alba. Pero 8 o 9 años después del estreno de la obra, cuando se empezó a fraguar la idea de recuperarla y llevarla al teatro de La Zarzuela, en versión de orquesta reducida, el escenógrafo Daniel Bianco le propuso al maestro Miquel Ortega la posibilidad de que este papel fuera interpretado por un hombre.

¿Acaso en la idea de que alguien tenía que cantarle las cuarenta a Bernarda Alba?

Claro, porque en esencia, el ama de llaves es el único personaje que se atreve a encararse y tratar de tú a tú a Bernarda Alba. Pero, además, vocalmente se requería una voz grave, fuerte, que también se impusiera, y Bianco consideró que ese papel debía interpretarlo yo.

¿Y cómo asume, con su corpachón, eso de meterse en la piel de una mujer?

Ciertamente choca, porque son más habituales los papeles travestidos de mujer que los de hombre. Hay casos, pero son muy contados, y la verdad es que cuando me lo ofrecieron me quedé paralizado, diría que traspuesto. Con todo, no se trata de interpretar a un travesti, sino a una mujer con voz de hombre. No hay más historia. Eso sí, admito que ha marcado un punto de inflexión en mi carrera. y eso que mi trayectoria demuestra que soy un artista versátil. Fuera de España me encargan papeles de barítono más dramático, mientras que aquí, casi siempre me relacionan con un rol más bufo.

Que la batuta la tome el compositor es una garantía, ¿no?

Volver a la escena y hacerlo además con una obra en la que participa como director de la orquesta el propio compositor es sin duda una de las claves. Tenemos la fortuna de que sea el maestro Miquel Ortega quien tome la batuta y creo que esta circunstancia representa un mejor entendimiento de la partitura. Nadie mejor que él. Así ha sido en el Teatro de la Zarzuela y en otros escenarios como el Cervantes de Málaga o el Villamarta de Jerez y, ahora, en el Auditorio de Tenerife, con la salvedad de que aquí se ha recuperado la versión original, la sinfónica, que fue precisamente la que se interpretó en el estreno.

Rescatar textos de la literatura española y llevarlos a la escena operística ¿representa en sí mismo un valor añadido?

Considero que se trata de una propuesta muy interesante. La casa de Bernarda Alba es, quien lo pone en duda, una obra cumbre, una pieza maestra de nuestra literatura, y el hecho de atreverse a convertirla en ópera supone ya de partida asumir unos evidentes riesgos, contando con que el resultado final pudiera no ser el óptimo, pero creo que no es este el caso.

¿Y se respetan la letra y el espíritu de la obra de Lorca?

Cuando Miquel Ortega comenzó a dar forma a este proyecto junto al libretista Julio Ramos, conocido por Bruno Bruch, quien falleció a causa del sida y tristemente no pudo disfrutar el estreno de la obra, el propósito era el de respetar lo más fielmente posible la obra de Lorca. En este sentido, el público va a reconocer la trama original de La casa de Bernarda Alba. Pero también hay que entender que una pieza literaria y una ópera tienen lenguajes y tiempos muy distintos. De hecho, en la lírica se precisa otra dinámica, imprimir agilidad escénica y hasta suprimir personajes que pueden considerarse intrascendentes. Además, a esto se añade la dificultad de convertir en ópera una obra maestra. Eso sí, puedo asegurar que en este caso se ha conseguido y con creces.

Usted reivindica la zarzuela con pasión.

Creo que hay una obligación moral y que debe formar parte del ADN de los artistas de este país, en cuanto a interpretar nuestro género lírico, además de defenderlo y también exportarlo.

Pero se sigue considerando como género chico.

Esa definición ha supuesto un lastre y catalogarlo así ha sido un error. Lo de género chico hace referencia a zarzuelas de un solo acto, pero aún así encierran una calidad incuestionable. Valga como ejemplo que el preludio de La verbena de la Paloma se estudia en las grandes universidades de música del mundo. Pero de repente se popularizó este concepto y hay quien lo ha traducido con el significado de menor.

Usted inició su carrera en el mundo de la zarzuela.

Y con mucho orgullo. He llevado la voz de la zarzuela por escenarios de todo el mundo. Lo defiendo a capa y espada y, además, considero que es un género que merecer ser considerado Patrimonio de la Humanidad.

Como secretario del sindicato de Artistas Líricos Españoles, ¿cómo entona el presente?

Fuimos los primeros en caer y estamos siendo los últimos en terminar de levantarnos. Y quizá debamos asumir que parte de la culpa de que esto sea así es nuestra. Tal vez la pompa y el boato que envuelve al mundo de la lírica hace pensar al común de la gente que somos personas que nadan en la abundancia. Nada más lejos de la realidad. Pagamos facturas, afrontamos mensualmente hipotecas, préstamos y alquileres, y cumplimos con los impuestos, más incluso que el resto de los contribuyentes, y nos vemos sometidos a unas cargas salvajes por parte de la Seguridad Social.

¿Qué secuelas ha dejado el coronavirus en el sector?

No pudimos acogernos a la fórmula de los ERTE. Cuando por causa de la pandemia del coronavirus los teatros se cerraron a cal y canto, los artistas no pudimos realizar nuestro trabajo. Ni siquiera cobramos indemnizaciones. Y lo que pensábamos iba a ser transitorio se convirtió en eterno. Y ahora, poco a poco, cuando la actividad está regresando, en ningún modo se asemeja a lo que existía antes de la pandemia.

¿Hay que revisar el libreto?

Hay que cambiar muchas cosas en el modelo productivo y laboral, como también en cuanto a la protección del artista . No es de recibo que por causa de la pandemia un profesional no reciba ni un solo euro de un contrato ya firmado. Esto no puede volver a suceder.

En el horizonte se dibuja el Estatuto del Artista.

Estamos participando de manera activa en los debates para la redacción de este documento. que ha cobrado impulso con el nuevo ministro de Cultura, Miquel Iceta, que se ha comprometido a que a finales de 2022 ya esté funcionando. Ahora bien, una cosa es promulgar leyes y otra bien distinta articular los reglamentos. Además, todo no se acaba con el Estatuto, en adelante habrá que pelear y reivindicar.

¿En qué clave debe afinarse este nuevo escenario?

Desde una labor de consenso y de mutua comprensión entre artistas, empresarios, agencias de representación y hasta medios de comunicación especializados. Todos vamos a estar afectados por el libreto de la nueva ley.

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