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Entrevista
Luis Morera Compositor, cantante y artista plástico

«Para mí este volcán no es el diablo, es el principio de otras vidas»

Luis Morera Felipe (1946, Santa Cruz de la Palma). E. D.

Confiesa que las estrofas musicales que dedicó a la Caldera de Taburiente es el mejor «legado» que le puede dejar a una tierra que está reinventando su paisaje. Luis Morera (1946, Santa Cruz de La Palma) es consciente de que sus deseos pueden generar malestar, pero el creador lo tiene claro. «Siento el dolor de mi gente, pero este volcán es el futuro»

¿Qué sensaciones tiene al despertar y ver que todo gira alrededor de la erupción?

Es una sensación de destrucción total. Vivimos sobre un suelo volcánico y aunque en nuestras cabezas exista una gran distancia entre lo que somos y lo que está pasando, en la vulcanología ese margen es mucho más pequeño de lo que todos creemos.

¿Intimida tanta destrucción?

Abruma, pero otras islas han sido capaces de reponerse a procesos eruptivos tan graves como este y encima le han sacado partido a los terrenos nuevos reclasificando zonas en las que al principio solo había desolación. Lo que duele cada mañana es observar las caras de los que lo han perdido todo.

De alguna manera, aunque los daños son dolorosos y cuantiosos, en La Palma se está reinventando la naturaleza, ¿no?

El impacto emocional que estoy soportando en estos momentos es doble. Por un lado está el dolor que ya he reconocido y en el otro aparece el paisaje que renace sobre la lava. Los espacios que hoy nos resultan horrorosos por la magnitud de lo que se ha perdido en el futuro van a generar muchísimos beneficios a La Palma. Hoy somos conocidos en todo el mundo por lo que está pasando con el volcán, ayer solo algunos nos tenían en cuenta por la Isla Bonita que cantaba Madonna. A todas esas personas que están hundidas por esta tragedia les diría que el suelo que sus hijos pisan no es tan incierto como queremos creer en estos momentos.

¿El futuro de la Isla Bonita está en manos de las nuevas generaciones?

Da la impresión de que la Isla se ha venido abajo y que está sufriendo un proceso eruptivo en su totalidad. Cuando se inició esto a mí me pilló en Garafía y no estoy mintiendo al decir que lo que pasa allí es como vivir en otro mundo.

¿Este proceso es diferente al que usted vivió cuando reventó el Teneguía en 1971?

Entonces me solía colar de noche por la parte prohibida que estaba del volcán de San Antonio para sentarme en su cresta y disfrutar el mundo telúrico que envuelve una erupción: las profundidades desde las que emerge la lava y esos sonidos de los que hoy también se habla. Tengo el honor de ser embajador de buena voluntad de la Reserva de la Biosfera y ahora más que nunca hay que cuidar esos nuevos terrenos de las malas artes que están cerca de las operaciones especulativas. Hay que pararle los pies a los que ven en estas mutaciones de la naturaleza una interesante oportunidad de negocio.

¿Hay futuro sin tener que recurrir a la especulación?

Cuando pase esto a los niños habrá que sacarlos de clase, que sus profesores los lleven a los lugares por donde han pasado las coladas y explicarles que vivimos donde vivimos... Que no tengan miedo.

¿Tiene miedo a que cuando todo esto pase, dentro de 20, 30 o 40 días todas las promesas que se han hecho caigan en un saco roto?

Si eso ocurre, o está en las cabezas de los que lo han perdido todo, es porque ya ha sucedido antes. El palmero es dueño de su terreno y de su propia vida, pero hay factores que no puede controlar porque están determinados por la naturaleza. Pasó así en Lanzarote, a la que se le conocía como la isla cenicienta, y apareció César Manrique para darle un buen meneo.

¿Hoy más que nunca hace falta un César Manrique para reinterpretar esa nueva isla con la que sueñan los palmeros?

La Palma está preñada de artistas, de creadores que pueden tener un papel tan determinante como el que tuvo César Manrique en Lanzarote, de guerreros/as que ya han demostrado que quieren darle otro futuro a la Isla... Tengo 75 años y he sobrevivido como artista dentro de La Palma, sin quererme ir. Otros como Blahnik salieron para crecer en el mundo. Mi territorio es este y, aunque alguno le puedan llegar a molestar mis palabras, esto es una oportunidad para empezar a crecer. Hace tiempo que Canarias dejó de ser ese cubículo que ponían debajo de las Baleares. Siento el dolor de mi gente, pero en este volcán hay mucho futuro.

¿Ese no es un mensaje demasiado optimista?

Es un mensaje para la esperanza, de ilusión ante lo que hemos vivido las últimas semanas... Para mí el volcán no es el diablo, es el principio de otras vidas. Si las islas no se renuevan estarían muy expuestas a su desaparición por el fenómeno de la degradación. El mundo llora por lo que sucede en La Palma, pero cuando el volcán se apague seremos los palmeros los que tendremos que tirar de un carro del que algunos ya se habrán bajado.

¿Y a ese silencio le seguirá el olvido?

Existen muchas probabilidades de que eso pase, pero nosotros no queremos caer en la mendicidad y con ese silencio al que usted hace referencia nos tocará tomar el control de nuestras vidas para salir adelante. No queda otra que apretar los puños y pensar que esto lo tendremos que sacar los palmeros, concretamente, los niños que hoy ven asustados en sus casas la virulencia de un fuego que se grabará en el corazón de muchas generaciones son el futuro.

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