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Amalgama

El confinamiento climático

El confinamiento climático

Denominamos animales domésticos a aquellos que son domesticables. Lo son por su connatural espíritu de sumisión a quien los domestica, en este caso el humano. Cuando el humano embrida a un caballo hasta extenuarlo, o anilla a una vaca hasta llevarla al matadero, o pone a las ovejas al mando un perro, o amaestra a un can, los lleva al límite sin que estos hagan otra cosa que obedecer, aunque al mirarlos a sus ojos veamos que no están del todo de acuerdo con el fin que se exige de sus cuerpos por parte del que manda. Hemos entrado en lo que se denomina Antropoceno, un momento en la historia de la humanidad en el que el número de humanos es tan sobrecogedor, y alcanzado en tan poco tiempo, que de por sí la maquinaria superior, ontológicamente superior, el humanero, se ha encargado de dotarse de sistemas de vigilancia cada vez más constrictores.

El incidente 11S o la pandemia de la Covid-19, sean cuales sean sus orígenes, han sido triggering events que han llevado a vigilar hasta con cámaras de rayos X a todos los cuerpos viajeros y sus mercancías, y nos está lanzando a un entrenamiento en el confinamiento de orden portentoso. Hasta la fecha, los estados de alarma, excepción y toques de queda, estaban vinculados a las guerras, especialmente a las guerras civiles. Ya no. Las autoridades ad hoc, con independencia de su ideología, van a comenzar a utilizar estos estados excepcionales que suprimen las libertades básicas de humanos demócratas a juicio del administrador de turno.

El reciente ejemplo del volcán de La Palma, que comenzó a provocar gases tóxicos, no se tradujo en una evacuación, o en un cierre perimetral de la zona catastrófica, sino en el confinamiento, una vez más, en sus casas, de 7.000 personas. «Ya el conejo me riscó la perra», se diría en expresión coloquial. Siempre «por su seguridad». Todo hoy día se está robotizando, cuando llamamos a una gran corporación o a una institución, nos graban «por nuestra seguridad», la coletilla que implica que ya se está captando información para vigilancia. Con las grabaciones se puede averiguar incluso el tamaño pulmonar, el estado emocional del hablante, por no mentar una gigantesca biblioteca de voz, para el caso de que todas las grabaciones terminen en una internet centralizada. Esta nueva forma de vigilar y hacer simulaciones globales en las que se entrena a la población en general para que obedezcan en masa y se confinen o desconfinen en masa, produce incluso euforia cuando la libertad vuelve a recuperarse, aunque sea con condiciones, generando una especie de nuevos mendigos de pequeños momentos de libertad.

Un artículo en The Conversation, de Jesús Marcos Gamero Rus, profesor de Retos Medioambientales Globales en la Universidad Carlos III, señala que la Covid-19 ha amenazado a la sociedad, que tras ello vendrá una recesión, y lo peor, que ya está encima de nosotros: «A esas dos olas le sigue una mayor e inabarcable. Un tsunami devastador llamado cambio climático». Hemos, pues, de ponernos ya en modo catástrofe, sin descanso. Tenemos una gran culpa, aunque esté construida sobre una gran mentira. En este sentido ¡La Covid-19 es bienvenida! Como mismo dijeron en 2020 varios filósofos, entre ellos Slavoj Žižek, Bruno Latour o Bernard Stiegler, los cuales tres pusieron en el altar de santificación a la niña histérica Greta Thunberg, ese icono del espectáculo que le da a todo esto un punto distópico hipnótico frente a las masas creyentes, y dice, en efecto, Gamero Rus: «Al fin y al cabo, la incidencia de la covid-19 ha llevado a alterar, aunque solo durante un tiempo limitado, el funcionamiento de nuestra sociedad. Pero no estamos ante un hecho extraordinario. En los próximos años vamos a tener que desarrollar e implementar programas de ingeniería social que deberían ser innovadores, pero también disruptivos, radicales o traumáticos». Y todo encaminado al bien común, sigue Gamero Rus, señalando la misión redentora de «mantener la cohesión social, la equidad y la solidaridad de nuestra sociedad ante la emergencia climática».

Soltemos a Gamero Rus y vamos a la economista Mariana Mazzucato, quien basándose en la pandemia de la Covid-19, propone a los gobiernos la aplicación de «confinamientos climáticos» (climate lockdown). Esta autora ha escrito en setiembre de 2020 Avoiding a climate lockdown. Mazzucato, profesora de Economía del University College London, dice: «A principios de este año, cuando el virus Covid-19 se extendió, los gobiernos introdujeron bloqueos para evitar que una emergencia de salud pública se saliera de control. En un futuro próximo, es posible que el mundo tenga que volver a recurrir a los cierres, esta vez para hacer frente a una emergencia climática». Ahí va eso, y sigue: «la protección del futuro de la civilización requerirá intervenciones dramáticas. Con un bloqueo climático, los gobiernos limitarían el uso de vehículos privados, prohibirían el consumo de carne roja e impondrían medidas extremas de ahorro energético, mientras que las empresas de combustibles fósiles tendrían que dejar de perforar. Para evitar este escenario, debemos revisar nuestras estructuras económicas y hacer un capitalismo diferente».

Mazzucato establece que las crisis sanitaria, económica y climática están interconectadas. Y Mazzucato señala que la triple crisis se aborda eliminando tres obstáculos: anular los caprichos de las empresas, llenar de subvenciones a las asociaciones, y financiar sólo las economías denominadas sostenibles. El plan se está llevando a cabo perfectamente por todos los gobiernos del planeta, excepto los principales imperios asiáticos, pero en el occidente clásico la agenda es indiscutible, lo cual da igual como objetivo político, pero no nos da igual como ciudadanos libres en tanto en cuanto se utilice para provocar confinamientos climáticos, reforzar la vigilancia y tener a cada individuo en un compartimento donde ha perdido la libertad y vive como en una cárcel virtual, dando gracias ovejunamente cada vez que le dejan ir a dar una vuelta al patio. No es por nuestra seguridad que lo hacen, es para saquearnos. El estado legisla contra el individuo, contra la libertad del individuo. Y los individuos en su mayoría están de acuerdo en que ello sea así, lo tienen interiorizado, les nace del inconsciente domesticado, como perros, caballos, vacas u ovejas.

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