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El que mucho ‘abraca’ poco ‘atraca’

El que mucho ‘abraca’ poco ‘atraca’

Esta forma arcaica, propia del español de Canarias, obedece a una versión local del proverbio castellano que con idéntico significado se expresa como: «quien mucho abarca, poco aprieta». Con lo que se viene a advertir que cuando alguien asume varios negocios a un mismo tiempo o se le encomiendan demasiados encargos, corre el riesgo de que no todos pueda desempeñarlos bien.

El verbo «abracar» coincide con el significado de ‘abarcar’. En cuanto a su etimología, hay quienes le atribuyen un origen en la voz abbracchicāre, ‘abrazar’ (del latín vulgar y este de bracchium, variación de brachium,‘brazo’), mientras que para otros autores se trata de una metátesis de la palabra ‘abarcar’. Con independencia de su origen, es lo cierto que el término «abracar» viene recogido en el DRAE como americanismo equivalente a ‘abarcar’, y asimismo el Diccionario de Americanismos lo registra como voz presente en diversos países de América con el significado de estrechar entre los brazos o abrazar a una persona. Como mismo el DBC (ACL) refiere la expresión con valor de ‘ceñir algo con los brazos’. Guerra lo recoge en su Contribución (1965), también como: ‘ceñir, rodear con los brazos a alguien o a alguna cosa’. Todas estas acepciones vienen a coincidir básicamente con el significado en castellano del verbo ‘abarcar’.

Por su parte la voz «atracar» en el español de Canarias tiene el significado de ‘apretar con fuerza’, si bien su empleo se constata solo en el habla de algunas islas. Otra particularidad del dicho isleño frente al castellano es la preferencia por la fórmula subjetiva habitual «el que» («el que quiera lapas […]», «el que busca mal por gusto […]») en lugar de la forma de pronombre relativo «quien», más propia del español estándar. En cuanto al origen de este refrán, como hemos dicho, es muy probablemente una adaptación local de la versión castellana, citada, entre los textos de la literatura clásica española, en La Celestina (1499) [«Contentémonos con lo razonable, no lo perdamos todo por querer más de la razón, que quien mucho abraça (:’abraza’, así aparece en el texto original) poco suele apretar»], si bien parece ser de dominio común a otras lenguas (v.gr.: en portugués, «quem muito abarca pouco abraça»; o en italiano, «chi troppo vuole nulla stringe»).

La metáfora («el que mucho abraca, poco atraca») puede trasladarnos una imagen paradigmática y propia del mundo rural, esta es, cuando, segando la yerba, alguien se excede en coger la «macolla». La «macolla», en el español de las islas, se le dice a la cantidad máxima de yerba que se puede apañar con una sola mano, mientras que con la otra se corta con la hoce (con h aspirada: ‘hoz’). Cuando alguien se excede en el puñado o manojo (en coger la macolla), arriesga a buen seguro de no poder segarla toda de un corte ni recogerla porque no le cabe en la mano y no puede atracarla bien. Entonces se puede decir que «el que mucho abraca, poco atraca». O lo que es lo mismo, como advierte esta otra frase proverbial: «no te eches a la boca más de lo que puedes masticar» que refleja la creencia común que relaciona la localización de ciertos actos, sentimientos y emociones en determinados órganos o funciones fisiológicas. A ello obedece la simbología de las locuciones verbales «echarse a la boca» y «masticar». Funciones ambas relacionadas con la ingestión de alimentos y la trituración previa a «tragar» y «digerir», y que requieren moderar el bocado ingerido para evitar engullir y frustrar el proceso digestivo. La enseñanza fundamental que traslada esta antítesis con valor admonitorio es casi una verdad de Perogrullo: en el mundo de los negocios, cuando por exceso de ambición se acometen varias iniciativas a un tiempo, lo que exige dedicación a cada una de ellas, al final es probable que no todas salgan bien. Y lo mismo se puede decir con respecto a otras responsabilidades laborales o profesionales que exijan simultaneidad en su dedicación, lo que las hace incompatibles. Por lo que no es aconsejable emprender muchas tareas y ocupaciones porque se termina por no desempeñar bien ninguna. Pues es bien sabido que «no se puede estar en misa y repicando» al mismo tiempo.

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