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CANARISMOS

A camello regalado, no se le mira la joroba

A camello regalado, no se le mira la joroba

Esta genuina expresión isleña podría considerarse una versión local del viejo refrán castellano que dice: «a caballo regalado, no le mires el diente», y que, de sólito, se emplea para advertir que cuando se reciben regalos o dádivas es mejor aceptarlos de buen grado, sin poner reparos ni hacer objeciones. Entre otras razones porque resultaría descortés verificar la calidad del presente o advertir defectos o fallos en este. La metáfora a la que recurre el proverbio consta de dos partes diferenciadas: un presupuesto o paradigma que presenta el dicho (un acto de generosidad cual es «regalar un camello») y que sirve de pretexto para transmitir la enseñanza implícita. Supuesto que se enuncia sobre la base de un sustantivo («camello») y un participio del verbo «regalar» («regalado»). Y una parte conclusiva y admonitoria de lo que no se debe hacer en tal situación; esta pivota igualmente sobre un verbo en sentido negativo («no mirar») y un sustantivo («joroba») y que exhorta a «no mirarle la joroba (al camello)». Lo que sería algo así como decir: «no le busques las tres patas al gato» para sancionar un comportamiento quisquilloso.

La metáfora se inspira en una imagen otrora habitual en las islas (Fuerteventura, Lanzarote y las zonas bajas de Gran Canaria y Tenerife, fundamentalmente): el «camello» como animal empleado en las faenas agrícolas. Como es sabido, en las islas se le llama «camello» al artiodáctilo rumiante de una sola giba, al que —en realidad— la zoología identifica como dromedario. El camello fue introducido en Canarias desde el vecino continente en los siglos XV y XVI, desde los inicios de la conquista. [Los primeros cronistas hablan ya de incursiones normandas desde las islas a las costas de la Berbería, donde se llevaban a cabo razias en las que se capturaban esclavos, ganado menor y camellos]. Este animal se adaptó sin dificultades al clima y a la geografía insular, donde encontró un hábitat propicio, hasta integrarse de modo casi natural en el paisaje de algunas islas (Fuerteventura y Lanzarote); llegando incluso a desarrollarse una raza autóctona (el «camello majorero») que era incluso más apreciado que el «camello moro», originario del norte de África. Y dada su extraordinaria resistencia y adaptabilidad, resultó muy útil como animal de tiro en labores del campo, principalmente para arar, trillar, mover norias y molinos o en la sorriba de terrenos para el cultivo. La presencia del camello en las islas desde antiguo viene testimoniada también por numerosas referencias en el folclore, en el léxico o en la misma toponimia (en islas como Fuerteventura, no es infrecuente encontrar topónimos que hacen referencias al camello, v.gr.: Caleta de las Camellas).

El sustrato simbólico de este refrán tiene soporte en dos ideas fundamentales: «el camello» y «la joroba». En el inconsciente colectivo subyace la representación del «camello» como animal de carga que por su fuerza y resistencia es empleado para realizar grandes travesías en zonas desérticas. Lo que en el imaginario rural viene asociado a la idea de resistencia, fuerza, «servitud» y utilidad para el trabajo en el campo. Mientras que la «joroba» o «corcova» nos sugiere: defecto, falta, vicio o carencia (recuérdese aquel otro dicho que asevera: «el camello no se ve su corcova», para significar que las personas casi nunca son conscientes de sus vicios ni reconocen sus propios defectos). Y este contenido subliminal de la imagen del camello como animal resistente y de utilidad en las labores agrícolas conecta con la significación del verbo regalar como dación o prestación gratuita y como acto de mera liberalidad. Y así expresar, en sentido figurado, que cuando alguien nos hace un favor, nos gratifica con cualquier dádiva o nos presta un servicio útil, no conviene hacer observaciones que adviertan de posibles vicios o defectos en lo donado o en la prestación recibida gratuitamente. Porque si no, se corre el riesgo de «ser más malagradecido que el que mira el diente a camello regalado». Que se dice también en Fuerteventura de las personas muy desagradecidas.

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