Aunque su libro Somos fuerza (Grijalbo) surgió de los vídeos online que ofrecía a diario durante el confinamiento, Patricia Ramírez, conocida entre su casi millón de seguidores en redes sociales como Patri psicóloga, ofrece en sus páginas una serie de consejos para afrontar la adversidad y encontrar salida a cualquier tipo de situación de crisis que nos pueda surgir en el transcurso de la vida.

¿Todos somos fuertes, sin excepción?

No todos lo somos en el presente, pero sí podemos desarrollar fortalezas para conseguir llevar una vida más comprometida, serena y digna. Las personas tenemos esa neuroplasticidad que nos permite cambiar y transformarnos en aquello que deseamos.

¿Qué aprendizaje deberíamos sacar de la última crisis colectiva que estamos viviendo, la pandemia?

Cada uno ha de sacar lo que le ha servido; hay quien se ha dado cuenta de que la individualidad no funciona, de la importancia del sentimiento de pertenencia o de que tiene que bajar el ritmo de vida acelerado.

Una de las claves es la aceptación, ¿eso no puede conducir a la resignación o al conformismo?

La aceptación es la situación en la que tú decides dejar de luchar en una batalla que no depende de ti, y la resignación es dejar de luchar cuando todavía quedan cosas que se puedenr hacer. Aunque eso también tiene su dignidad, es decir, hay objetivos a los que puedes sucumbir porque no te apetece hacer el esfuerzo.

Hay quien dice que todo tiene su lado positivo.

No todas las situaciones que vivimos tienen un lado positivo, lo que pueden tener es un aprendizaje si elaboras un plan. La propia experiencia de vivir un hecho traumático no te transforma, hay quien dice que después de vivir esa situación ya sabe lo que es importante en la vida. Pero a los tres meses ya se han olvidado y vuelven a los hábitos nocivos de antes. Se trata de que pongas en tu agenda lo aprendido y adquieras un compromiso para mantenerlo como un hábito en tu vida.

¿Se rebela contra los que predican el optimismo, con los que ven por naturaleza siempre el vaso medio lleno?

Nuestro cerebro está configurado para ver el vaso medio vacío porque es la manera en la que siempre hemos sobrevivido: estando pendientes de las amenazas que nos acechan. Si uno ha crecido en un entorno positivo y tiene unos neurotransmisores que funcionan bien, es más fácil ver esa parte optimista. Yo me rebelo contra el optimismo naif, ese que te dice qué bella es la vida o que si hoy no ves el sol mañana vuelve a amanecer. Esas frases son un engañabobos, muchas de ellas generan frustración y culpa en quien las lee y no es capaz de ver el lado positivo. Parece que estamos obligados a vivir en esta tiranía de la felicidad, que es una emoción más, no hay que sobrevalorarla.

Los profesionales de la salud mental alertan de un incremento de casos de ansiedad, estrés y tristeza como secuelas de la pandemia, ¿cómo debemos afrontar ese plus de trastornos ya existentes antes del Covid-19?

El que estaba ansioso lo está más y quien no lo estaba ha empezado a percibir la ansiedad por primera vez. Da igual el nivel de intensidad en que sufres tu ansiedad, los recursos en psicología son los mismos. Empezaría con cosas muy básicas que tienen que ver con el autocuidado (ejercicio, meditar y dormir, el sueño es fundamental) y poner atención en las cosas que suman porque estamos sobreinformados con temas de la pandemia y solo vemos la gente que se muere, la que se contagia, la que se vacuna. Eso nos tiene todo el día ansiosos. Y si uno quiere profundizar en cómo bajar el nivel de ansiedad, debe aprender a trabajar con sus pensamientos inútiles, darle importancia a aquellos que la tienen y desatender los que no la tienen.

¿Y con los adolescentes?

Yo hablo mucho con mis hijos -dos de 16, una de 19 y una que tine 20-. Ganamos mucho si dedicamos tiempo a la sobremesa, a expresar cómo nos sentimos y a aceptar lo que ellos sienten sin tratar de convencerlos de que son unos afortunados. Funciona escucharles, darles la razón, decirles «entiendo que estés frustrado porque no puedes salir con tus amigos y espero que puedas hacerlo pronto». Los adolescentes saben que nosotros no podemos hacer nada por hacerlos más felices porque son situaciones que no dependen de los padres y el hecho de validar sus emociones a veces es suficiente.

Usted se quedó viuda con una hija de seis días, supongo que el bebé le permitió no romperse en pedazos, ¿qué aconseja a alguien que no tenga a que agarrarse?

Yo encontré el propósito en mi vida en sacar adelante a mi hija. Otras cosas que te pueden ayudar en el caos es pensar que eso va a ser temporal (cierto que la muerte de un familiar no lo es, pero tu estado anímico, sí). Después, cuando haya pasado el tiempo que uno necesite hay que coger papel y lápiz apuntando qué puedes controlar en tu vida: rutinas, hábitos saludables, delegar alguna tarea. Tener control da seguridad.

Ante un panorama laboral desolador para muchos aconsejan que nos reinventemos, ¿es posible hacerlo a cualquier edad?

En cualquier momento tenemos la capacidad de profesionalizar nuestras aficiones. Igual al principio no te genera ingresos, pero lo hará. Tenemos en las redes sociales un escaparate gratuito en el que mostrar nuestras habilidades y creatividad.