¿Cómo está?

Bien... pero, a la vez, cabreado por unas circunstancias en la que confluyen alegría e ira.

¿Es el cabreo del que siempre tuvo claro que esto acabaría así?

Es que yo sabía cómo funcionaba la casa y, por lo tanto, tenía claro que no había ninguna ilegalidad... Yo era un consejero atípico, no de esos que solo acuden a los consejos, sino de los que van casi todos los días al trabajo. De los que hacen mucho pasillo y se meten en los despachos. Eso le sentó mal a algunas personas...

¿Sentaba mal que usted fuera a trabajar?

Conozco bien esa casa... Incluso, mejor que varias personas que ahora están en la SGAE. A mí no me cuadraba que se estuviera hablando de un agujero negro de 300 millones.

Eso hubiera sido mucho más grave que meter la mano en la lata del gofio, ¿no?

Tal y como estaba estructurada la SGAE en aquel momento era difícil llevarse un euro sin darse cuenta... Las anomalías que aprecié, que fueron varias, se las conté a Teddy.

¿Espera muchos mensajes de perdón?

Sí... (silencio). Sí, espero que muchos tengan remordimientos y lleguen a pensar en dar ese perdón, pero no creo que lo hagan. En este país hay poca gente que sabe pedir perdón. Sinceramente, creo que se sentirían mejor reclamando un perdón.

Aprovechando que estamos en Semana Santa, ¿se podría decir que usted sintió algo parecido a una crucifixión pública?

Esa crucifixión no solo era judicial sino popular...

...¿lo dice por los medios de comunicación?

Por la gran mayoría de los medios de comunicación, pero también por la propia SGAE... Ni me ofreció cobertura cuando la cosa se complicó, ni me ha llamado después de que se archivara el caso. Me han ignorado siendo conscientes de que me había metido en este lío solo por defender a los autores y sus derechos de autor. A mi me hicieron daño, pero a Teddy lo descuartizaron.

¿Duele que la SGAE lo dejara vendido?

Hay cosas que me dolieron más, pero esa fastidió mucho... Usted sabe que mi teléfono siempre ha estado abierto, pero cuando empezaron a salir cosas feas muy poca gente se molestó en coger su móvil para decirme: “¿Caco, estás bien?”.

¿En algún momento se vio cerca de la cárcel?

No sé responderle a esa pregunta. Lo que sí le digo es que mi abogado eso lo tenía más claro que yo... Él estaba mucho más preocupado, pero, insisto, me resultaba insólito la posibilidad de acabar en la cárcel cuando no había hecho nada malo.

Hable del primer pensamiento que tuvo al recibir la noticia de que todo había acabado bien.

Pensé en Teddy Bautista... A él le han robado diez años de su vida con una crueldad absoluta. Lo mío si lo compara con lo que sufrió él no fue tan dramático. A Teddy le bloquearon las cuentas, le amargaron su vida y lo pusieron en las portadas de los periódicos como un vulgar chorizo. Me alegré mucho por él. Teddy ha sido un tipo grande, cuando le digo grande le estoy hablando de los más grandes, y los intentos por destruir esa grandeza han sido mezquinos. Hay que ser muy cobarde para cruzar determinadas líneas y luego fingir que aquí no ha pasado nada. ¡Lo han matado en vida!

Habla con admiración de él.

A los grandes hay que cuidarlos, no arrinconarlos hasta convertirlos en sombras de lo que fueron. Cuando Teddy Bautista cogió la SGAE era una mercería de hilos y botones y la acabó convirtiendo en la sexta empresa a nivel mundial en la gestión de los derechos de autores. Conozco bien su vida; lo que tiene y en qué se gasta lo que se ha ganado trabajando de manera honrada... Por no tener no tiene un coche de los malos.

(Caco Senante rompe a llorar)

¿Ha llorado en medio de esta soledad “envenenada”?

En mi memoria (cuenta tras permanecer en callado casi un minuto) he grabado el nombre de las personas que me fallaron y las que estuvieron a mi lado. La reacción inmediata cuando te ocurre una cosa como esta es la venganza y no voy a disfrazar que en este tiempo he tenido unas ganas de venganza terribles y, seguramente, las seguiré teniendo (vuelve el silencio)...

¿Sigue ahí?

(no hay respuesta).

Si quiere lo dejamos...

Espere... Hay una imagen que me machaca mucho porque cuando tus cosas las terminan pagando los tuyos el mundo se te viene encima. Lo voy a contar porque es una manera de sacar un dolor insufrible.

Le escucho.

Un día estaba mi hijo en una cafetería con los amigos y en uno de esos televisores gigantescos había un rótulo que decía: “Caco Senante declara mañana por llevarse 30.000 euros de la SGAE”. Que un chico de 15 años tenga que leer ese comentario delante de sus compañeros es una sensación durísima.

¿Aceptaría mi perdón en el caso de que hubiera sido uno de los periodistas que le maltrataron?

Insisto, tengo claro quiénes han sido los malos en esta historia.

Lo dejamos con un ¡cuídate mi niño!

Gracias.