La directora andaluza Lucía Marín (Linares, 1982) debuta mañana al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife con un concierto que agotó entradas hace más de una semana. Esta joven maestra celebra la posibilidad de ponerse al frente de una formación de “primer nivel” para ejecutar un repertorio “precioso, lleno de belleza y lucimiento de los colores de la orquesta”. La cita tendrá lugar en la Sala Sinfónica del Auditorio de Tenerife a las 19:30 horas.

Es la primera vez que se pone al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife. ¿Qué tal ha encajado con la formación?

Me he sentido muy a gusto. Es una orquesta maravillosa. Estamos trabajando un repertorio que es bellísimo y que incluye a Kodály, Chopin y María Rodrigo. Hemos tenido mucho tiempo para trabajar y está siendo una experiencia fabulosa. El trabajo con la orquesta es la parte esencial. Es el noventa por ciento de todo. Como directora es un auténtico placer tener tantísimo tiempo para trabajar estas obras tan estupendas

¿Cómo ha sido el proceso de selección del repertorio?

Lo escogimos entre la orquesta y yo. Suele ser un trabajo conjunto. En este caso la orquesta propuso el concierto de Chopin. Lo hizo teniendo en cuenta las circunstancias actuales y la plantilla máxima de la que se puede disponer. El resto de las obras fueron una propuesta mía.

Entre las que escogió usted llama la atención la de Rodrigo, considerada la primera compositora española profesional. ¿Está entre sus favoritas?

Para los directores es muy difícil escoger. Todos los momentos de todas las obras son entrañables y bellos. El público va a encontrarse con un concierto precioso y lleno de belleza y lucimiento de los colores de la orquesta. Tengo la oportunidad, como dices, de dirigir Rimas infantiles de María Rodrigo, una compositora española de principios del siglo XX. Durante la Guerra Civil se exilió a Puerto Rico y a Colombia y no volvió nunca a España. En 1930 escribió esta obra dedicada a los niños que contiene numerosas canciones populares. De hecho, un seudónimo de esta pieza es Rimas Infantiles, glosa sobre canciones del corro. No es solamente es música para niños, es música que nos recuerda al niño que llevamos dentro. Hay también una reivindicación social denunciando el estado en el que se encontraban muchísimos niños en esa época. Una de estas piezas se llama Cortejo triste y nos recuerda esa la reivindicación que hace la compositora a través de su música. María Rodrigo marchó al exilio pero no se llevó las Rimas infantiles, de hecho solo se llevó una partitura que se llama Copla intrusa. Así que no pudo revisarla nunca más. Tenemos ahora esta oportunidad gracias a que fue recuperada por el director de orquesta y musicólogo José Luis Temes. Él la ha interpretado en alguna ocasión, pero realmente ha sido muy poco tocada. Así que estamos casi ante un estreno. Personalmente, poder interpretar una obra de Rodrigo con esta orquesta, que es de primer nivel, es una maravilla. Estoy segura de que ella estará dando saltos de alegría por ello. La mayoría de las compositoras, incluso las europeas de finales del siglo XIX y principios del XX, no eran apoyadas. Escribían música pero sabían que no se iba a tocar. Que se toque ahora en un Auditorio tan importante como este es estupendo. Mi parte personal va en el cariño que le estamos poniendo, creo que va a ser toda una sorpresa.

La imagen de una mujer dirigiendo una orquesta aún no es del todo habitual. ¿Por qué es visto aún como una excepción?

Hay que saber y tener en cuenta que las orquestas profesionales son colectivos de élite. Ya de por sí es enormemente difícil tener la oportunidad de dirigir una orquesta profesional, seas hombre o seas mujer. Si a eso le añadimos el hecho de que nuestra competencia no es solo nacional, sino mundial, y que en nuestra profesión la edad está muy bien vista, pues todo se complica. Digamos que tenemos mucha competencia interna. Eso es lo único que sucede. También es cierto que en los colectivos de excelencia son máquinas muy lentas para aceptar los cambios. Es muy difícil que esos cambios empiecen por arriba. Suelen empezar por debajo y hasta casi antes de ayer había orquestas europeas que no aceptaban mujeres. Si tú no tienes a una mujer dentro de tu orquesta, es muy difícil que pueda llegar al cargo de la dirección. Creo que estamos viviendo una revolución que tiene su sedimento hace varias décadas, cuando las mujeres empezaron a entrar en las orquestas. Ahora mismo en muchas son mayoría. Lo natural es que estén en las orquestas, que estén en los puestos de administración, que estén en la programación, en la composición y en la dirección. Es algo que va unido. Es una revolución que se está dando en todos los campos del arte. Lo único que hay que tener es paciencia. Personalmente me esfuerzo a diario por intentar hacer mi trabajo lo mejor que sé que puedo para aprovechar todas las oportunidades que voy teniendo, como esta que tengo delante de mi esta misma semana con la dirección de la Sinfónica de Tenerife.

¿Cómo ha cambiado su agenda como directora tras el confinamiento y con las restricciones por el Covid-19?

La pandemia ha sido una experiencia inolvidable. Creo que a todos nos ha movido por dentro y nos ha hecho crecer. La agenda se paralizó. Hubo numerosos aplazamientos, algunos se han realizado y otros no se han podido retomar y se harán más adelante. Ha habido un paréntesis de reflexión personal y artística para priorizar y ver todas las cosas importantes que hay en la vida. Creo que nos hemos dado cuenta como sociedad de la importancia de las artes y de la música. De ahí que rápidamente todas las instituciones de este país, tanto culturales como musicales, hayan hecho un extraordinario esfuerzo para salir adelante, empezando por sus músicos y sus gestores. A partir de ahí, todos los artistas nos hemos tenido que flexibilizar al máximo. Ha sido un ejercicio de flexibilización porque no solamente nos hemos enfrentado la suspensión de nuestras agendas sino que luego las citas se han ido incorporando con modificaciones de fechas, repertorios, de números de miembros de la orquesta, de distancia y de aforos. Con todo y con eso hemos sabido salir adelante. Yo creo que ese esfuerzo –por qué no decirlo– nos ha venido bien. De todo esto hemos aprendido mucho.

Echando un vistazo a su currículum se observa que buena parte de su formación tuvo lugar en Estados Unidos. ¿Es necesario ese periplo internacional para formarse a este nivel?

Es necesario tener experiencias en plural. El director de orquesta tiene que vivir, se tiene que formar musicalmente al más alto nivel que pueda y siempre es muy bueno conocer músicos y músicas más allá de nuestras fronteras. A los jóvenes directores que me preguntan siempre les aconsejo formarse con un buen maestro para tener unas raíces profundas y luego tener una parabólica de 360 grados para tener una visión general. De manera que, en mi caso, la oportunidad me la dieron en Estados Unidos. En esas universidades donde cursé el máster y el doctorado tuve la posibilidad de dirigir prácticamente a diario, tanto orquestas universitarias como producciones de ópera. Eso me dio el coche de carreras para hacer las prácticas. Mis raíces vienen de mi maestro Enrique García Asensio y a partir de ahí lo que hice fue tener amplitud de miras y el máximo conocimiento del medio artístico posible. Los directores no solo nos nutrimos de música sino de vida, arte, pintura, poesía y teatro.

Al fin y al cabo una orquesta sinfónica representa la máxima expresión de la música...

También es la máxima expresión de la sociedad. No tenemos que olvidar nunca que estamos haciendo música con personas. Es tan importante conocer la música como conocer a las personas con las que la haces. Es una experiencia casi vital aterrizar un domingo en Tenerife Norte y el lunes estar ya aquí con esta orquesta observando cómo se mueve su energía. Mi trabajo es sacarle el máximo rendimiento posible, acoplarnos todos como si fuéramos un gran grupo de amigos que hace música.

Viajar dirigiendo distintas orquestas debe ser toda una aventura. Tiene que respirar con cada una de ellas...

Absolutamente. A parte, en cuanto menos tiempo lo hagas mejor para ti porque mejor conoces a tu orquesta. Y esta semana esta es mi orquesta. La labor del director titular es de otro tipo y en mi caso, como invitada, es como hacer nuevos amigos. Es como llegar de invitada a casa de alguien: te atiende estupendamente y dentro de lo que tú ves en la casa y en las personas que la habitan tienes que sacar lo máximo posible. Encima tratas con su sensibilidad. Cada uno de los miembros de la orquesta han pasado por pruebas de selección purísimas para estar ahí sentados. Son un tesoro y cada uno de ellos cuenta con la excelencia de su instrumento. No solo vengo a aportar mi visión general de las partituras sino que, según lo que voy encontrando, voy moldeando el sonido. No sueno yo, suenan ellos. Mi gesto es el generador de emociones que además unifica.