El pasado mes de octubre, en el Théâtre du Capitol de Toulouse, ya había cantado la Penélope de Fauré en el rol de Ulysse, con elogios de la crítica a su dicción, su dramático compromiso y una magnífica voz. Toda una experiencia en tiempos de Covid, aunque fuera en versión concierto. Este domingo, 20 de diciembre, el tenor tinerfeño Airam Hernández debutaba con su Don Ottavio, personaje de la ópera Don Giovanni de Mozart, en el Real de Madrid. Afirma sentirse “muy agradecido de estar trabajando en una de las pocas instituciones que han permanecido abiertas durante este período tan desafiante”, subrayando así su fuerte compromiso con las artes y los artistas. “El arte es importante, es seguro y el Teatro Real es la baliza brillante que se lo muestra al mundo”, sostiene el cantante. Y no sólo por lo que se refiere a los profesionales, sino también por el público, “porque ante una situación tan complicada, la cultura, en general, representa un canto a la esperanza”.

Este es un Don Giovanni mítico que se ensalza con el emblemático montaje del alemán Claus Guth, creado por la Staatsoper de Berlín para el Festival de Salzburgo de 2008, “y ha llegado además en el mejor momento”, considera el tenor. “Representa los claroscuros de la vida en general, los excesos y esa parte oculta del ser humano”, que a veces se expone abiertamente y otras muchas se esconde, rasgos perceptibles en el perfil de un protagonista agónico, yonqui y sadomasoquista. Airam Hernández afirma que, en estos tiempos de pandemia, ha percibido con claridad cómo han aflorado todo tipo de pasiones, desde las más sublimes a las más perversas. “Está en la dualidad de la naturaleza humana. De una parte, esa capacidad para construir cosas maravillosas y aflorar los mejores sentimientos, y, de otra, ese dejarse llevar por los instintos más primitivos”.

La escena está ocupada por un bosque sombrío en el que habitan la lujuria y la tensión, acaso una metáfora de la conciencia. “Los personajes contribuyen a ese ambiente, apareciendo y desapareciendo desde y hacia la oscuridad”, explica Airam. Una plataforma giratoria, alegoría del subconsciente, contiene diversos elementos que significan algo diferente para cada uno de los personajes.

Este es el debut de Airam Hernández en el Don Giovanni mozartiano, una obra cumbre, y por eso quiso trabajarla a conciencia con dos de sus maestras. Además, cuando este tenor empieza a investigar y estudiar a un personaje reconoce que le gusta leer mucho sobre él y analizar múltiples referencias del rol. Por eso estima que a Don Ottavio “se le ha adjudicado de forma tradicional y además erróneamente un perfil anodino y apocado”, señala. Y por el contrario reivindica su condición de “caballero de la época, el de una persona que siempre está del lado de la verdad y la justicia”. Así, aunque Donna Anna le confiesa que Don Giovanni asesinó a su padre e intentó violarla, en el recitativo previo al aria Dalla sua pace la mia dipende “él dice claramente y con ecuanimidad que va analizar los hechos”. Con todo, este Don Ottavio no está enamorado: su matrimonio es de pura conveniencia. “Se puede plantear incluso la posibilidad de que hasta tenga una vida paralela, si bien él siempre considera fundamental guardar las apariencias”.

Eso sí, Airam Hernández lamenta profundamente que en esta producción se haya eliminado el aria de Il mio tesoro, precisamente porque entiende que este pasaje le da carácter a su personaje. Dice que lo ha llevado de la mejor manera posible y por eso solicitó crear un Don Ottavio que también tuviera su lado oscuro, “lejos de ese pelele que anda siempre detrás de la Donna Anna”. De ahí que le propusiera al director escénico incorporar pequeños detalles, que al final se trasladaron a la puesta en escena, “para crear esa tensión que aparece justo al final de la ópera, en un recitativo donde Claus me pidió que hiciera lo opuesto a la letra del libreto y que lo utilizara de forma irónica”. Es ahí cuando ya hastiado, arroja las ropas de ella, se deshace de su martirio y le imprime al personaje su propia personalidad. Más allá de la satisfacción que le produce subirse a los escenarios está encantado “por la gente”, porque percibe su necesidad “de disfrutar del arte”. A su juicio “se está demostrando que los teatros son de los espacios más seguros que existen”. Y se refiere a la cantidad de PCR que se hacen los artistas regularmente; los controles de acceso a las salas; alfombras desinfectantes: geles hidroalcohólicos por todos lados... “Hasta en los ensayos con orquesta vamos la mascarilla”, explica. A propósito, los componentes del coro en Don Giovanni utilizan unas mascarillas especiales. Sin querer polemizar, Airam entiende la lógica de su uso, “pero hay una parte que considero no debiera ser así. El coro canta a la mitad de su volumen normal” y, en cambio, ha leído críticas hacia estos conjuntos, por ejemplo de zarzuela, cuando no están actuando en condiciones normales.

Un final cortado, sin ‘Il mio tesoro’

Reconoce que le hubiera encantado interpretar el papel completo, porque bajo la dirección musical del maestro Ivor Bolton se corta lo que considera un bello final. En este sentido, precisa que las dos arias de Don Ottavio son piezas que “se suelen enseñar al alumnado de canto en los conservatorios” y además destaca que cada una de ellas tiene sus propias particularidades. Razones historicístas no faltan para tomar esta decisión: en el estreno de Don Giovanni en Praga, Mozart no había compuesto esa segunda aria, que incorporó para su estreno en Viena en un anexo y, dependiendo de la producción, se interpreta o no. El tinerfeño considera que “por el trabajo que vengo realizando he alcanzado una coloratura que funciona perfectamente para este tipo de repertorio mozartiano”. También porque su voz de tenor lírico “le imprime carácter al personaje”, de tal manera que es un rol que le viene perfecto. Y le resulta curioso que muchos especialistas insistan en hablar del Don Ottavio como un tenor ligero, “cuando luego reclaman una soprano dramática o lírica pura para hacer la Donna Anna o una mezzo para la Elvira”. Y se pregunta, ¿cómo lo hacemos entonces para compensar las voces a trío? Puede llegar a entender que si el propósito es darle al papel “un carácter anodino, ese timbre podría funcionar”, pero él renuncia a esa catalogación lanzando un sobreagudo.