Aun no se recoge en los pliegos de ningún concurso público pero debería empezar a recogerse pronto, porque se ha visto con la pandemia, a medida que hemos ido aprendiendo sobre el comportamiento de este virus y recordando que en eso es parecido a otros virus como la gripe estacional, que la ventilación natural y cruzada es fundamental, y eso afecta de lleno a la arquitectura. O sea, la ventilación es la clave. Y la segunda clave para el año nuevo que comienza es la acústica, pero sobre ella hablaremos otro día.

Hay arquitectos que ya lo han tenido en cuenta hace años, y la arquitectura de calidad, además de atender a la altura creativa, a la belleza, ha atendido a la ventilación de manera natural. Por ejemplo, mi casa, diseñada por Menis, la casa MM de Santa Cruz de Tenerife siempre ha tenido ventilación natural y cruzada, con patios interiores pequeños que permiten la ventilación tanto en verano como en invierno sin por eso perder un ápice de calidad de vida. Pero es fácil mencionarlo a él, no es el único, ni el mejor. Su amigo y maestro Frei Otto, Premio Pritzker 2015, lo proyectó de manera magistral en su propia casa, en Alemania, con un clima mucho más duro que el de Canarias. Frei Otto diseñó su segunda residencia con la ayuda de un Rob Krier recién graduado, y esa casa y el atelier que Otto construyó para sí mismo y su familia, en Warmbronn, cerca de Stutgartt, en 1969, aún funciona de maravilla, tanto en verano como en invierno, con ventilación cruzada e inercia térmica, aprovechando la energía del sol en cada ocasión en que éste se deja ver por Alemania. Es un ejemplo a seguir, claramente, en lugares como Canarias, pero también en todo el sur de Europa para combatir así cualquier virus y, de paso, tener unos ambientes más saludables para vivir.

¿De qué manera tienen que cambiar las leyes que afectan a la arquitectura para que todos los edificios tengan una ventilación correcta que permita la vida en ellos sin morirnos de frío en invierno ni asarnos de calor en verano?

No piensen que una ley de arquitectura puede resolver todos los problemas, incluido el problema de la ventilación que estamos mencionando. Ni la ley francesa es perfecta, ni la catalana tampoco, ni nuestro código técnico ni nuestra ley del suelo. Ninguna normativa lo es y la nueva ley tampoco lo va a ser si al mismo tiempo en que se crea no se modifican otras.

No hay ninguna ley perfecta en la que fijarse. Quizás haya que conformarse con que en el nuevo texto legal la transparencia y el equilibrio económico brillen, estando muy presentes.

Termino este artículo refiriéndome al de la semana pasada porque todo tiene que ver con la misma cuestión: con una sola ley no basta. Hoy, sin esperar a mañana, se debería emprender la tarea de modificar la ley de contratos del sector público para, en poco tiempo, tener mejores oportunidades para la arquitectura de calidad. Y no solo esa, también tendrían que cambiar otras leyes como la ley de costas, que ya hemos sufrido mucho —en las Islas especialmente—, el código técnico, y otras muchas más.

Quizá se puedan aprovechar las disposiciones derogatorias de esta nueva ley de arquitectura que se quiere crear, pero se debe abordar con urgencia, ahora que la ley de contratos se quiere modificar por otros aspectos relacionados con la pandemia. Y la ventilación es uno fundamental.

Por supuesto hay muchos otros temas e ideas, como la defensa de la propiedad intelectual o la defensa de la integridad de las obras una vez terminadas; o la defensa del equilibrio económico en los contratos y los cambios en el sistema de modificación de los contratos. Hay miles de asuntos para esta ley nueva que se pueden abordar, pero podemos dejarlo para un debate posterior ya que, tras las intervenciones que vienen ahora, tendremos —espero— una idea más clara de lo que queremos. Ahora tenemos una urgencia: la ventilación. Y la segunda: mejorar la acústica de los lugares que habitamos.

Dulce Xerach Pérez

Abogada y Doctora en Arquitectura.

Investigadora de la Universidad Europea. Grupo AIR LAB