El Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras Periplo 2020, que se desarrolló recientemente en el municipio del Puerto de la Cruz, contó en esta ocasión con una exposición de lujo para cualquier ciudadano y, entre ellos, para los amantes del fotoperiodismo y de aquellos profesionales implicados en contar lo que ocurre en la sociedad a través de sus cámaras. Los organizadores consiguieron que en el Castillo de San Felipe se pueda contemplar, hasta el 14 del presente mes, la muestra fotográfica Migraciones en la frontera sur de Europa

¿Qué imágenes ha seleccionado para su exposición en el marco de la muestra Periplo

Una serie de fotografías sobre movimientos migratorios desde África hacia Canarias, Ceuta, Melilla y el Mediterráneo central. Canarias, especialmente la isla de Fuerteventura, es una parte importante de la muestra.

¿Qué opina de que los fotoperiodistas y redactores cada vez estén más lejos de los migrantes cuando llegan a tierra? ¿Es positivo o negativo a la hora de contar su historia y el vértigo que supone dejar atrás a su familia?

Definitivamente, es un retroceso en el desarrollo de la libertad de información. Dificultar las tareas de información afecta a los profesionales, pero, fundamentalmente, supone privar de información al conjunto de la sociedad. No es lo mismo hablar sólo de cifras que poder escuchar lo que pasó, de forma directa, de boca de las personas que lo han sufrido.

Tras casi 30 años de pateras y cayucos, ¿el trabajo de los reporteros gráficos y periodistas ha servido para concienciar a los canarios y españoles sobre el fenómeno?

No considero las migraciones como un fenómeno. Es una acción ligada al genero humano durante toda su historia, pero en los últimos años hemos visto como han proliferado vallas, muros y restricciones a la movilidad. Más que concienciar, nuestra labor es documentar. Las imágenes son pruebas de lo que pasa y, a partir de ahí, no se puede negar que eso haya ocurrido.

De todos los lugares en que ha hecho fotografías de migrantes que intentan llegar a Europa, ¿existe uno donde haya visto más sufrimiento y dolor respecto a otros?

El dolor es constante por donde quiera que vayamos. Cruzan el desierto, se juegan la vida en el mar, son objeto de abusos a lo largo del viaje; traen dolor y sufrimiento. Migrar es un derecho y facilitar que se pueda hacer no es un acto de caridad. Sin embargo, impedirlo con métodos que hacen que miles de personas mueran cada año es vulnerar ese derecho. Para ver eso no hay que ir muy lejos; también pasa en la puerta de nuestras casas.

Más de 22 años después de fotografiar la primera patera en Fuerteventura, ¿qué cinco imágenes captadas por usted reflejan mejor el fenómeno?

Cada una de las imágenes tomadas es una puerta a una historia, a un lugar querido que debes abandonar con dolor, separarte de tus seres queridos sin saber si algún día los volverás a ver. Eso conlleva que cada historia importa y es imposible sintetizar tantas historias, de tantos años, en apenas cinco fotos.

¿Dónde ha permanecido más tiempo para fotografiar el proceso migratorio?

Viví once años en Fuerteventura, por lo que es una parte muy importante de todo el trabajo.

¿Cuántos episodios de muertes en el mar ha fotografiado con su cámara?

La muerte en el mar de miles de migrantes es una constante. Que tengan que venir en esas condiciones es enviarlos a una travesía de muerte.

En el rescate de una patera, ¿hay tiempo para pensar en la imagen artística o solo para documentar lo que ocurre ante el fotoperiodista?

Creo que el arte está fuera del vocabulario en esta tarea.

¿Qué valores cree que deben tener los profesionales del fotoperiodismo?

Los mismos que tiene cualquier ciudadano para vivir en sociedad. La ética personal marca la labor del profesional.

¿Corren buenos o malos tiempos para la profesión?

Durante la pandemia estamos siendo testigos de un mayor control de la información. En ese sentido, son malas noticias, pero hay que seguir trabajando. No es una buena idea quedarse cruzados de brazos ante eso.